Opinión

  • | 1997/08/01 00:00

    Los dueños del país

    De los grandes cacaos se hacen los mejores chocolates.

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Según el historiador Will Durant, en el período de tránsito de la democracia a la tiranía, Atenas fue gobernada por una plutocracia, nueva clase que reemplazó a la de los terratenientes. Esta clase, compuesta fundamentalmente por los recién enriquecidos industriales, comerciantes y banqueros, produjo en Atenas un desaforo insaciable por el dinero, "pleonexia" como lo llamaban los griegos, que conllevó a exacerbar las diferencias entre los poderosos de su época y los pobres. A su vez, los pobres se unieron para despojar del poder a los ricos a través de leyes, impuestos y revoluciones y los ricos se unieron para protegerse de los pobres. Los enfrentamientos condujeron a la inevitable lucha de clases y la desaparición prematura de la democracia ateniense.



En Colombia, país singular como ninguno, hemos dado un paso adelante a la plutocracia ateniense y es el permitir la existencia de una "cacaocracia". Esta "cacaocracia" no se circunscribe a los grandes grupos económicos, sino que incluye a las cabezas de los sindicatos públicos y a ciertos elementos de la clase política que se han apoderado de buena parte del patrimonio público.



En el caso concreto de los principales grupos empresariales, las acusaciones en su contra; que la mala distribución del ingreso, la pobreza y el bajo crecimiento dentro del esquema neoliberal y aperturista es una acusación tan equivocada como ligera. Por el contrario, si ha habido una labor digna de encomio hacia los grandes grupos es la creación de empresas y nuevos puestos de trabajo -que nada tienen que ver con las privatizaciones- en un momento en que la situación del país no puede ser más crítica. Como lo señala Juan Manuel Santos en su columna (El Tiempo, julio 18/97): "El origen de esos males es otro: burocracias ineficientes y corruptas que no funcionan, gobiernos que se arrodillan ante los poderosos y, sobre todo, políticas equivocadas".



El adjudicarle la culpa de nuestros males al modelo neoliberal es también una ligereza. Santos señala en el mismo artículo: "Si el ingreso se ha concentrado en pocas manos no es culpa de ningún modelo sino por falta de políticas redistributivas o antimonopólicas o porque el gobierno -por acción, omisión, debilidad o complicidad- les ha permitido a unos pocos quedarse con los mejores y más grandes negocios del país".



Pero lo que no es admisible son las continuas genuflexiones de este gobierno con los grandes cacaos. Que si no les conviene el período de adjudicación de tal o cual concesión monopólica, ¿a qué tiempo les conviene y cuándo les interesa pagar? Que si no les gustó tal o cual adjudicación de radio o televisión, que no se preocupen que se les va a acomodar a su conveniencia. Que si prefieren que se privatice de una u otra forma, que no pierdan el sueño y que así se hará. Lo que no puede ser es que los grandes monopolios simplemente cambien de dueño.



Lo que requiere el país es mayor apertura, mayor competencia y eliminación total de los monopolios tanto públicos como privados. Con una sana política de cielos abiertos no estaríamos los colombianos pagando las tarifas aéreas más caras del mundo. Ni con una apertura del crédito externo tendríamos que seguir los industriales soportando las exigencias desmedidas de los intermediarios financieros locales.



Si el país quiere profundizar la lucha de clases, ahondar la recesión y extender el abismo entre los ingresos de ricos y pobres, no debe vacilar en volver al pasado y restablecer el modelo proteccionista que favorece exclusivamente a los poderosos. Pero la solución es otra. Como lo señaló Eduardo Lora en su columna (El Espectador, julio 20/97): "La experiencia latinoamericana ofrece una respuesta muy sencilla a esta discusión: la confianza se restablece mirando hacia adelante, no hacia atrás, ni hacia el fondo del abismo. En términos concretos esto significa continuar con las reformas estructurales y reforzar la disciplina macro, en vez de retomar al intervencionismo del pasado o sucumbir a los gritos desesperados de auxilio de quienes se declaran víctimas de la recesión." "Mientras tanto Colombia y Ecuador dan tumbos sin objetivo definido. En Colombia son frecuentes las señales de reversa y hay vacío de dirección, pública y privada, en todas las áreas importantes de reforma estructural".



De lo que prácticamente nadie habla es de los grandes cacaos en otros campos, como son las cabezas de los sindicatos de los grandes monopolios públicos. Quién pone en duda que las políticas petroleras las impone el presidente de la USO quien tiene con sus amenazas de huelga arrodillado a este débil gobierno en caso que no se cumplan sus ambiciones. ¿No es acaso el líder sindical del gremio de profesores, el señor Montes de Oca, quien tiene la palabra en las políticas de educación? ¿No ha sido hasta la fecha el presidente del sindicato de Telecom quien ha impuesto las políticas de apertura en el sector de telecomunicaciones?



¿Y qué se puede decir de los grandes cacaos políticos que lograron en la Constituyente mantener la vigencia del Estado cantinero, la mayor fuente de peculado y corrupción de los departamentos? ¿Y qué se dice de los grandes cacaos políticos que se han adueñado de los institutos descentralizados, manejando sus recursos y la nómina a su libre albedrío?



Pero no hay que olvidar que tarde o temprano todo llega a su fin. Con la decisión de la Sala de Casación Civil de la Corte Suprema de Justicia de autorizar a las empresas de telefonía municipal a prestar los servicios de comunicaciones de larga distancia, la Empresa Nacional de Telecomunicaciones, Telecom, perdió el monopolio del manejo de este sector. De esta forma se abre la libre competencia en la prestación del servicio con miras a la baja de las tarifas para los usuarios.



El gran cacao de las comunicaciones, el presidente de Telecom, de un día para otro perdió todo su poder. Tendrá que cargar el resto de su vida con la inminente pérdida de miles de empleados de la empresa estatal, y la eventual desaparición de Telecom como factor decisivo en este sector.



No podemos olvidar una máxima histórica, parafraseando un reciente "best-seller" "De los grandes cacaos se hacen los mejores chocolates".
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