Opinión

  • | 2004/04/16 00:00

    Los rituales y el papel de las asambleas

    Todas las culturas crean rituales, rutinas y conductas, como expresión de sus valores, de lo que quieren transmitir y mantener.

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En las dos últimas semanas, he asistido a cuatro asambleas de diversas organizaciones del sector servicios y me ha llamado la atención lo enraizados que están en nuestra cultura esos patrones de conducta institucionalizados, definidos por algún estamento oficial, legal, que nos obliga a seguir en todas estas reuniones un mismo orden, una misma rutina, que parece surrealista. El orden del día es idéntico, independientemente de la razón social, estados financieros o desarrollo o edad de la organización en cuestión.

Esto me hizo pensar en para qué cumplimos estas rutinas: citamos a unas personas, con la mejor intención de informarles lo que pasó el año anterior. Leemos informes, presentamos cuadros estadísticos que buscan ilustrar el desempeño de la institución, unos estados financieros que solo algunos entienden y analizan, sin que nada de esto cambie lo que sucederá durante el siguiente año, hasta la próxima reunión en la cual se hace un claro replay de la anterior, y así sucesivamente año tras año. Y este órgano de la asamblea supone ser el estamento superior, que vela por el cumplimiento de los objetivos de la institución.

¿Cuáles serán los valores que queremos mantener? ¿La verdad? ¿La rectitud? Tal vez. Pero ¿será necesaria toda esta parafernalia? Seguramente a algunos de los asistentes se les ocurra una idea importante que pueda servir de algo a la institución y la expresarán en el punto de 'Varios', muy rápidamente, antes de las respectivas felicitaciones a la junta y a la dirección. Y si acaso solo hasta el año siguiente sabrá si su idea fue tenida en cuenta y qué efectos tuvo.

Tal vez las únicas asambleas que involucran más directamente las emociones y acciones, no solo las ideas, son las de los copropietarios de edificios. En estas sí que se despiertan las pasiones. Quizá porque a cada uno de los asistentes le afecta de manera directa lo que allí se informa y la decisión que se tome tiene alguna injerencia en su vida cotidiana.

No quiero decir con esto que si les metiéramos pasión a las asambleas aumentaría el compromiso. Pero en algún sentido cuando a uno le 'duelen' las cosas, se inmiscuye más en ellas y se hace cargo de su responsabilidad o al menos de vigilar el cumplimiento de la responsabilidad de quienes están a cargo.

Lo que quiero cuestionar aquí son varias cosas: En primer lugar, la rutinización de todas estas reuniones guiadas por procedimientos legales de autoridades externas que suponen que con ello salvaguardan el orden. Lo que creo, por las conductas que observo, es que ese supuesto orden, conlleva más bien un desinterés y un desentendimiento. En segundo lugar, el intento de controlar lo que va a suceder por quienes organizan las asambleas. De esta forma, las contribuciones de los invitados quedan bastante al margen y solo suman en el quórum para supuestamente "deliberar y decidir". Deliberación y decisión que se reducen a escuchar y aplaudir o lo que es peor, a controvertir y criticar asuntos sobre los cuales se carece de la información mínima necesaria. Y en tercer lugar, suponer que con una reunión al año de información estructurada de antemano, se desarrolla el compromiso de colaborar y contribuir. Creo que por el contrario se genera una cómoda pasividad.

¡Hemos acartonado tanto la vida! No veo con claridad la contribución de esos rituales al mejor desempeño de las organizaciones.

¿Opciones?

No son claras. Solo sugiero que si queremos que las personas participen, las dejemos participar, las invitemos a contribuir, con frecuencia, de distintas formas, llevando sus ideas a quienes manejan el día a día de las organizaciones. Así se mantienen enteradas y sus aportes pueden ser más relevantes. O si no, limitémonos a mandarles un material escrito, que es posible que lean o no, con lo cual no pasa nada, como tampoco pasa nada hoy con las asambleas y legalicemos este nuevo procedimiento para cumplir aquellas normas -desarrolladas por algún abogado en su momento- y ¡no nos contemos más cuentos sobre la participación y la vigilancia!



conniedesantamaria@hotmail.com
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