Opinión

  • | 1997/09/01 00:00

    LOS MUERTOS QUE NO MATÁIS..

    Respuesta del presidente del Consejo Gremial a quienes argumentan que los gremios murieron a los pies de los "cacaos".

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Los gremios han muerto. Larga vida a los grupos empresariales". Con este dictum la revista Semana y otros comentaristas se han inventado una nueva etapa en la historia institucional y empresarial de Colombia. Este fácil dispositivo editorial le hace una venia a la brevedad y también a una trivialidad inaceptable en este momento crítico de nuestra nación.



Desde mi perspectiva, la realidad es mucho más compleja y afortunadamente más progresista.



En la mentalidad colectiva todavía persiste una imagen anacrónica de las organizaciones gremiales. Se las ve regularmente como instituciones reactivas, cuyo núcleo de acción está en "elevar" peticiones al Príncipe en un proceso que busca privilegios, exclusiones, nichos particulares otorgados por la burocracia o por el poder legislativo. Con frecuencia se las mira como campeonas de la "protesta" y de las frases apetitosas para los titulares de prensa.



Esta es, efectivamente, una visión que se extravió en el pasado, por lo menos en lo que hace a los gremios miembros del Consejo Gremial Nacional, CGN, y a otras varias instituciones similares. De semejante distorsión, de la que estamos plenamente conscientes, son en buena medida culpables las propias entidades representativas del empresariado; éstas se han quedado cortas en su capacidad de comunicar su verdadero talante como entidades competentes en lo técnico, capaces de dialogar con propiedad con el Estado, que aplican la mayor parte de sus energías a una deliberación permanente con las autoridades y con otros sectores de la ciudadanía; este trabajo no necesariamente genera información pública.



Los gremios deben dar a conocer mejor sus cuartos de máquinas, sus talleres, sus back offices, para que el puro aparato de opinión no aparezca como la única pieza de su engranaje.



Es necesario resolver esta debilidad del establecimiento gremial. Pero hay otras, aún más problemáticas.



Visto en su conjunto, el estamento gremial no tiene aún las armaduras suficientes para responder a las exigencias de este tiempo que le ha tocado vivir. Su debilidad más protuberante reside en su fraccionamiento excesivo, en su desigual desarrollo organizacional, en el aislamiento y olvido de muchas de las realidades regionales de este país de regiones, en el consecuente predominio de las visiones metropolitanas.



Esta falta de articulación, que por lo demás es propia de la sociedad colombiana, espejo roto en mil pedazos, en los tiempos de antes no era tan preocupante. Pero hoy en día llega a ser una barrera crucial para el desarrollo de la institucionalidad gremial y para las organizaciones ciudadanas en general.



A los empresarios, incluyendo naturalmente a quienes controlan y administran los grupos económicos, les corresponde trabajar por el fortalecimiento gremial por medio de la mayor cohesión, de la mayor participación de las minorías, de los más pequeños, de los más débiles, de la consolidación de una cúpula manejada democráticamente.



Lo que resulta absurdo es pretender que los conglomerados empresariales hayan reemplazado a los gremios, con todo y sus cuartos de máquinas. Los líderes de los grupos económicos hacen muy bien en expresar sus opiniones, y en expresarlas con fuerza. En decirles al Estado y a la nación qué piensan sobre los caminos posibles de Colombia. Esa es la manera democrática de ejercer el poder de opinión resonante que se origina en ser grandes empleadores y en concretar grandes empresas.



Pero sólo quienes piensan que los gremios son, todos, los que solían ser en los tiempos de antes, pueden concluir que en la realidad colombiana de hoy ya no tienen cabida las instituciones representativas de amplios sectores de la sociedad, que también se rompen el cuero asumiendo el riesgo de empresa en el campo, en la ciudad, en las regiones.



Lo cierto es que ahora los gremios están obligados a promover los intereses legítimos de sus miembros en el marco de una comprensión adecuada de las condiciones generales de operación de la economía y de las instituciones. Su principal labor consiste en promover la mayor productividad de sus sectores. Ello sólo puede ocurrir en el medio ambiente de las cadenas productivas, uno de cuyos eslabones es siempre la financiación. La interdependencia sectorial obliga a la acción colectiva de los gremios en la ejecución de estrategias de productividad y de competitividad. Aquí la suficiencia técnica es indispensable.



Y también resulta crucial aprovechar las economías de escala y el conocimiento técnico que albergan los gremios, en procesos tan caros a los intereses colombianos como las negociaciones internacionales en materia de comercio. Los próximos meses y años serán una verdadera prueba de esfuerzo para los gremios en esta materia, escasa en noticias de prensa pero definitiva para nuestro futuro. ¿Habrá alguna institución que pueda reemplazar a los gremios, con ventaja técnica y con legitimidad, en la concentración de nuestra inserción comercial en el ámbito regional y continental?



No creo que tenga que explicar aquí que el quiebre entre el pasado y el presente -y el futuro posible- lo ha producido la apertura. Corta palabra, implicaciones largas y profundas.



Las instituciones gremiales están llamadas a desempeñar, por otra parte, un papel cultural de creación de opinión pública y de fortalecimiento ciudadano. Ello es así, por cuenta de las debilidades que exhibe nuestra sociedad en el ejercicio de una real acción pública en aras de resolver nuestros problemas fundamentales. Aquí, la noción de acción pública no hace referencia tan sólo al manejo de los poderes y los instrumentos estatales; hablo de la actividad por parte del público, por parte de la sociedad civil, dirigida al logro de objetivos de interés general.



La paz, la modernidad cultural, una identidad digna de Colombia en la comunidad internacional y el crecimiento económico sostenido y sostenible, son nuestros intereses fundamentales.



Un Estado eficaz identifica lo prioritario, orienta sus recursos de modo consecuente con sus objetivos, moviliza la fuerza pública y aplica sus prerrogativas para mantener la preponderancia del Estado de derecho. No menos importante es la obligación del Estado de ejecutar una política económica modernizante y responsable, que asegure además la estabilidad macroeconómica y que provea suficiente certidumbre sobre las reglas del juego aplicables a los agentes económicos.



Pero a los líderes de la sociedad civil, entre los cuales figuran los gremios a pesar de ciertas partidas de defunción extendidas, les corresponden claros compromisos en materia de acción pública.



El compromiso, en primer lugar, de colaborar con los objetivos generales del Estado. El de la crítica informada de los actos de las autoridades. El de vigilar el buen uso de los poderes y recursos puestos en manos de la administración pública. Y el de promover las bases éticas y de administración de justicia para la prosperidad nacional.



El Consejo Gremial Nacional y los gremios en general han asumido estos compromisos durante los últimos años, en circunstancias muy difíciles. El vacío de poder ciudadano es tan amplio y hondo, que los propios gremios han sido desbordados frecuentemente por exigencias públicas que van más allá de sus posibilidades reales. Jamás los gremios podrán sustituir a los partidos políticos (que hoy realmente no existen) ni arrogarse el derecho de representar a la ciudadanía en su conjunto. En verdad, si algunos cometidos de fondo emprendidos por el CGN, que expresan quizás el querer de amplios sectores ciudadanos no llegan a tener pleno éxito, ello no puede tenerse como un fracaso imperdonable de los gremios: El fracaso ha sido, es y será de la Política, así, con P mayúscula.



El CGN no puede, por otra parte, ser más que un agente -poderoso, sí de la crítica pública mediante la palabra, que es su única arma. No puede autoatribuirse ni aceptar papel alguno como órgano de oposición política, por una simple razón: porque no es alternativa de poder. De allí el interés del CGN en promover la creación y consolidación de partidos políticos modernos, democráticamente organizados, que logren ser opciones efectivas de poder público.



Así pues, es muy amplia la agenda de trabajo del establecimiento gremial colombiano. Allí está el capítulo de transitar con eficacia por los retos de la apertura y la inserción internacional, el de promover la cultura de la productividad, el de conseguir que la institucionalidad gremial tenga una organización democrática con participación de todos, el del combate a la iniquidad regulatoria, el de la crítica pública, serena y bien informada, del manejo económico, el del liderazgo cultural para la creación de un verdadero poder ciudadano, el de la promoción de la ética en sus organizaciones y en el ámbito de la sociedad entera.



En una labor esencialmente callada, el CGN adelanta acciones en todos estos capítulos. La historia de sus miembros, que ciertamente no ha llegado a su fin, y su aparato técnico dan lugar a ser optimistas. Así no guste mucho en algunos círculos, los gremios son valores importantes en nuestro acervo institucional.
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