Opinión

  • | 2009/09/18 00:00

    Los países también deben innovar durante las recesiones

    Hemos mirado la innovación en términos de personas, equipos y compañías. Ahora debemos incluirla como parte de la agenda de las sociedades.

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Recientemente, y en medio de la mayor picada financiera que se conoce desde la gran depresión, el primer Ministro de Singapur, Lee Hsien Loong, cortó la cinta inaugural de Fusionpolis, una ciudad futurista dentro de la ciudad de Singapur, en apoyo a la estrategia de convertirla en un lugar global e innovador de medios y materiales digitales para los campos de la ciencia. En su discurso, Lee resaltó: "las incertidumbres y temores desatados por los derrumbes financieros en todo el mundo han opacado el futuro económico de Singapur. Nuestra economía ha entrado en recesión (…) pero nuestros programas de investigación y desarrollo (I&D) miran hacia un horizonte más lejano y continuarán a pesar de estos altibajos. Su financiación no se verá afectada". Para respaldar esta aseveración, reiteró su compromiso de aumentar la inversión del país en proyectos de I&D.

El dinero inteligente siempre ha sabido que las recesiones son los semilleros de la innovación corporativa. Intel es el ejemplo de una compañía acostumbrada a reducirse en tiempos difíciles para luego emerger con nuevos productos y servicios cuando pasa la crisis. La experiencia del Silicon Valley -el valle californiano, cuna de buena parte de las compañías de tecnología e internet de los Estados Unidos- en atravesar ciclos repetidos de opulencia y desastre, enaltece el valor de la innovación en épocas de recesión. El circuito integrado, el microprocesador, el computador personal y los medios de información social germinaron todos durante momentos de crisis económica.

Ahora parece que los países inteligentes, como Singapur, también pueden aprovechar los tiempos de recesión para construir capacidad de innovación y posicionamiento competitivo. Se ven desarrollos similares a escala mundial: en Finlandia, por ejemplo, hay actualmente una marcada tendencia nacional hacia el desarrollo de "laboratorios centrados en el ser humano", para los que se buscan colaboradores de todas partes del mundo. La globalización promueve entre los países y las regiones que tienen liquidez financiera y habilidad en la innovación, el aprovechar los tiempos difíciles para emerger en los primeros lugares cuando la crisis mejora.

Estamos acostumbrados a mirar la innovación en términos de personas, equipos y compañías innovadoras, pero ahora debemos ampliar nuestra perspectiva para incluir la innovación no solamente a gran escala sino también como parte de la agenda de las sociedades. La manera como los países innovan dice mucho sobre su visión del futuro y sobre su estrategia de posicionamiento dentro de un escenario mundial de competencia ascendente. En mi más reciente libro, Innovation Nation, escribo sobre la carrera de muchos países para alcanzar una nueva plataforma social y económica definida por la innovación; pero las estrategias de innovación se ponen a prueba en tiempos de recesión. La presente agitación financiera hará surgir los elementos de la innovación -talento, capital e ideas- necesarios para encontrar el sitio más favorable en términos de infraestructura, subvenciones, beneficios fiscales, capital local, emprendimientos, acceso al mercado y apoyo moral.

De todos los anteriores, el dinero es, quizás, el más claro, porque como dice el adagio popular, "sin dinero no hay negocio". Singapur y Finlandia pueden ser países pequeños, pero cuentan con el dinero necesario para mirar hacia el futuro en términos de inversión en innovación. Singapur, con una población de menos de 5 millones de habitantes, tiene actualmente reservas en divisas de US$168.000 millones, que equivalen a más del doble de las de los Estados Unidos de Norteamérica. Su capacidad de invertir en proyectos nacionales como Fusionpolis y su hermana, Biopolis, de ciencias humanas, resalta el hecho de que los actores secundarios también pueden tener un impacto a escala mundial. En contraposición, los Estados Unidos, que tradicionalmente tenían el papel protagónico en cuanto a innovación, se encuentran actualmente con el presupuesto restringido. Entre tanto, otros países con la voluntad política y el dinero necesario para invertir en el talento, la educación y en nuevas iniciativas de innovación, tomarán la delantera. De esta forma, el creciente poder de la innovación abrirá las puertas a nuevos actores y le dará una nueva forma al panorama mundial.

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