Opinión

  • | 2008/10/24 00:00

    Maestros que generan transformaciones

    La sociedad entera tiene que participar en el reconocimiento y la dignificación de la profesión docente.

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Desde hace diez años, la Fundación Compartir viene realizando la selección y reconocimiento a los mejores maestros de nuestro país.

No todos tenemos conciencia de que el factor que más incidencia tiene en la calidad de la educación es el maestro, lo que él es, la forma como motiva, el ejemplo de vida que da a sus estudiantes y los procesos de enseñanza-aprendizaje que vive con ellos.

Tampoco entendemos que la inversión más rentable en los países que han logrado importantes resultados de crecimiento económico y desarrollo social ha sido en maestros, mediante una estrategia de atracción y retención de los estudiantes y profesionales más destacados y reconocidos en la sociedad para que sean docentes; y sólidos programas de formación para que desempeñen su tarea a cabalidad.

La educación y el sistema escolar no pueden ser mejores que sus maestros. Los maestros deben ser verdaderos líderes, transformadores, capaces de entender el mundo, el hombre y la vida, tener una filosofía de vida clara, un equilibrio de cuerpo, mente y espíritu, para despertar en sus estudiantes pasión por la vida, por ser, por aprender, por construir un proyecto de vida y por comprometerse en la construcción de un mundo mejor.

En estos diez años, el Premio Compartir ha identificado y reconocido maestros que son verdadero ejemplo para todo el país, personas que muchas veces con limitaciones de recursos y en circunstancias difíciles, logran despertar en sus estudiantes actitudes, hábitos y costumbres con los cuales avanzar hacia su plena realización, aprovechando sus potencialidades y viviendo plenamente.

Los nombres de los ganadores en estos diez años merecen ser recordados siempre por el país, así como cada uno de nosotros recuerda a los maestros que nos cambiaron la vida.

Este año el ganador fue el profesor de música Gustavo González Palencia, quien desde hace 12 años entró a trabajar en la Escuela Normal Superior Departamental María Montessori, en el barrio Restrepo en el sur de Bogotá, convencido de que con la música puede edificar mejores seres humanos. "La música crea disciplina, edifica y forma, y eso se extiende a todas las áreas del aprendizaje", explica González.

El año pasado fue Henry Alberto Berrío, profesor de filosofía, que enseña a pensar sobre la vida, a reflexionar, a argumentar y a expresar las ideas escribiendo correctamente. Diego Barragán fue su maestro y ejemplo, porque había ganado el premio antes y se destacaba por orientar a sus estudiantes para que hicieran política y escribieran sobre filosofía.

Antes fue un maestro de zona rural de Cundinamarca, Samuel Orozco, quien actualmente desarrolla proyectos pedagógicos productivos con sus estudiantes.

María del Rosario Cubides, profesora de química, logró que sus alumnos desarrollaran productos como yogurt, insecticidas, conservas de frutas y verduras en Santander.

Martial Rosado logró promover el espíritu emprendedor de los campesinos de Cundinamarca, evitando que los jóvenes emigren hacia la ciudad.

Melba Inés Aristizabal educaba niños con necesidades especiales, como síndrome de Down, en Pensilvania, Caldas.

Irma María Arévalo orientó a sus estudiantes para escribir sus propios textos, a partir de investigaciones sobre sus ancestros y la cultura indígena del Vaupés.

Luis Fernando Burgos promovió la investigación con niños de Guayabal,Tolima, y hoy desarrolla un proyecto de lectoescritura para el aprendizaje de la educación sexual.

Jaqueline Cruz logró motivar a los estudiantes hacia las matemáticas y hoy tiene un laboratorio de matemáticas y un aula virtual.

Laura María Pineda fue la primera en ganar el Premio, usando y fortaleciendo la comprensión lectora para resolver problemas en áreas diferentes al español.

A pesar de las dificultades, estos maestros demuestran que se puede ser un pedagogo excelente, transformador, capaz de abrir las puertas del conocimiento y de la vida a sus estudiantes; que un buen docente sueña y ayuda a construir grandes sueños y que promueve actitudes, que le permiten a cada estudiante construir su proyecto de vida y realizarse plenamente.

La sociedad tiene que participar en el reconocimiento y la dignificación de esta profesión y de lo trascendental que es, al ser el responsable de la formación de los futuros ciudadanos y de la transformación de la sociedad. Además, debe implementar incentivos para atraer y seleccionar a los mejores estudiantes para que se conviertan en profesores y entender que para mejorar como país es indispensable comenzar por invertir en la selección, formación, desarrollo y retención de los mejores prospectos de maestros, pues tienen un impacto directo en la convivencia, el desarrollo y la competitividad. ?

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