Opinión

  • | 2009/04/17 00:00

    Los estudios técnicos y tecnológicos

    Hay que destacar y divulgar la importancia que tiene esta formación para el sector productivo y el desarrollo del país.

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En artículos anteriores he planteado la necesidad de mejorar el cubrimiento, la pertinencia y la calidad de la educación básica y media. Hoy me refiero a los estudios técnicos y tecnológicos, entendiendo los primeros como la formación práctica para desempeñar determinadas ocupaciones y oficios calificados que no requieren grandes bases científicas o teóricas y, los segundos, como la aplicación de la ciencia para la resolución de problemas concretos.

Si bien, en los últimos años el país ha logrado incentivar la vinculación de los jóvenes a carreras técnicas y tecnológicas, (mientras en 2002 la matrícula a estas carreras era de aproximadamente 183.000 jóvenes, en 2007 se encontraban matriculados un poco más de 385.000), son varios los retos que deben asumirse para aumentar tanto el acceso y la permanencia de jóvenes en estos procesos formativos como su vinculación al sector productivo una vez finalicen sus estudios.

Quiero centrarme en dos aspectos: uno, la importancia que tiene estimular esta formación, lo cual implica una re-valoración social, económica y política de la misma y, dos, la articulación que debe existir entre el sistema educativo y el sector productivo para que esta formación sea un motor para el desarrollo.

Nuestra cultura privilegia la formación profesional: en los últimos tres años, de los bachilleres que acceden a la educación superior, la matrícula universitaria ha alcanzado un 74,6% frente a un 20,7% de estudiantes vinculados a programas técnicos y tecnológicos. Esto presenta desventajas en la vida moderna, caracterizada por el predominio del conocimiento científico y tecnológico y su incorporación al sector productivo, así como por una alta diversificación y especialización del mundo laboral.

Hay que destacar y divulgar la importancia que tiene esta formación para el sector productivo y el desarrollo del país, de tal forma que los jóvenes y sus familias perciban que el ingreso a este tipo de educación es un camino que les permitirá iniciar su profesionalización y que tiene el reconocimiento debido en el mercado laboral y en la sociedad. Esto implica replantear la concepción que se tiene sobre el trabajo técnico y tecnológico, valorándolo y reconociéndolo, lo que contribuye a disminuir las brechas sociales.

Otro reto importante es promover la articulación entre el sector educativo y el productivo con miras a orientar los programas de acuerdo con las necesidades de las regiones. Tenemos que trabajar en conjunto para comprender en qué es o puede ser competitiva cada región y cuál perfil de técnicos y tecnólogos se requiere para impulsar su desarrollo.

Esto, desde el sector productivo, implica contribuir a construir currículos pertinentes que posibiliten a los egresados de estos programas competir en el mercado laboral; impulsar el desarrollo de carreras técnicas y tecnológicas pertinentes; vincularse a las iniciativas planteadas desde el Ministerio de Educación, como los Centros Regionales de Educación Superior -Ceres-, los fondos concursables para el fortalecimiento de la educación técnica y tecnológica, el observatorio laboral para la educación; la creación de becas, tanto para incentivar el acceso y la permanencia como la continuidad de la formación profesional de los técnicos y tecnólogos e incentivar con salarios y condiciones laborales favorables.

Por su parte, el sector educativo debe trabajar por la articulación de estos programas con los estudios profesionales, fortalecer los estudios de postgrados, propiciar la movilidad a través de convenios y alianzas con universidades nacionales y extranjeras que hagan posible complementar los niveles de calidad educativa requeridos.

No quiero dejar la sensación de que el país ha estado de espaldas a este problema. A nivel de la política pública educativa hay avances, pero todavía falta mucho por hacer. Mi invitación al empresariado es a revisar estos temas y vincularse, trabajando en conjunto con las autoridades y con las universidades e institutos en cada región.

El sector empresarial es un actor estratégico en este tema, necesita enfrentar la competitividad internacional y para lograrlo tiene, entre otras cosas, que contar en cada región con técnicos, tecnólogos y profesionales idóneos.

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