Las verdades de la política

| 6/23/2000 12:00:00 AM

Las verdades de la política

Si queremos cambiar este país, hay que meter la mano.

por Sergio Fajardo

Es increíble. Ya no es posible recordar la última oportunidad cuando pensamos que, por fin, habíamos tocado fondo. Los enredos políticos suscitados alrededor del fallido referendo, y las más recientes denuncias por corrupción, han servido para ratificar con contundencia un viejo adagio que en Colombia tiene vigencia permanente: toda situación es susceptible de empeorar. El panorama ha cambiado radicalmente.

Ahora, sí tenemos una verdadera crisis. Se nos cruzaron todos los cables posibles. Atrás quedaron las épocas cuando la economía iba por un lado y el resto del país por el otro. En otras palabras, Colombia ya no cabe en el antiguo esquema de economistas que hacen predicciones sobre el crecimiento del PIB y la cifra de la inflación esperada, y dibujan el futuro del país a partir de las encuestas empresariales. Por supuesto, estos aspectos no dejan de ser importantes, pero ahora hay más, muchos más, y si no les ponemos la atención que requieren, no habrá crecimiento del PIB que sirva.



El tema principal es la gente, sus actitudes y sensaciones ante la política y las instituciones asociadas al manejo político. Escribo a partir de mi experiencia particular, cuando con un grupo importante de personas y organizaciones en Medellín, tomamos la decisión de participar en política electoral, desde una perspectiva cívica independiente, y de esta forma estamos en contacto directo y permanente con ciudadanos de carne y hueso.



La primera impresión que provoca impacto es la desconfianza tan grande hacia todo lo que significa la política, que en forma sistemática se identifica con politiquería, que está asociada a la imagen de los "políticos": La sensación de hastío, escepticismo, impotencia y desagrado es dominante.



Sobre este escenario es difícil imaginar un escenario de cambio. Después de oír y observar detenidamente, encontramos los axiomas que nos sirven para explicar el fenómeno cultural que hay detrás de las anteriores afirmaciones, y de esta forma nos permiten entender los retos que enfrentamos si queremos hacer una transformación de la política. El primer axioma es fatal: "Las propuestas no importan". Esta es ni más ni menos la puerta de entrada al tema de moda, la corrupción. Es fácil verificar con un ciudadano corriente si recuerda por quién votó y alguna propuesta que lo haya movido a votar. Con seguridad, No. El segundo es frustrante y muestra con claridad la razón por la cual nadie cree en nada: "Apuéstele al ganador", que solo es una expresión coloquial para decir que el que gana reparte entre sus amigos y, por supuesto, esto significa que el bien público se privatiza. Sobran más explicaciones. Y el tercero es deprimente: "A esa gente no le gana nadie". Este es el fruto de tantos años de alejamiento de la política y de la pérdida de esperanza.



Recuerden que los axiomas nos sirven para, a partir de ellos, demostrar teoremas, que son las verdades de la teoría que se quiere construir. Un sencillo ejercicio deductivo nos sirve para llegar al único teorema que podemos demostrar con los tres axiomas del párrafo anterior: "El cambio es imposible". Con un corolario obvio: "No lo intente". En resumen, si queremos transformar este país, además del PIB, tenemos que pensar en la gente y la política, y para lograr estos últimos cambios, hay que abrir los ojos para entender de dónde venimos y por qué estamos así, y después el primer paso es claro: es imperativo participar. No lo duden.
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