Los retos de EPM

| 10/22/1999 12:00:00 AM

Los retos de EPM

El éxito de EPM tiene mucho qué ver con el sentido de pertenencia y el orgullo paisa.

por Sergio Fajardo

Las Empresas Públicas de Medellín están de moda. La participación en la telefonía en Bogotá, la compra de las Empresas Públicas de Pereira, la privatización de Isagen y el reciente premio de Portafolio que las distinguen como la Empresa Colombiana del Siglo XX son suficientes razones para dirigir la mirada hacia Medellín y buscar entender, desde otros ángulos, el fenómeno que ha convertido a una empresa regional de carácter público en una de las joyas del mundo empresarial nacional.



Detrás de toda la historia, hay un factor crucial y difícil entender por fuera del Valle de Aburrá: el orgullo que representa para los paisas. Existe una tendencia natural a confundir orgullo con regionalismo cerrero y, por supuesto, el sentido no es este. Es el orgullo de una región que ve cómo su trabajo y su esfuerzo se retribuyen en una vida más amable, con unos servicios públicos de calidad, al tiempo que le dan dignidad al servicio público. Una frase del pintor Pedro Restrepo describe el fenómeno en términos más adecuados: "Hablar mal de las Empresas es como hablar mal de la mamá".



Y este orgullo, que no es cuantificable en términos económicos, tiene un valor fundamental pues, como la autoestima de los niños, el orgullo y el sentido de pertenencia son esenciales para el crecimiento de un pueblo. Una primera y fundamental consecuencia de este hecho es que las EPM todavía existen. La razón es clara: una vez que un bien público se convierte en patrimonio cultural de una región (y a pesar de algunos intentos locales), no puede ser devorado por políticos perversos, como ha ocurrido en otras partes. De esta forma, una empresa de carácter técnico se ha mantenido y consolidado durante 45 años, pues parodiando al pintor, "a la mamá no le roba nadie".



Pero la fama y el poder son drogas peligrosas, y las EPM enfrentan varios retos. Uno de los más serios es el gigantismo. A los ricos los llaman de todos lados y aún no han inventado el antídoto para el acaparamiento. Una frase del ex presidente Belisario Betancur ilustra la idea: "las EPM son la alcancía de los antioqueños". Y las alcancías ya no son marranitos de barro, sino inversiones con riesgo, en sectores sujetos a cambios tecnológicos vertiginosos, inciertos, con alta volatilidad, que dificulta asumir la responsabilidad más seria de todas: arriesgar el ahorro público.



La estructura empresarial para enfrentar estas situaciones exige un esquema administrativo sofisticado. Los cambios en la gerencia, sujetos a la elección cada tres años de un nuevo alcalde y la concentración de las decisiones en muy pocas manos, por calificadas que sean, tienen que ser considerados seriamente, pues en un descuido, imperceptible e impredecible se puede destruir la alcancía que tanto esfuerzo ha costado llenar. La tentación de usar políticamente las utilidades de las EPM es grande y, por supuesto, es necesario que el ahorro regrese a los ahorradores. Pero esto exige un manejo muy transparente ante la ciudadanía, con una visión estratégica, conocida, seria y rigurosa.



En las EPM se ha formado un equipo con las mejores condiciones técnicas y a su alrededor se han fortalecido algunos consultores de gran nivel. Es necesario pasar a una nueva etapa, para transferir y diseminar ese conocimiento en la región, por medio de las universidades y aprovechar las relaciones con multinacionales para desarrollar avances tecnológicos locales. El mensaje se resume en la necesidad de preservar el espíritu que ha permitido los éxitos obtenidos, para lucirse en el próximo siglo.
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