Opinión

  • | 2004/09/03 00:00

    Lógica y matemática

    Un estudio de cómo se desarrolla la confrontación armada confirma la lógica de que orientar el gasto a eliminar las causas del enrolamiento en la guerrilla sería mucho más eficiente que el gasto militar.

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Hecho por José Fernando Isaza y Diógenes Campos circula un interesante modelo matemático de la guerra que vive Colombia. Consiste en volver fórmulas lo que para el no especialista es lógica argumentativa: usar como variables y parámetros los supuestos y datos de los cuales parten, y con ellos obtener las funciones que representan los diferentes escenarios por analizar.

La aplicación a diferentes casos produce conclusiones de rigor matemático que no nacen de lo que una u otra persona piensa, ni involucren juicios de valor (qué es 'bueno' o 'malo'); solo admiten como duda el que los supuestos asumidos sean o no correctos.

Sin profundizar en cómo se 'matematiza' el problema, hay dos puntos a estudiar:

1) Los supuestos asumidos, para evaluar su acierto.

2) Qué datos provienen de qué fuentes de información -y lo que en el fondo ellos expresan-.

Ejemplo de lo primero es la diferenciación entre ejércitos regulares e irregulares, ajena a la calificación de legales e ilegales (se estudia cómo se desarrolla una confrontación armada, y no la razón para continuarla).

Otros supuestos que asumen son:

- El contingente estable de la guerrilla es de 25.000 hombres.

- Las bajas de un ejército dependen de la efectividad del otro.

- El reemplazo de combatientes depende de varios factores, pero es muy alto tanto para la fuerza oficial -por el servicio militar obligatorio-, como para las fuerzas irregulares -lo dicen las cifras oficiales-. Citando a UNICEF, esto último lo atribuyen a las condiciones socioeconómicas del país: "(.) las principales causas de su incorporación a los grupos armados han sido la pobreza, la inequidad y la existencia misma del conflicto. La mayoría dice haber ingresado entre los 11 y 14 años, el 83% en forma voluntaria y el 14% de forma forzada".

- El Ejército busca que sus efectivos sean 10 veces los de la guerrilla.

- Hay un tercer factor nuevo y 'caótico': el Ejército combate la guerrilla y en menor escala a los paramilitares; la guerrilla combate a paramilitares y Ejército; los paramilitares combaten la guerrilla y no atacan al Ejército.

Ejemplo de lo segundo, es que, según los datos de las Fuerzas Militares, la relación de los efectivos guerrilleros puestos fuera de combate en los últimos tres años y su número actual (que supera el de entonces) mostraría una recuperación de 2,62 por cada baja causada, una vocación subversiva 'asombrosa'.

Otros datos de fuentes oficiales, que sirven para justificar el incremento del pie de fuerza del Ejército pero que no son claros en su presentación, son:

- Capturas de guerrilleros y paramilitares en 2003: 10.142 (preguntan los autores: ¿aumentó en eso la población carcelaria?).

- En los primeros 5 meses de 2004, el número de miembros de grupos ilegales puestos fuera de combate ascendió a 5.897 (anotan que se incluyen los capturados en las nuevas 'pescas milagrosas', la mayoría dejados prontamente en libertad).

- En efectividad en la lucha contra la guerrilla, un paramilitar equivale a dos miembros del Ejército (según declaraciones del anterior Comandante del Ejército).

El ejercicio final es la comparación de las funciones en tres escenarios diferentes. Uno con las cifras anteriores al gobierno Uribe, uno con las de las fuentes oficiales, y uno en que se ajustan algunas a valores probables (en particular la tasa de recuperación de los armados ilegales que se estima en 0,87; la efectividad, o la cantidad de bajas que se causan en las filas del otro entre guerrilla y paramilitares -sobre las cuales no hay cifras oficiales-; y la 'efectividad comparada' de paramilitares con las fuerzas oficiales, que se estima no en el doble, sino en una relación de 4 a 1).

Vale la pena aclarar que este ejercicio fue parte de un curso avanzado de matemáticas, y no tuvo, en su origen, el propósito de sacar conclusiones sobre el conflicto colombiano. Luego lo desarrollaron con una orientación específica hacia ello, lo que produjo:

- En ningún escenario se proyecta un resultado claro y por el contrario todos tienden hacia una situación de equilibrio con determinado número de soldados, guerrilleros y paramilitares (los autores señalan que esa estabilidad era con menores costos y menos efectivos en la época 'preUribe').

- La tasa de reemplazo de combatientes es más significativa que la mayor o menor efectividad comparativa de las diferentes fuerzas enfrentadas.

- Lo determinante no es aumentar o mantener un determinado pie de fuerza: la variable crítica es la tasa de reemplazo de los armados ilegales.

De donde, las siguientes consideraciones:

- Habrá una tendencia o 'tentación' (por costos y efectividad) a apoyarse más en grupos ilegales que en las fuerzas oficiales para derrotar a la guerrilla.

- Hay una relación directa entre el nivel de armamento o de terror que inspira un contendiente sobre el otro y los recursos que ese intentará destinar para equilibrar ese peligro supuesto o real.

- Debido a lo anterior, se puede llegar al propósito (o necesidad) de incrementar el gasto por encima de las posibilidades económicas.

- En el caso colombiano, cada una de las partes entiende esto y espera ganar así la guerra. El Estado, cortando las fuentes del narcotráfico (de donde la dependencia absoluta de la ayuda estadounidense) y la guerrilla esperando el agotamiento de la capacidad del Estado.

- El gasto militar crece más que el gasto de la guerrilla, tanto en términos absolutos como en términos relativos (la guerrilla es más 'austera' y más adaptable a la reducción de los recursos).

- El costo para el Estado de reducir un efectivo de los paramilitares o la guerrilla es de $450 millones (la guerrilla lo estima en US$200.000).

- El costo de entrenamiento para remplazarlo representa a la guerrilla una cifra 100 veces menor.

- La forma de hacer la guerra más eficiente y menos costosa en vidas y sufrimientos es reducir la tasa de reemplazo de la guerrilla.

El documento se complementa con un análisis de la eficiencia del gasto, en cuanto a disminuir la susceptibilidad de la población a caer en la tentación guerrillera, si se destinara a fuentes de empleo, salud y alimentos. Y concluyen "es posible producir un decrecimiento real de la guerrilla actuando política y económicamente en las zonas más vulnerables del país, en particular del país rural. En esta forma se pueden crear las condiciones para una paz política que no implica -en palabras de Hernando Gómez- una negociación, sino que equivale a 'asfixiar' la insurrección con más democracia".

Este trabajo confirma la lógica de que orientar el gasto a eliminar las causas del enrolamiento en la guerrilla sería infinitamente más eficiente que el gasto militar. La novedad consistiría en que la razón y el propósito de optar por esta alternativa no sería eliminar los motivos de la guerra, sino situarse en mejores condiciones para ganarla.

Tal vez al Presidente le suene esto y también sin cambiar de propósito cambie de estrategia, como parece sucedió con los acuerdos humanitarios cuando las encuestas dijeron que favorecerían sus posibilidades de reelección.
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