Alejandro Gaviria

| 7/26/2002 12:00:00 AM

Los reyes del mundo

Los yuppies de los 90 creyeron, contra la economía, que bastaba una idea incipiente para hacerse millonarios.

por Alejandro Gaviria

Leer revistas viejas tiene su encanto. Es una forma de ejercer la nostalgia (la bobita, la pendejita, dice Fernando Vallejo). Y si las revistas son de negocios y además aspiran a la futurología, el ejercicio puede resultar divertido. La revista Dinero de mayo 26 de 2000 tiene en su portada a un joven sonriente, vestido de jeans y de cuello tortuga, que mira a la cámara con satisfacción. "Kaleil Isaza," titula la revista, "ha desarrollado una empresa de internet que pronto valdría más que Bavaria". Hoy, dos años más tarde, la empresa no existe, Kaleil es el protagonista de un documental tragicómico y la revista, un testimonio más de la caída del Gran Gatsby criollo.



Pero los ejemplos no paran allí. El 19 de noviembre de 1999, Dinero publicó en su portada la foto de otro joven imberbe, Hernán Jaramillo, supuestamente uno de los colombianos más influyentes. En su interior, la revista afirmaba sin reato que el personaje de marras había recibido capital de riesgo y podría ser el Fernando Espuelas (StarMedia) criollo. Y lo fue: ambos terminaron en la ruina. Influyentes o no, su historia es una fábula de los tiempos modernos, a saber: no conviene a soñadores elocuentes e ingenuos pudientes compartir la misma morada.



En enero 28 de 2000, Andrés Soler, otro adolescente metido de gerente, no conocía los límites. "Los capitales de riesgo tienen los ojos puestos en América Latina", decía con confianza. Alberto Pardo, un poco más viejo pero igual de ingenuo, era aún más tajante. "Cuando los grandes del mundo desarrollado quieran entrar, encontrarán un rival fuertemente posicionado", afirmaba seguro de sí mismo. Pero no solo los jóvenes fueron protagonistas de la e-tumbada. Por la misma época, en noviembre de 1999, Dinero daba cuenta de cómo "hace muy poco tiempo, el fondo de capital de riesgo Mercuriu's, apoyado directamente por el ex presidente de Bavaria Augusto López, compró una pequeña empresa de dos estudiantes paisas por $600 millones (get-a-plus.com)". No sé cuánto valdrá hoy la empresa aludida, pero probablemente su valor sea muy similar al de Mercuriu's. Nulo.



Es, por supuesto, muy fácil adoptar un tono irónico a la hora de juzgar las fantasías del pasado. Pero, sin duda, la segunda mitad de los 90 pasará a la historia como la época de la suspensión absoluta de la racionalidad. Todo descansaba en una idea atractiva: el joven descomplicado que rompe paradigmas, innova, crea y se hace dueño del mundo. Atractiva pero falsa, vale decir. Si los hippies de los 70 creyeron, contra la naturaleza, que podían vivir en un mundo sin conflictos; los yuppies de los 90 creyeron, contra la economía, que bastaba una idea incipiente para hacerse millonarios. "Soy el rey del mundo", gritaba el protagonista del Titanic, la película emblemática de aquellos tiempos y que, casualmente, se centraba en el naufragio de un milagro tecnológico.



Hoy, después de la gran e-borrachera, quedan muchas cosas claras. Los capitalistas de riesgo son tan ingenuos como los reporteros económicos (o viceversa). La nueva economía obedece a las viejas reglas (rendimientos decrecientes y demás). Y los reyes del mundo acaban, tarde o temprano, naufragando en sus propios sueños de grandeza (o si no que lo diga Kaleil).
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