Opinión

  • | 2010/04/30 12:00

    Maestros siglo XXI

    Para mejorar la calidad de la educación, debemos mejorar las competencias de los maestros.

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Es evidente el impacto que tiene un buen maestro en el logro de resultados de sus estudiantes. Eric Hanushek, economista de la Universidad de Stanford, encontró que el 5% de los mejores maestros logra en un año escolar resultados tres veces mejores que el 5% de los maestros más débiles.

Si queremos mejorar la calidad de la educación en Colombia, debemos tener políticas y estrategias que conduzcan a formar, capacitar, evaluar y desarrollar competencias en los maestros para que cumplan con la gran responsabilidad que tienen.

Hoy, además de dominar las herramientas de tecnología e informática, se requiere tener claro qué se espera de ellos, para seleccionar los más capaces y prepararlos adecuadamente. Algunos educadores nos pueden orientar.

Don Agustín Nieto Caballero decía: “lo que es el maestro será la escuela, pero además, lo que es la escuela serán los ciudadanos que en ella se formen, y lo que sean los ciudadanos, será la comunidad, y así mismo la Nación”.

Jorge Orlando Melo propone que “la educación debe ser activa, basada en el ejercicio de las habilidades y capacidades naturales de los estudiantes, y no una recepción pasiva de información y preceptos. No sirve para nada llenar la cabeza de los estudiantes de información y conocimientos, porque lo que importa es desarrollar su capacidad de pensar con independencia y obrar bien. Para educar y formar al estudiante es tan importante la forma de ser del maestro como lo que sepa, el alumno aprende más del ejemplo y de la práctica que de los sermones y discursos”.

Alejandro Sanz de Santamaría plantea: “cuando se atiende adecuadamente en el salón de clase la dimensión formativa de la educación, el estudiante obtiene siempre, por su propia cuenta, todo lo que necesita en la dimensión cognoscitiva. Lo hace porque él mismo descubre que esta es su responsabilidad. Pero esta misma relación no se da en la dirección inversa. El efecto es el contrario: cuando se atiende la dimensión cognoscitiva desatendiendo la formativa –que, a la luz de los resultados de mis investigaciones, es lo que hemos venido haciendo–, el efecto casi ineludible es la malformación del estudiante como persona”.

¿Qué son maestros excelentes?
Un estudio hecho en la Asociación Alianza Educativa por Jorge Ortiz, define que hay seis competencias básicas:

Inspiración y ejemplo de vida
•Exige alto desempeño, basado en ejemplo y respeto
•Muestra pasión y gusto por lo que hace
•Actúa por iniciativa propia
•Muestra humildad en su trato y se relaciona con los demás
•Tiene claro el rol de adulto y administra la autoridad en forma madura y apropiada

Compromiso social
•Conoce el contexto de los estudiantes
•Brinda apoyo a los estudiantes y dialoga con ellos
•Involucra a los padres de familia
•Busca ayuda adicional de terceros para lograr sus objetivos pedagógicos

Dedicación individual al aprendizaje
•Conoce individualmente a sus estudiantes
•Respeta las diferencias de ritmo y estilo de sus estudiantes
•Identifica talentos y estimula su desarrollo
•Acompaña en el éxito y el fracaso en forma individual

Perseverancia
•Identifica dificultades y genera estrategias
•No se rinde con facilidad
•Dedica tiempo extra a sus estudiantes

Genera pasión por el aprendizaje
•Hace clases agradables e interesantes
•Es una persona creativa
•Propone a los estudiantes retos y desafíos
•Aprovecha recursos de innovación tecnológica
•Se involucra personalmente

Excelencia
•Es exigente consigo mismo y con los estudiantes
•Muestra dominio e inquietud disciplinaria, continúa aprendiendo
•Se autoevalúa constantemente

Otros autores complementan:
“El mejor maestro es aquel que cree que todos sus estudiantes pueden aprender. Conoce las limitaciones y capacidades de sus estudiantes, reconoce la forma como aprenden, tiene las competencias pedagógicas y disciplinares para determinar un plan de trabajo con objetivos precisos, estrategias y metas bien definidas”.

“Logra que las clases sean dinámicas, de tal manera que las actividades planeadas den espacio a la participación de los estudiantes y que sean ellos, los niños y jóvenes, los que construyan el conocimiento con la ayuda del profesor”.

“El buen maestro se hace querer y quiere a sus alumnos (eso quiere decir se interesa por sus vidas, conoce, comprende, sufre y se alegra con ellos); escucha, para que la educación sea diálogo; despierta la curiosidad, propone problemas y estimula la construcción de soluciones, promueve la investigación, el descubrimiento y el debate”.

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