Opinión

  • | 2006/09/15 00:00

    Los líos del gigante

    A la larga, la devaluación y el freno al crecimiento son las consecuencias inevitables de un gran déficit comercial.

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¿Sabe usted cuál fue una de las monedas más débiles del mundo en los últimos tres años? Claro que lo sabe: la de Estados Unidos, que se devaluó frente al peso 24% en 40 meses. El dólar también cayó frente a monedas menos fuertes que la colombiana, como el euro, el yen y el yuan. Reconozco que no miré la lista completa de países, pero puedo asegurarle que, hablando de ratones para arriba, ninguno tuvo una moneda más débil que el león de la selva.

Pero el problema de Estados Unidos trasciende el de una moneda débil. Después del período de crecimiento sostenido más largo de la historia, desde la primera Guerra del Golfo en 1991, y poco después de haber sido confirmado ese país como el más competitivo de los desarrollados, las noticias se refieren, con creciente frecuencia, a desaceleración así nadie hable, todavía, de recesión.

Quiero proponer y contestar dos preguntas. Primera, ¿por qué es tan débil la moneda de Estados Unidos? Segunda, ¿por qué esa economía parece encaminarse hacia un período flojo? A algunos de mis lectores esos temas hasta pueden interesarles en abstracto. A mí, provinciano sin remedio, me interesan sobre todo porque ayudan a comprender los problemas y perspectivas locales.

Para comenzar, no hay duda de que la debilidad del dólar se debe al enorme déficit de la balanza en cuenta corriente de Estados Unidos. En la práctica, para ir de una vez a la almendra, se debe a un gran exceso de importaciones sobre las exportaciones de bienes pues en ese país el déficit "corriente" casi coincide con el comercial. En los últimos 12 meses Estados Unidos le compró al resto del mundo US$807.000 millones más en bienes de los que le vendió. La brecha viene duplicándose cada cuatro años y ya supera 6% del Producto Interno Bruto. A ese ritmo la deuda relativa de Estados Unidos con el mundo pronto excederá los niveles críticos de hace una década en varios países latinoamericanos.

Con un déficit comercial tan grande, que por definición implica entregarle al mundo muchos más dólares de los que este está dispuesto a destinar a compras de bienes estadounidenses, es natural que el dólar se deprecie, que se devalúe, y eso es lo que ocurrió. Lo extraño es que la caída del dólar, que debía haber reducido las importaciones y alentado las exportaciones, fuera tan poco eficaz para corregir el desequilibrio. La explicación del fracaso se relaciona, en parte con la decisión del resto del mundo de recortar sus márgenes en exportaciones para seguir vendiéndole a la potencia, en lugar de permitir que se encarecieran y redujeran las compras de ese país. Pero la principal explicación es que algunos de los países que tienen los mayores superávits comerciales con la potencia, como China y Japón, hacen hasta lo imposible para evitar que sus monedas se aprecien en detrimento de su competitividad, y para ello están dispuestos a acumular todos los dólares que Estados Unidos les ofrezca.

Una vez se entienden las limitaciones para que la devaluación del dólar reduzca el desequilibrio es natural preguntarse qué más puede pasar. Todos sabemos que "cuando una situación es insostenible, a la postre no se sostiene", pero quizá no es tan clara la vía, complementaria a la devaluación, para corregir un desequilibrio comercial excesivo.

Aparte de que el déficit corriente de Estados Unidos continúe creciendo indefinidamente como hasta ahora, o que el dólar caiga muchísimo más, la "solución" sería que en Estados Unidos se reduzca la demanda agregada y, con ella, la de importaciones. Es lo que siempre ha acabado por ocurrir en los países donde el desequilibrio comercial o de la balanza corriente se sale de madre. A esa solución puede llegarse mediante políticas fiscales y monetarias que moderen la demanda y aumenten el ahorro (pero no recuerdo haber visto tal cosa más que en los libros de texto) o por un desplome de la confianza de los consumidores e inversionistas que, como hoy, y como casi siempre, coincide con la explosión de burbujas de activos que se hincharon en los años de auge.

Lo malo es que no hay ninguna garantía de que una leve desaceleración de Estados Unidos, digamos al 2% anual, logre hacer manejable el déficit comercial. La "solución final" casi con seguridad incluirá una combinación de devaluación extra del dólar y una desaceleración seria, si no una recesión franca.

Con ello podemos volver a Colombia. Acabo de terminar mi exploración detallada de las perspectivas de la balanza de pagos y, a diferencia de las proyecciones oficiales, que parecen no darse cuenta del aumento explosivo de las importaciones, creo que en los próximos cuatro años el déficit de la cuenta corriente alcanzará un nivel relativo parecido al de Estados Unidos. Si un desequilibrio como ese llevó a un desplome de la moneda del coloso y está erosionando las condiciones para su crecimiento ¿qué cree usted que ocurrirá si el déficit crece de esa manera en Colombia, que todavía tiene dos o tres debilidades y desventajas frente a la potencia mundial?
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