Opinión

  • | 2006/11/10 00:00

    Más alla de la escasez

    La crisis mundial del agua es atribuible a la pobreza, la desigualdad y las relaciones desiguales de poder y no, como opinan algunos expertos, a la escasez absoluta del suministro físico.

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Así se llama el Informe Mundial 2006 sobre Desarrollo Humano del PNUD, dedicado esta vez a la crisis mundial del agua y su relación con el poder y la pobreza. Un tema muy oportuno pues tiene qué ver con uno de los objetivos de desarrollo del milenio: garantizar la sostenibilidad del ambiente, revertir la pérdida de recursos medioambientales y reducir en 2015 a la mitad el porcentaje de personas que carecen de acceso al agua potable y a saneamiento básico.

Las cifras en este campo son aterradoras: más de 1.100 millones de personas —una sexta parte de la población mundial— carecen de agua potable y 2.600 millones no tienen un saneamiento adecuado, situación que a su vez afecta a la población más vulnerable: los niños y las mujeres. Hoy, en pleno siglo XXI, el agua sucia es la segunda causa de muertes infantiles en el mundo: cada año mueren cerca de 1,8 millones de niños por enfermedades diarreicas y otras causadas por la mala calidad del agua y la falta de un saneamiento básico, mientras que 443 millones de días escolares se pierden cada año por la misma causa.

Solo en Colombia, según un estudio del Banco Mundial, el 90% de las enfermedades diarreicas obedece a esos factores. Debido a ello, 1.500 niños mueren cada año mientras que se presentan cerca de 12 millones de casos en menores de 5 años, y entre 15 y 20 millones de casos en mayores de 5 años. Cifras que no sorprenden si se tiene en cuenta que, según el Departamento Nacional de Planeación, el 28% de las municipalidades carece de agua potable y el 40% no cuenta con instalaciones de alcantarillado.

Pero el problema va más allá. Según el informe del PNUD, la crisis mundial del agua es atribuible a la pobreza, la desigualdad y las relaciones desiguales de poder y no, como opinan algunos expertos, a la escasez absoluta del suministro físico.

Y es que una población que carece de agua potable y saneamiento básico, ve afectada su salud y esto repercute en la productividad y el crecimiento económico, acentuando las desigualdades. A eso se suma que los más pobres pagan los precios más altos del mundo por el agua que consumen, con lo cual se refuerza el círculo vicioso de la pobreza.

Son muchos los desafíos y retos que tiene la humanidad por delante en este campo, basta con mencionar la competencia futura por el agua en razón del crecimiento demográfico, la expansión de los asentamientos urbanos y la demanda para la agricultura y la industria de este recurso finito. A esto se agregan las amenazas que nos plantea la falta de cuidado ambiental y la desaparición de la cobertura boscosa de cuencas y microcuencas abastecedoras de acueductos. En el caso de Colombia, por ejemplo, donde la pobreza alcanza a la mitad de la población, un informe del IDEAM muestra que en 2030 cerca del 70% de los habitantes de las regiones andina y caribe tendrán un déficit de agua en épocas de verano y se encontrarán en riesgo de un desabastecimiento severo, si no se adelantan programas de conservación de cuencas. Adicionalmente, hay que tomar en cuenta los efectos del cambio climático, un tema que ya es una realidad y que empieza a tener su impacto en el derretimiento de los glaciares y los cambios extremos en el comportamiento del clima, agravando aún más los sistemas de abastecimiento de agua.

El Informe de Desarrollo Humano, además de hacer un llamado a la cooperación y la solidaridad internacional para avanzar en la erradicación de la pobreza y la inequidad, cuantifica en US$10.000 millones la inversión anual que se tendrá que hacer en los próximos 10 años para alcanzar los objetivos del milenio y reducir a la mitad el número de personas que carecen hoy de agua potable y saneamiento básico.

Una cifra similar a los gastos militares que realizan los países desarrollados en 5 días y menos de la mitad de lo que gastan estos mismos países al año en agua mineral.

Cualquier parecido con Colombia es pura casualidad.
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