Opinión

  • | 2006/10/27 00:00

    Más que embolatada la Reforma Tributaria

    Si no se sabe qué se persigue con la reforma, mal puede decirse si es grave o no que no se apruebe.

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Más que embolatada parece la Reforma Tributaria. Pero la verdad es que esto no sería tan grave…

Ambas cosas —que no parezca tan grave, y que esté tan enredada— tienen una misma explicación: no se sabe qué se busca con ella.

Un sistema tributario cumple tres funciones o sirve tres propósitos principales:

1. El elemental de proveer recursos económicos para el funcionamiento del Estado.

2. Un segundo de naturaleza puramente económica, para orientarlos hacia los sectores que se quieren desarrollar prioritariamente.

3. Uno social de intervenir en la distribución de la riqueza y del ingreso, casi siempre para que se compensen o corrijan las desigualdades entre los privilegiados y los desfavorecidos. Adicional a esto, la otra determinante de un régimen tributario es su viabilidad administrativa, o sea, la facilidad o complejidad para implementarlo.

Veamos qué pasa con el caso actual
Según el ministro Carrasquilla, la única razón de la reforma es 'simplificar' el sistema. No parecería que disminuir el impuesto de las empresas (y de contera de las altas rentas) implique menos requisitos administrativos, ni que esto se logre con reducir el número de productos de primera necesidad de la canasta familiar exentos del IVA, y mucho menos al montar un mecanismo adicional para devolverlo a los pobres que pagarían por ello (estratos 1 y 2 del Sisben), modalidad más complicada de implementar y controlar que el recaudo.

La definición dada por el gobierno, según la cual la reforma se pretende 'neutral', se refiere a que supuestamente no se hace para aumentar los ingresos del Estado, lo cual excluye el primer tema (algo hay de falaz en esta presentación puesto que simultáneamente se informa que se buscarán mayores recursos mediante un impuesto especial de guerra; pero para el análisis de la que ahora se debate no se supone que aumentará el recaudo).

En cuanto a la función económica, sin haber 'modelo de desarrollo' mal se puede evaluar lo acertado o no de la orientación de los recursos (en forma casuística se privilegian algunos rubros, aunque no se sabe si para promoción de esas actividades o como consecuencia del poder que tienen quienes han decidido dedicarse a ellas; verbigracia en las últimas reformas se beneficia a los hoteleros y los palmicultores donde al lado de los capitales limpios se han concentrado algunos de los recursos de paras y narcos).

Y en cuanto a lo 'social' se puede decir que poco se toma en cuenta esa función (o que para nada existe este propósito bajo este gobierno); por eso, el proyecto tiene la característica de ser 'regresivo', que es como se denomina la tendencia a favorecer a los sectores poderosos a costa de los más vulnerables.

En términos generales, este instrumento debe ser el que permite ordenar la economía y sobre todo las relaciones sociales tal como la comunidad lo aspira; responde y debe coincidir con lo que en Economía Política se llama un 'Modelo de Desarrollo'; debe ser la guía de todos los presupuestos anuales mediante los cuales este se concreta; y sobre todo, lo esencial representa por definición el 'interés general'.

En la medida en que en verdad sea una reforma, los cambios tendrán efectos en los diferentes sectores y obviamente cada uno adelantará los argumentos para defender sus propios intereses. Tanto argumentos como intereses se pueden presumir legítimos, pero lo esencial es que ya son intereses particulares; es decir, que el marco de referencia para definir qué tratamiento se da a cada una de las posiciones de los afectados debe ser que el interés general prevalece sobre el interés particular: el primer criterio para tomar las decisiones es en relación con los propósitos del modelo y del sistema no por la manera que afecte a uno u otro sector.

En resumen, si no se sabe qué se persigue con la reforma, mal puede decirse si es grave o no que no se apruebe; pero si se establece un debate con cada uno de los afectados para ver si le beneficia o no, y si este se adelanta sin tener una razón general y prevalente para justificar la toma de una u otra decisión, habrá discusiones indefinidas e indefinibles alrededor de todos y cada uno de los temas.

Es natural que esto termine en una 'Torre de Babel', donde se malentienden los funcionarios entre sí; donde lo que el uno propone el otro lo modifica; donde el único referente será 'la voluntad del soberano', que, como lo estamos viendo en cada intervención del doctor Uribe en los diferentes foros, solo lo usa para castigar o premiar la actitud ante él de tal o cual gremio o grupo de presión.

Nada más fácil que buscar obstáculos cuando no se quiere llegar a un resultado

En relación con el 'Intercambio humanitario', eso pasa cuando se exigen en forma etérea pruebas de 'buena fe' o se imponen condiciones marginales o innecesarias, como que no haya porte de armas por parte de la guerrilla en la 'zona de encuentro'.

Pero que se busque utilizar la desinformación para sabotear esa posibilidad sí raya en la mala fe… Que el doctor Uribe se haya beneficiado del contraste con el mandatario del 'frívolo cuatrienio' es legítimo porque en verdad pocos desearían volver a esa etapa; pero no así confundir a la gente al equiparar el proceso de paz del Caguán con el trámite de un encuentro para el Intercambio Humanitario en Pradera y Florida.

Una cosa son 42.000 km2 semidespoblados, que por su dimensión y por las condiciones de la población permitían darle el tratamiento de territorio independiente o de conquista, y otra muy diferente un espacio del 1% de esa área, con buena parte bajo altos niveles de ocupación y explotación organizadas, y con una alta densidad de habitantes.

Y una neutralización a plazo indefinido, que contempla ajustes y prórrogas según la evolución de las conversaciones, permite unas actividades muy diferentes a lo que se puede contemplar en un encuentro de 30 ó 45 días, en que ese plazo y no los avances en las conversaciones determina su final.

Pero sobre todo, no se puede confundir un proceso de Paz donde lo que se debe acordar es el cese al fuego, el desarme, la reinserción, las reformas que se pueden negociar y la forma de hacerlo, con otra cosa muy diferente como un Intercambio Humanitario en el que determinar el dónde y el cómo es elemental (hay suficientes experiencias el respecto), y lo único sobre lo cual hay debates es respecto a cuántos y quiénes serían sujetos de este acuerdo.

Mientras en esa ocasión lo que se suponía estar en juego era el rumbo de la guerra o incluso el final de ella, esta vez ni el propósito que se busca, ni el área que se ha contemplado, ni menos el tiempo del que se habla deben o pueden afectar lo que el gobierno llama 'seguridad democrática' (entiéndase por esto lo que se quiera entender).

Suena extraño que se mencione que sería injusto con los habitantes de Pradera y Florida que no quedaran amparados por esa 'seguridad democrática' (entendiéndose por ello lo que se quiera entender), cuando bajo ese 'amparo' y esa política ha habido más de 2 millones de desplazados que no merecieron esa atención.
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