Más que una apuesta

| 6/23/2000 12:00:00 AM

Más que una apuesta

El capital de riesgo no es un juego de ruleta. Se trata de invertir en innovación, en empresas que produzcan cambios de fondo y nueva actividad económica.

por Moisés Eilemberg

A primera vista, el venture capital o capital de riesgo consiste en financiar iniciativas nuevas, ambiciosas y, por ende, riesgosas, con la esperanza de que el valor de la inversión se multiplique varias veces en un tiempo relativamente corto. Pero en realidad, el venture capital va mucho más allá de una simple apuesta económica. Las inversiones de este tipo se concentran en sectores de alta innovación y, generalmente, en compañías que tengan el potencial de causar un impacto profundo y positivo en nuestra vida diaria, mediante algún nuevo servicio o producto. Este tipo de empresas, que realmente crean valor para el público en general, son las que al final producen grandes ganancias para sus inversionistas. Me refiero a empresas como Netscape, que logró poner internet en las manos del usuario común y fue comprada por cientos de millones de dólares.

Infortunadamente, en los últimos meses el concepto del venture capital en Latinoamérica había sufrido una considerable degeneración, debido al exceso de capital disponible, a la percepción errónea de la facilidad de volverse millonario con un "negocio de internet" y a unos mercados de capitales plagados de empresas sobrevaloradas. Es realmente increíble cuánta gente (y me refiero a gente con bastantes años de experiencia en empresas serias) tenía planes de fundar una empresa con ambiciones de alcanzar US$100 millones de ventas en 36 meses, sin un concepto claro del valor que iban a generar para sus clientes y sin respuestas muy claras a las preguntas que se hace un inversionista de venture capital al analizar una oportunidad de inversión: "¿Cómo utiliza internet para proveer productos y servicios a clientes que de otra manera no podría alcanzar y para crear mercados que de otra manera no podrían existir?". "¿Qué servicios o productos provee para otras empresas o consumidores que no sean simplemente algo útil, sino que tengan el potencial de convertirse en indispensables?". "¿Qué tan difícil es cambiar el comportamiento de los usuarios para que usen estos productos y servicios?". "¿Qué ventaja competitiva tiene este grupo de personas sobre los otros 20 grupos que pretenden hacer exactamente lo mismo?". Estas preguntas no son nuevas. Lo nuevo es la necesidad de responder de una manera sólida a estas preguntas para conseguir un socio inversionista. La fuerte caída del Nasdaq hace unas semanas es reflejo de un cambio fundamental en la voluntad de los inversionistas para tolerar empresas sin un modelo de negocios, que gastan desmedidamente. Si bien es de esperar que cualquier empresa que crece vertiginosamente debe invertir más de lo que genera durante algún tiempo, las empresas con este perfil que van a sobrevivir este ajuste no son muchas. Las sobrevivientes van a ser las empresas que tengan un equipo gerencial muy sólido y un plan claro para llegar a producir utilidades.



Esperemos que esta vuelta a la realidad sirva para renovar el concepto original del venture capital. Me refiero al concepto de crear grandes empresas basadas en modelos de negocios sostenibles que creen beneficios tangibles para sus clientes, mejoren la calidad de vida de sus empleados y generen nueva actividad económica. Solo así se crean empresas que generan valor tangible para sí mismas, para sus clientes, para sus empleados y finalmente, para sus inversionistas.



* Esta columna no compromete a Chase Capital Partners, firma de capital de riesgo a la que está vinculado el autor.
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