Opinión

  • | 1999/06/18 00:00

    Liderazgo para los más pobres

    Con lo que se ha gastado en la guerra de Kosovo, habríamos podido desarrollar tres vacunas contra enfermedades infecciosas.

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Los tiempos son difíciles para los países más pobres del mundo. Siempre marginados dentro del sistema económico mundial, estos países están enfrentando aun más abandono de lo normal. Después de un rompimiento en los acercamientos diplomáticos, el primer mundo está ocupado lanzando bombas sobre Serbia, a un costo de miles de millones de dólares por mes, y no dudará en dedicar miles de millones más para limpiar y reparar los daños ocasionados por estas bombas, una vez que un acuerdo diplomático finalmente se lleve a cabo. Mientras tanto, a los países más pobres se les dice que queda muy poco para ellos. Es probable que el alivio de la deuda para los más pobres de los pobres continúe a un ritmo extremadamente insuficiente, incluso con las nuevas propuestas que serán lanzadas en la cumbre del G-8. Muchas de las instituciones internacionales claves que realmente podrían ayudar a los países pobres, están viendo despiadadamente recortados sus presupuestos.



Un reciente espectáculo en Ginebra fue particularmente atroz. La Organización Mundial de la Salud (OMS), la institución líder encargada de proteger la salud pública mundial, ha llevado a cabo en el último año reformas muy importantes bajo el nuevo liderazgo del doctor Gro Bruntland, ex primer ministro noruego. Sobre la base de estas reformas y la nueva agenda en salud global de la OMS, el doctor Bruntland hizo la solicitud en extremo modesta de que el presupuesto central de la OMS por parte de los países donantes debería ser aumentado lo suficiente para poder absorber los costos crecientes que se deben a la inflación y a las variaciones en las tasas de cambio. Aun así, esta modesta solicitud fue rechazada por los gobiernos donantes. La OMS continuará siendo exprimida para obtener fondos, mientras que la urgencia de su misión se incrementa cada día.



Esta decisión, promovida principalmente por Estados Unidos, refleja el triste abandono del liderazgo de este país, evidente en muchas partes del mundo. La administración Clinton ha dejado de pagar las deudas de su país a las Naciones Unidas, en parte debido a la oposición republicana en el Senado, pero también debido simplemente a que la administración Clinton no ha estado dispuesta a defender con dignidad las actividades de las Naciones Unidas como una prioridad para Estados Unidos. Por un lado, Estados Unidos presiona por reformas a las agencias de las Naciones Unidas, pero cuando las llevan a cabo, como en el caso de la OMS, las reformas enfrentan los llamados de este país (Estados Unidos) para tener aun mayor austeridad en el presupuesto.



El resultado es un desastre continuado para los países más pobres, donde la carga de enfermedades infecciosas se está incrementando de forma descarnada; en enfermedades que van desde la malaria, hasta el VIH/sida y la tuberculosis. Pero los países ricos, incluyendo a Estados Unidos, no deberían engañarse a sí mismos. Los microbios no respetan las fronteras nacionales y no esperan por la revisión de pasaportes. El alarmante incremento de enfermedades infecciosas será una carga para todo el mundo, no sólo para los países más pobres.



La triste ironía es que los recientes avances científicos en biología y tecnología de la información realmente hacen posible el desarrollo y uso de herramientas innovadoras para enfrentar estas mortales enfermedades. La tecnología en vacunas dio un salto en la década pasada. Las vacunas para todas estas temibles enfermedades están dentro del alcance científico, pero requerirán unos cuantos miles de millones de dólares para sacar adelante las etapas de investigación y desarrollo y llevarlas a su uso real. Aun así, a un costo de unos pocos miles de millones de dólares, los beneficios humanos por dólar ahorrado estarán entre las mayores contribuciones posibles a la humanidad. Después de todo, los diez o más miles de millones de dólares que se han gastado para bombardear Kosovo esta primavera, probablemente habrían podido pagar el trabajo científico necesario en las tres vacunas, a lo largo de los próximos años.



En un área tras otra -incluyendo el cambio climático global, la salud pública, el alivio a la deuda internacional o la reforma del sistema financiero-, el abandono de los países ricos, en especial de Estados Unidos, tristemente pagará las consecuencias. El espacio de atención del mundo rico es demasiado enfocado y muy limitado. Nuestra buena voluntad para gastar dinero parece ser mucho mayor para la guerra que para las soluciones pacíficas y preventivas a los grandes problemas que enfrenta la humanidad y, en especial, los más pobres de los pobres. El tiempo para el liderazgo internacional en estos asuntos es apremiante.
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