Opinión

  • | 2008/07/18 00:00

    Los dilemas de política económica frente a una peculiar coyuntura internacional

    La combinación de hechos económicos y su impacto en américa latina fueron analizados por economistas y financistas mundiales. Las conclusiones.

COMPARTIR

Las crisis y desaceleraciones económicas en el primer mundo conducían habitualmente a fuertes caídas de los precios de los productos básicos, como quiera que Estados Unidos y Europa eran los principales consumidores de éstos productos. En esta ocasión, por el contrario, la crisis financiera originada en los Estados Unidos y la consecuente desaceleración de su economía han coincidido con un aumento espectacular en los precios de los alimentos y los energéticos. Para examinar las causas de esta peculiar combinación de hechos económicos y sus consecuencias sobre América Latina, el ex presidente del BID, Enrique Iglesias, reunió la semana pasada en España a un grupo selecto de economistas y financistas latinoamericanos y del primer mundo. Resumo mis conclusiones de esa reunión.

Para comenzar, hubo consenso en que la crisis financiera internacional no ha tocado fondo. El mercado de vivienda en Estados Unidos y Europa sigue cayendo y se espera que algunos bancos de inversión tendrán que reconocer nuevas pérdidas. Justo cuando estábamos reunidos se hizo pública la caída y rescate de un banco danés. La enorme incertidumbre ha generado un estrangulamiento en todos los mercados de crédito en los Estados Unidos que ha llevado a la FED a ofrecer y mantener líneas excepcionales de liquidez, que hasta hace un año se habrían considerado heterodoxas en cualquier parte del mundo.

América Latina ha resultado casi inmune a los efectos de esta crisis financiera, en contraste con lo que sucedía en el pasado. Por primera vez, los mercados consideran los activos financieros latinos como de menor riesgo que los bonos corporativos de "alto rendimiento" en el mundo desarrollado -como lo demuestra la comparación de los spreads correspondientes- y en lugar de un frenazo en los flujos de capital hacia América Latina, éstos se han mantenido muy altos y, en ocasiones, han aumentado, incentivados por los diferenciales en tasas de interés. En la reunión hubo consenso en que esta situación inédita se debe en parte a mejoras en la política económica y financiera en América Latina: menor deuda externa y déficits fiscales, altas reservas y bancos más sólidos. Pero también a los altos precios de los productos básicos que permiten que la mayor parte de la región siga creciendo con rapidez y manteniendo superávits en la cuenta corriente externa (y altas reservas) a pesar de la desaceleración de sus mercados de exportación en el primer mundo, lo que la hace muy atractiva para el capital internacional.

Hubo también consenso en que los precios de los productos básicos no han caído a pesar de la desaceleración en el primer mundo en razón a que Asia, y en particular China, han desplazado a Estados Unidos y Europa como principal fuente del crecimiento de la demanda. El vigoroso crecimiento asiático mantiene las condiciones estructurales que han llevado al repunte de estos precios desde 2002. A ello se han sumado los efectos de la devaluación del dólar y de la propia crisis financiera: ante la incertidumbre y las bajas tasas de interés en Estados Unidos, muchos capitales se invierten en commodities, cuyos precios se espera que se mantengan altos. Se consideró que Asia mantendrá altas tasas de crecimiento y, por ende, que los precios de los alimentos y energéticos se mantendrán altos, así no sigan subiendo e incluso algunos se normalicen un tanto.

Los altos precios de los alimentos y energéticos traen consigo tanto beneficios como problemas para América Latina. La mayoría de los países de la región son exportadores netos de estos productos y estos altos precios les han permitido seguir creciendo a tasas altas y aislarse de los efectos negativos de la crisis financiera, manteniendo superávits en cuenta corriente externa y altas reservas. Pero, en primer lugar, no todos los países de la región se benefician de esta circunstancia: Centro América y el Caribe son importadores netos de alimentos y energéticos y están sufriendo en consecuencia choques adversos considerables. En segundo lugar, todos los países del mundo, y América Latina no es la excepción, están padeciendo presiones inflacionarias.

El alza de precios de alimentos y energéticos ha impulsado el alza de precios domésticos en todo el mundo, en momentos en que comienza un ciclo económico de desaceleración en casi todos los países. En consecuencia, los Bancos Centrales afrontan complejos dilemas de política monetaria que se resuelven de diversa forma según la prioridad otorgada a distintos objetivos de la política y a las condiciones particulares de cada economía. En los Estados Unidos, la FED ha privilegiado hasta ahora el objetivo de estabilidad financiera y de atenuar las fuerzas recesivas, bajando tasas de interés y aumentando liquidez, aun cuando los últimos pronunciamientos sugieren un posible cambio de dirección en el futuro. El Banco Central Europeo, por el contrario, ha dado prioridad a la contención de presiones inflacionarias, si bien lo ha hecho con moderación.
 
Los Bancos Centrales asiáticos han privilegiado el mantener tipos de cambio competitivo, evitando apreciaciones muy fuertes, y tasas de crecimiento alto, de modo que han elevado poco sus tasas de interés y han intervenido activamente en el mercado cambiario. En América Latina ha habido diversas posiciones. El Banco Central argentino ha seguido una estrategia similar a la de los países asiáticos, pero ha sido menos exitoso que aquellos en controlar las presiones inflacionarias, en parte porque el gobierno ha aumentado más el gasto público que sus colegas asiáticos. En el otro extremo, los Bancos Centrales de Colombia y Brasil han dado prioridad casi absoluta al control de la inflación, manteniendo diferenciales muy altos de tasas de interés que han conducido a una apreciación muy fuerte de sus monedas. México, Chile y Perú han seguido una estrategia intermedia, apretando con moderación la política monetaria y procurando evitar apreciaciones excesivas del tipo de cambio.

En la reunión hubo variedad de opiniones sobre el manejo más adecuado de la política monetaria y cambiaria en estas circunstancias. Pero hubo consenso en que mientras Asia siga creciendo tan rápido y los Estados Unidos mantengan tasas bajas de interés, los Bancos Centrales de la región tendrán en sus manos un dilema de imposible solución: no habrá forma de que la política monetaria contraccionista evite del todo las alzas de precios, puesto que estas no dependen en lo esencial de la demanda doméstica, y, en cambio, agudizará la revaluación de las monedas por el mayor diferencial en tasas de interés con Estados Unidos, con efectos negativos para el crecimiento a largo plazo.
 
El dilema será tanto más severo cuanto más expansionista sea la política fiscal. Colombia, con su alto crecimiento del gasto público y un déficit grande en cuenta corriente externo que representa una vulnerabilidad importante, es uno de los países de la región donde este dilema se presenta en su forma más aguda.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?