Opinión

  • | 2006/04/27 00:00

    Más barato prevenir que curar

    Las evidencias muestran que las consecuencias físicas del cambio climático son hoy una realidad y Colombia enfrenta múltiples retos por su vulnerabilidad.

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El aumento de las lluvias, el desbordamiento de los ríos y las inundaciones en diferentes lugares del país; la tragedia en la vía a Buenaventura; la sequía del río Amazonas; el deshielo de los glaciares; la fuerza e intensidad creciente de los huracanes; las inundaciones en Europa y las numerosas víctimas y multimillonarios daños económicos que estos fenómenos ocasionan, no son el producto de la ira de los dioses, como se interpretaba en la antigüedad, sino consecuencia de las actividades humanas -emisiones de gases con efecto invernadero, en especial CO2- que vienen causando un acelerado cambio climático sin precedentes en nuestra historia. Un reciente informe del Instituto de Recursos Mundiales sostiene que 2005 fue el año en que los descubrimientos y las investigaciones sobre cambio climático confirmaron los temores de la comunidad científica: las evidencias muestran que las consecuencias físicas del cambio climático son hoy una realidad.

Según la NASA, en 2005 se registró un aumento de temperatura de 0,6°C frente al período 1951-1980, y de 0,8°C en relación con el siglo XX. Para el Panel Intergubernamental de Cambio Climático, en la segunda mitad del siglo XXI se producirá un aumento en la temperatura media mundial que fluctuará entre 1,4° y 5,8°C. Otras investigaciones dan cuenta de cómo el planeta está absorbiendo más energía de la que emite, incrementando las temperaturas atmosférica y oceánica. Igualmente se ha identificado la alteración que se está produciendo en la circulación de las corrientes oceánicas, reguladoras del clima mundial. La sequía extrema que vive la cuenca del Amazonas ha sido asociada al calentamiento del Océano Atlántico.

Los cambios en la frecuencia e intensidad de las lluvias han incrementado las sequías e inundaciones, impactando negativamente la producción de alimentos, el abastecimiento de agua y la viabilidad de los ecosistemas. Regiones enteras han sido afectadas por el cambio climático. Animales y plantas han sido desplazados o han muerto ante su incapacidad de adaptación. Se estima que para el año 2085 en África habrán desaparecido entre el 25% y el 40% de los hábitats y sus especies. La creciente intensidad de las tormentas y huracanes y el incremento de su poder destructor han acarreado costos cercanos a US$1,5 billones en los últimos 25 años. El deshielo de los glaciares de montaña y del Ártico tienen como efecto el aumento del nivel del mar -estimado entre 14 centímetros y 80 centímetros para la segunda mitad de siglo XXI- y el colapso y desprendimiento, sin precedentes en los últimos 10.000 años, de 12.500 km2 de la capa de hielo de la Península Antártica, alteran el hábitat de cientos de especies vulnerables.

Un estudio de la FAO revela que el cambio climático impactará significativamente la seguridad alimentaria, en particular producirá la pérdida del 11% de tierras cultivables en los países en vías de desarrollo y del 65% de su producción de cereales, situación que incrementará la pobreza y fomentará el conflicto social al acelerar la desnutrición y las enfermedades. Colombia, que tan solo produce el 0,2% de las emisiones de CO2 a nivel global -Norteamérica produce el 28%-, paradójicamente enfrenta múltiples retos por su vulnerabilidad ante el cambio climático. Según la Primera Comunicación Nacional sobre Cambio Climático (IDEAM 1991), el 4% de las poblaciones costeras es altamente vulnerable ante el aumento de los niveles del mar y allí el 49% de las áreas de cultivo podrán verse afectadas. El 17% de la superficie de la isla de San Andrés desaparecería, áreas donde se concentra la actividad turística y comercial. Cerca del 50% del territorio nacional, en especial en las regiones andina y caribe, es vulnerable a los cambios en el régimen hídrico, generando desabastecimiento de los acueductos en épocas prolongadas de sequía. El 8% del país podrá sufrir procesos de desertificación, en tanto que el 95% de los nevados y el 75% de los páramos desaparecerán y con ellos cientos de especies de fauna y flora.

La fragilidad de nuestro territorio tiene un impacto directo sobre el desarrollo. Por esto, la anticipación es un imperativo que deberá ser tomado en cuenta en los futuros planes de desarrollo del país. Sale más barato prevenir que curar.
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