Lecciones de la historia para la Nueva Economía

| 12/18/2000 12:00:00 AM

Lecciones de la historia para la Nueva Economía

Los empresarios digitales de hoy pueden aprender importantes lecciones de sus antecesores, los pioneros de los negocios colombianos del siglo pasado.

por Carlos Dávila

¿Habrá algo que la experiencia empresarial colombiana de más de un siglo pueda decirles a los empresarios de la nueva economía, a estos menores de 35 que sueñan con ser multimillonarios antes de sus 40?

Los nuevos empresarios colombianos están enmarcados en un contexto de economía de mercado y globalización diferente del proteccionismo en que nacieron, se reprodujeron y beneficiaron los empresarios del pasado. Tenemos un cambio básico en las reglas de juego. En vez de "jugar al sistema", es decir, aprender los manejos de la política, clientelismo incluido, para poner el Estado a su servicio, los empresarios del comercio electrónico tienen que aprender a jugar al mercado y a sus leyes desde el comienzo, en vez de ser rentistas. Han de estar en una disposición permanente de innovación, lidiando con clientes independientes, elusivos, exigentes e informados. No pueden limitarse a importar tecnología de segunda, sino que deben estar al día, sin que esto se circunscriba a la tecnología informática.



Pero pretender hacer borrón y cuenta nueva sería insensato. Entre los pioneros de la industrialización colombiana hubo destacados ejemplos de cuyos valores, racionalidad y conducta empresarial se puede aprender mucho. La capacidad de estar siempre alerta a las oportunidades de un mercado en configuración y la pasión por el trabajo duro de que hicieron gala muchos pioneros, son valores que tienen hoy la misma importancia que en el pasado. Lo mismo puede decirse de la tenacidad frente a las adversidades de la geografía y la inestabilidad económica y política, y sobre la frugalidad y austeridad que hicieron ver en ellos calvinistas tropicalizados. Evitar el despilfarro sigue siendo una máxima esencial, que vuelve a tener vigencia una vez desinflada la burbuja de los primeros años de la economía digitalizada.



Otra herencia, menos positiva, es que persiste una brecha entre la verdadera cultura empresarial, que exige reciprocidad y confiabilidad entre los agentes del mercado, permitiendo relaciones contractuales transparentes y eficientes, y la cultura basada en la avivatada, el ventajismo y el "tumbe". Antes y ahora, al lado de los empresarios transparentes han estado los opacos. Pero el costo que imponen los deshonestos es hoy mucho mayor, pues sus conductas son un pesado lastre en las relaciones de negocios en el mercado internacional.



Finalmente, la nueva economía trae la oportunidad histórica para que Colombia tenga una comunidad empresarial mucho más abierta y democrática que en el pasado, con un empresariado social y regionalmente muy heterogéneo. No solo las élites ni las tres grandes ciudades han sido fuente de creatividad empresarial; hay un hervidero de iniciativas empresariales basadas en conocimiento en muchas regiones del país. Todavía hay un sesgo no democratizador en los mayores proyectos de la nueva economía, con una participación demasiado elevada de privilegiados que han pasado por las top business schools estadounidenses y han tenido experiencia en Wall Street. Las fuentes de reclutamiento tienen que ser más amplias, abiertas y competitivas, acordes con el terreno que ha quedado abonado en la nueva economía de internet.
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