Opinión

  • | 2005/09/30 00:00

    Mantenimiento del patrimonio familiar

    Cómo conservar y transferir el patrimonio familiar entre generaciones, planear el crecimiento empresarial y las sucesiones.

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Tras haber trabajado con grupos familiares durante los últimos 15 años, no deja de sorprenderme que muchos de ellos hayan generado su riqueza después de la Segunda Guerra Mundial. No es tan importante el hecho de que diariamente estén creando riqueza y nuevas oportunidades de negocios en todos los países, sino lo mal preparados que están muchos de los emprendedores para mantener su patrimonio en las siguientes generaciones.

Un estudio reciente de una de las principales universidades estadounidenses destaca que de todas las empresas familiares menos del 20% llega a la tercera generación. Los motivos son muy diferentes pero la mayor parte nace en el mismo error: no saber fijar los límites entre una empresa familiar, manejada por sus integrantes y una compañía gestionada según las reglas de máxima eficiencia y eficacia. A esto se agregan los diferentes riesgos internos de la familia, como luchas entre las distintas ramas, divorcios, nacionalizaciones de empresas, etc.

Para muchos empresarios, crear una compañía y generar riqueza con ella ha sido una labor de años. En cambio, muchos de ellos no se sienten cómodos manejando sus frutos en un mundo sofisticado, con productos financieros cada vez más complicados y en un entorno de leyes cambiantes. Definir una estructura patrimonial, dentro de las leyes de cada país, ayuda a transferir de manera más eficiente los activos de una generación a la siguiente. Las formas difieren de unas zonas a otras del mundo, siendo de uso común en los países anglosajones la figura del trust o fideicomiso, con el cual el patriarca define cómo y cuándo quiere transferir sus activos a favor de sus beneficiarios. En países donde impera el derecho civil son de uso común las fundaciones, pero también tienen sus limitaciones (en Estados Unidos se considera que funcionan como corporaciones y no tienen las ventajas fiscales de los trusts). En algunos casos, hemos utilizado figuras más sofisticadas, como fondos de inversión privados para una familia concreta e incluso estructuras con pólizas de prima única que ayudan a transferir de forma más eficiente los activos a la siguiente generación.

Las distintas situaciones políticas, las necesidades de formación internacional o los intereses de negocios han llevado a que cada día, más integrantes de la familia estén dispersos en diferentes países y, por tanto, sujetos a jurisdicciones diferentes. Por eso es importante planificar adecuadamente las implicaciones legales de una transmisión patrimonial tanto para los dueños actuales, como para sus herederos. No hay una solución única y se deben combinar las legislaciones locales con las de residencia actual o futura de cada uno de los integrantes.

Los principales riesgos de una transferencia generacional nacen en las diferencias de enfoque de negocios entre distintas ramas de la familia. Ellas pueden llevar a situaciones en las que se bloquea la compañía principal al no tener los intereses alineados entre sus integrantes. Para evitar esos problemas, se recomienda contar con un gerente altamente calificado (puede ser o no integrante de la familia, pero debe tener unas calificaciones y experiencia predeterminadas en el protocolo familiar). También se sugiere seleccionar integrantes de junta independientes, que no estén sesgados por los intereses familiares, sino que actúen en el interés de la compañía per se. Como en todo grupo de afinidad, debe haber reglas de juego claramente definidas, constitución familiar o protocolo que rijan todas las decisiones familiares en el futuro. La constitución debe ser flexible y que se pueda cambiar mediante consenso, cuando se considere necesario. Este documento es el más importante en toda organización familiar y, lamentablemente, la mayor parte no lo ha definido.

Llama la atención ver cómo pueden cambiar las circunstancias sociopolíticas de un país en un corto período. Lo que todos pensábamos que no podía volver a suceder, está ocurriendo en nuestro entorno. Una de las familias más exitosas de la región me comentaba recientemente, sobre la necesidad de contar con un porcentaje alto de su patrimonio -una tercera parte, estimaban ellos- en activos líquidos, por si en el futuro la situación en su país se deterioraba hasta tal punto que les pudiesen nacionalizar las empresas y con ello sus activos desaparecerían de un día para otro. Esta situación no es una utopía, ya que la hemos vivido en el pasado en Cuba, en las nacionalizaciones de Juan Velasco Alvarado en Perú, o en casos más recientes, en las revoluciones sandinistas en Nicaragua o en la guerra civil de El Salvador. En una época en la que surgen nuevos líderes mesiánicos en la región, lo único que sugerimos es revisar la actual situación patrimonial y planificar de forma eficiente que ningún elemento externo pueda terminar en un abrir y cerrar de ojos, con el esfuerzo de muchos años de trabajo.



Santiago Ulloa, CEO TBK Investments, Inc.

sulloa@tbkinvestments.com
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