Opinión

  • | 2005/02/04 00:00

    Los países sánduche

    Los próximos años serán difíciles para los países emergentes que no tienen una mano de obra tan barata como China ni son muy ricos en recursos naturales exportables. ¿Dónde queda Colombia?

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En un trabajo reciente Peter Worthington, un economista de Credit Suisse First Boston, señala que ahora es mejor para los países emergentes exportar productos básicos e importar manufacturas, porque los precios de los productos industriales están estancados o caen mientras los precios de la mayoría de los "commodities" están por las nubes.

Para que la tesis sea algo más que una variante del aforismo de nuestro filósofo Pambelé ("es mejor ser rico que pobre"), esa situación de precios relativos debe trascender la coyuntura, y tener implicaciones para la estrategia y la política económica. Así es, en efecto. Worthington muestra que en los últimos años las exportaciones chinas presionaron bajas en los precios de las manufacturas y que esa presión se mantendrá en el futuro. A partir de este año, el problema será agudo para los exportadores de textiles y confecciones, debido al final de las cuotas de exportación que durante muchos años se impusieron a China como parte del Acuerdo Multifibras. También señala que hay razones para esperar precios altos de los productos básicos, durante muchos años, precisamente debido a la vigorosa demanda china de bienes como petróleo y minerales.

Arabia Saudita, Bolivia, Chile, Venezuela y otros países que, en proporción a sus habitantes, cuentan con ingentes recursos naturales exportables, celebrarán esa apreciación tácita sobre sus buenas perspectivas económicas. Para otros, la recomendación de Worthington puede sonar como la legendaria salida de María Antonieta cuando preguntaba por qué el hambriento populacho de París seguía exigiendo pan en lugar de contentarse con pasteles.

Aparte de la recomendación elemental de que cada país haga lo que esté en su mano para mejorar su balanza comercial de commodities, la recomendación rutinaria ante la "amenaza amarilla" es que se produzcan y exporten bienes de mayor sofisticación que los que hoy está exportando China. Por ejemplo, en Colombia trajes de alta costura. Suena bien, pero me temo que en muchos casos no es más que una ilusión o, para ser precisos, un escape pasajero. A menos que en la producción industrial el país cuente con una ventaja singular y fuera del alcance de China (por ejemplo, para Colombia su cercanía geográfica y cultural al mercado venezolano) no hay razón para esperar que los productores chinos no vayan a avanzar, dentro de pocos años, a ese nuevo nivel. Algunos lectores recordarán que en los años sesenta las tradicionales firmas europeas y estadounidenses de electrodomésticos ridiculizaban la calidad de los productos japoneses, y pretendían contar con una ventaja permanente y duradera, que ahora sabemos cuán poco duró.

Hasta donde se sabe, Colombia tiene apenas una modesta riqueza en commodities exportables del tipo cuyos precios mundiales se dispararon por la demanda china. Mucho carbón, mucho ferroníquel, bastante gas, pero nada fenomenal como proporción de sus habitantes. Un territorio grande (el puesto 27 entre 227 países del mundo) abundancia de aguas, costas y enorme biodiversidad, todo lo cual será la envidia mundial en unas décadas, cuando todo eso se torne escaso. Pero, por ahora, poco de esa riqueza es susceptible de transformarse en divisas para comprar bienes y servicios al resto del mundo.

Me gustaría poder ofrecer una solución conceptual elegante al enorme problema para el desarrollo que semejante perspectiva de precios relativos le plantea a Colombia. No la tengo, y dudo que exista. Pero no me parece que debamos resignarnos a décadas de "desindustrialización" mientras esperamos que el equilibrio mundial se restablezca vía el gradual encarecimiento de la mano de obra de China. Intuyo que una estrategia integral de defensa debería incluir elementos adicionales a la simple globalización. Pienso en los de tipo cambiario, en una efectiva integración continental -que contemple la movilidad entre países de la fuerza de trabajo y no solo de los bienes y los capitales- e incluso, anatema, en los elementos de protección selectiva que nos permitan comprar tiempo y mantener, así sea con el apoyo de nuestro "mercadito", como gozan diciendo algunos, alguna base industrial mientras educamos adecuadamente nuestra población y mientras la mano de obra china se encarece lo suficiente.

¿Habría alguna posibilidad de que una consideración estratégica de grueso calibre como la sugerida por el análisis de Worthington fuera tenida en cuenta en los estudios que, según nos dicen, el gobierno está realizando sobre las perspectivas colombianas de largo plazo? ¿O seguiremos trabajando como si el mundo no se estuviera moviendo bajo nuestros pies?
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