Opinión

  • | 1998/02/18 00:00

    Los caminos del empleo

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Algunos autores anticipan que los grandes problemas del próximo siglo serán la explosión demográfica en el Tercer Mundo, el deterioro ambiental y la crisis de liderazgo. Necesariamente el desempleo aumenta la lista. Cuando se cree ganada la batalla contra la inflación, el desempleo se erige en una calamidad que afecta los logros de la tecnología.



El discurso político incluye en su contenido la relación entre tecnología y desempleo y lo hace de varias maneras, que podemos sintetizar en dos: el rechazo a la tecnología o la exigencia para que los mayores ingresos originados por ella se pongan al servicio de reducir el desempleo. Por supuesto, ésta última es la válida.



Los gobiernos de Francia y Gran Bretaña inician la aplicación de sus estrategias de generación de empleo. Ambas tienen elementos comunes como la prioridad en favor del trabajo de los jóvenes entre 18 y 30 años y los subsidios a los empleadores. Pero en algunos puntos difieren en mayor o menor grado. Los franceses proponen reducir la jornada de trabajo y la creación de 700 mil empleos en el sector público. Los ingleses ponen mayor énfasis en la capacitación técnica.



La oposición francesa esgrime en contra de la reducción de la jornada de trabajo que, al aumentar costos, las empresas serán menos competitivas, en perjuicio del empleo o, de lo contrario, se verán obligadas a incrementar la productividad, cuyo resultado también será mayor desempleo. Además, rechaza la oferta de subsidios por el efecto fiscal negativo, que puede llevar a que se exceda el déficit fiscal máximo permitido para cumplir las exigencias de la Unión Europea sobre unidad monetaria. La misma razón se invoca para oponerse a la creación de empleos estatales.



En Inglaterra, con oposición aún imperceptible, el tema ha sido conectado con la reforma a la seguridad social, que en concepto de algunos tiene como objetivo liberar recursos fiscales que puedan reorientarse a la capacitación técnica y al pago de subsidios a los empleadores, que creen nuevos empleos. Si bien el gobierno apenas ha iniciado un debate de generalidades sobre seguridad social, los resultados de la eventual reforma serán de largo plazo, razón para buscar recursos de otras fuentes para financiar el programa de empleo.



Dejando a un lado estos dos casos europeos, lo importante es mirar el tema del empleo en armonía con la globalización y la inflación. Por ende, el Estado, como actor necesario para enfrentarlo, tiene que intervenir de acuerdo con los parámetros de mayor productividad en la aplicación de recursos públicos. En ausencia de un cuidadoso manejo de este concepto, cualquier esfuerzo público contra el desempleo puede traducirse en incremento inflacionario y en deterioro de la competitividad global y el nivel general de ingresos.
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