Opinión

  • | 2010/01/22 00:00

    Los riesgos de 2010

    Es muy posible que esté empezando un nuevo boom latinoamericano, pero estará plagado de riesgos.

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Aun descartando que haya una recaída en Estados Unidos, la recuperación de la economía mundial será muy desbalanceada entre las grandes economías emergentes y las convalecientes economías desarrolladas.

Ese desbalance se traducirá en presiones de demanda mundial en los mercados de productos básicos para satisfacer el apetito de los nuevos consumidores asiáticos y las enormes inversiones en infraestructura, especialmente en la China. Las presiones de precios son ya evidentes en el petróleo, que está otra vez rondando los US$80; el cobre, cuyo precio hoy es más del doble del de hace un año y en diversos productos agrícolas, desde el algodón hasta el azúcar. Si los granos no están disparados es sencillamente porque en Estados Unidos se esperan las cosechas de maíz y soya más grandes de todos los tiempos.

Mientras que la demanda de productos básicos se mantendrá firme, los bienes industriales padecerán por excesos de oferta. Con la mayor factura de exportaciones del mundo, China continuará inundando el mundo con bienes industriales a precios muy competitivos.

El desbalance de la economía mundial también se manifestará en los mercados financieros. Debido al débil crecimiento en los países desarrollados, las tasas de interés se mantendrán muy bajas y la liquidez mundial muy abundante, lo que acarreará riesgos de burbujas especulativas en las bolsas de valores y en los mercados de vivienda en las economías emergentes. Eso ya está ocurriendo: nueve de las diez bolsas de valores que dieron mayores rendimientos en 2009 fueron de países emergentes, empezando por Brasil, con 140% de rentabilidad (en dólares), e incluyendo también a Perú, Chile y Argentina.

Puesto que los spreads de los títulos de deuda soberana seguirán siendo muy reducidos, los inversionistas no tendrán mayores incentivos para diferenciar riesgos y eso permitirá que se acumulen vulnerabilidades en los países menos disciplinados fiscalmente.

Mezclados con circunstancias domésticas muy diversas en los países latinoamericanos, esos factores externos se manifestarán en riesgos internos de toda clase. Los países exportadores de productos básicos llevarán la mejor parte, especialmente los más diversificados, como Brasil, y los que puedan subirse rápidamente al tren de las exportaciones de combustibles y productos mineros, como Perú, Colombia y Bolivia. En cambio, México y los países pequeños más dependientes de las remesas y el turismo correrán el riesgo de un estancamiento prolongado y un posible debilitamiento fiscal. México y El Salvador han estado en la mira de las calificadoras de riesgo por esta razón.

Pero los exportadores de productos básicos tendrán sus propios problemas, empezando por la apreciación de las monedas en los países con tipos de cambio flexibles, como Brasil, Chile y Colombia; o el aumento de la inflación en los que tratan de controlar más el tipo de cambio, como Argentina. Los intentos de evitar las entradas de capitales serán poco efectivos para contrarrestar esas tendencias.

La recuperación de 2010 contribuirá apenas modestamente a generar buenos empleos, debido a que la bonanza de productos básicos y la débil demanda de productos industriales inducirán una "enfermedad holandesa". Impulsados por la apreciación de la moneda, los servicios y la construcción pasarán por un buen período, pero reforzarán la tendencia a la informalización del empleo, sobre todo en los países con los sistemas laborales más rígidos, como Colombia. Estas circunstancias no ayudarán a aumentar la productividad ni el potencial de crecimiento futuro.

Los riesgos más graves de una bonanza de productos básicos no serán económicos, sino políticos. Los sistemas políticos latinoamericanos no se distinguen por su capacidad para distribuir ampliamente las bonanzas fiscales ni para dirimir los conflictos distributivos que ellas generan. Los riesgos de inestabilidad política y social tenderán a ser más agudos en la medida en que las bonanzas estén más concentradas en pocos productos o áreas geográficas y en que haya más concentración del poder con riesgo de exclusión de las minorías políticas. Por desgracia, varios países de la región reúnen estas condiciones.

El año 2010 será muy interesante, qué duda cabe.


Nota: el autor está vinculado al BID pero se expresa a título personal.

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