Luis Fernando Andrade

| 7/26/2002 12:00:00 AM

Mantener los ajustes por inflación

Solo cuando hayan pasado varios años con inflación por debajo del 4% será prudente desmontar este sistema.

por Luis Fernando Andrade

A comienzos de la década pasada, se introdujeron los ajustes por inflación en la contabilidad colombiana, siguiendo los lineamientos contables de países con alta inflación como Brasil y Argentina. Esto se hizo cuando teníamos una inflación superior al 20% anual, con el objetivo de reflejar con mayor precisión la situación real de los balances de las empresas.



En términos muy simplificados, el ajuste por inflación consiste en aumentar en el balance de la empresa el valor de los activos fijos y el patrimonio por la inflación del período. Esto causa un aumento en las utilidades equivalente a la diferencia entre el valor de los activos fijos y el patrimonio, multiplicado por la inflación del período. Por ejemplo, una empresa hipotética con ventas de 150, activos fijos de 100 y patrimonio de 50, en un año con inflación del 20% tendría un aumento en sus utilidades de 10 (activos = 100 menos patrimonio = 50, multiplicado por 0,2). Esto significa 6,7% de sus ventas.



La inflación está ahora en niveles muy inferiores. Este año, estamos esperando una inflación de alrededor del 6%. Por esta razón, muchos gerentes financieros están cuestionando si realmente vale la pena mantener el esquema de ajustes por inflación. De hecho, ya algunos sectores dejaron de incluir ajustes por inflación en sus estados de ganancias y pérdidas. Por ejemplo, los bancos ya no lo hacen por determinación de la Superintendencia Bancaria.



Argumentos a favor de la eliminación



Ests puntos se esgrimen con frecuencia para defender la eliminación de los ajustes por inflación:



1. Los activos en los últimos años no se han valorizado al ritmo de la inflación. Por tanto, muchas empresas están reportando valores para sus activos y, en consecuencia para su patrimonio, exageradamente altos.



2. El esquema actual generalmente "infla" las utilidades del sector industrial, en el cual típicamente las empresas tienen una mayor cantidad de activos fijos que patrimonio. Esto también implica que se pague más impuesto de renta.



3. El esfuerzo adicional para calcular los balances con ajustes por inflación genera gastos administrativos que no se justifican con inflaciones tan bajas.



Argumentos en contra de la eliminación



Así como hay argumentos a favor, también los hay en contra.



1. Para estándares internacionales, una inflación del 6% aún es alta. Por ejemplo, la meta de inflación en Europa es 2%. Por tanto, el peso aún no es una moneda "fuerte": se va a seguir devaluando a una velocidad al menos igual a la diferencia entre la inflación colombiana y la inflación internacional.



2. Una tasa de inflación del 6% aún causa distorsiones significativas. Por ejemplo, en esa misma empresa con ventas de 150, activos fijos de 100 y patrimonio de 50, el ajuste a las utilidades es 3 (activos = 100 menos patrimonio = 50, multiplicado por 0,06). Esto representa 2% de las ventas. Para muchas empresas, este es el total de sus utilidades hoy.



3. El ajuste por inflación favorece la fortaleza patrimonial de las empresas. Cuanto mayor sea el patrimonio en relación con los activos fijos, menor es el ajuste por inflación en el estado de ganancias y pérdidas.



4. Si los activos se han sobrevalorado como consecuencia de los ajustes por inflación, nada impide que las empresas los ajusten a su valor real. De hecho, las normas exigen que se actualicen los valores de los activos cada tres años.



Posible solución



No hay duda de que estamos muy cerca al punto en que los ajustes por inflación no serán necesarios. Pero lo más prudente en este momento es mantenerlos, hasta que hayan pasado varios años con inflación por debajo del 4%. Todavía no es claro que la inflación se vaya a estabilizar en niveles bajos de forma permanente. El aumento de la deuda pública puede acabar llevándonos a monetizar el imparable déficit fiscal.
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