Opinión

  • | 2005/02/18 00:00

    Los hombres se casan, las mujeres se separan

    Sin importar las razones para casarse o separarse, en la relación de pareja cada uno se debe hacer cargo de sí mismo.

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Cada vez con mayor frecuencia, encuentro en la consulta de pareja que son las mujeres quienes más solicitan la separación, si no se introducen cambios importantes en la relación. Y por el contrario, al analizar cómo se inició la relación, por qué se casaron y qué expectativas tenían al inicio del matrimonio o del vínculo, fueron los hombres quienes propusieron la convivencia o el matrimonio, así ellas estuvieran de acuerdo y tuvieran, al igual que ellos, la ilusión de vivir juntos "para toda la vida".

En un esquema tradicional de matrimonio o relación estable de pareja, en el cual la mujer era la principal proveedora del cariño y del afecto, la comunicación y la comida caliente, entre otras, y el hombre estaba a cargo de la estabilidad económica, la mujer permanecía en la relación, si no tenía un medio de sustento propio, aunque no estuviera recibiendo el afecto que querría. Esto parece estar cambiando. Hoy, cuando la mujer aporta no solamente el sustento afectivo sino también contribuye -o asume en su totalidad, como he visto en algunos casos- el sustento económico, al no sentirse satisfecha en el plano afectivo o de intereses y valores, prefiere continuar sola, con o sin hijos.

Quizá por esto ha aumentado la solicitud de terapia de pareja por parte de los hombres. Hace 20 años eran siempre las mujeres quienes llamaban a pedir esa primera cita, después de haber rogado y logrado convencer a su pareja de asistir a la terapia. Hoy en cambio también llaman los hombres y buscan, "al cabo de las cansadas", como decía mi mamá, salvar la relación a toda costa: ahora sí están dispuestos a cambiar, a ser más cariñosos, a tener más en cuenta los detalles, a compartir más tiempo con ellas y sobre todo a reconocerlas explícitamente como sus compañeras en las múltiples dimensiones de la vida. Ellas a su vez han estado reclamando esos espacios, han buscado ser coequiperas, tienen la preparación personal y profesional para acompañar y entender las decisiones profesionales y personales, pero se cansaron. Se cansaron de pedir, de esperar, de soñar solas.

Esos hombres entran en pánico ante la decisión de ellas de separarse. Ahora dejan de ser atractivas todas esas distracciones que los han mantenido alejados y cobran una gran importancia las razones por las cuales precisamente le propusieron matrimonio a esta misma mujer. Las expresiones de cariño, las atenciones, el cuidado, la aceptación y la admiración que esa mujer les ha manifestado -independientemente, muchas veces de su propia conducta- serán lo que echarán de menos al separarse y que cobra un mayor valor al saber que se puede perder.

A su vez, las mujeres que se casaron, para bien o para mal, para ser atendidas y consentidas y se encontraron con otra realidad que les ha exigido a lo largo de los años acomodarse a múltiples cosas que no les gustan y han cedido sus espacios en pro de que algún día se cumpliera esa expectativa inicial de compañía y prelación, al darse cuenta finalmente de que no la van a recibir, aprenden, a las malas, que no deben esperar tanto del otro. Comienzan así a buscar en su propio interior lo que esperaban recibir de otro, acuden a cuanto curso de desarrollo personal se encuentran y al fin les ocurre el milagro: se desprenden de la expectativa y se sienten capaces de continuar solas. Y entonces plantean la separación.

Sin importar las razones que llevan a cada uno a casarse o separarse, de las expectativas que se hicieron al inicio de la relación y de la forma como cada cual la ha llevado y ha enfrentado las dificultades, la relación de pareja es una gran oportunidad de evidenciar que cada uno se tiene que hacer cargo de sí mismo. Si para el hombre el matrimonio es una forma de vida y para la mujer es la solución a su vida afectiva, tanto él como ella están poniendo en el otro la definición de su propia vida y esto genera el temor de perder al otro, por la razón que sea. La opción es que cada uno busque su desarrollo personal en compañía del otro, pero no en el otro, y que ambos tengan la alternativa de quedarse o de irse en función de lo que requiera su propio desarrollo.



conniedesantamaria68@hotmail.com
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