Opinión

  • | 2005/12/16 00:00

    Las sorpresas de 2005

    A los optimistas consuetudinarios nos dejan la esperanza de que reducirán el riesgo de errores similares en 2006.

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La mayoría de quienes insistimos en especular sobre el futuro de la economía, con la hipótesis razonable de que hunde sus raíces en el presente, vamos a tener este año escasas razones para el confort. Personalmente no estoy, para nada, satisfecho. No se trata, claro, de que me haya equivocado del todo. Como diría Millor Fernandes, "que alguien sea una autoridad en un tema no elimina la posibilidad de que acierte de vez en cuando". Pero no recuerdo otro año donde se hubieran presentado tantas sorpresas. La lista no cabría en esta columna, de manera que solo voy a mencionar algunos de los imprevistos que más me impresionaron. Comienzo con el crecimiento de Estados Unidos. Hace un año, Dinero mencionó que el FMI y la mayoría de los analistas preveían para 2005 un crecimiento inferior al 3% y ahora resulta que, en lugar de moderarse, aceleró y ya va en 4,3% anual. Lo más notable es que eso ocurrió bajo circunstancias muy negativas. Si al inicio de 2005 alguien hubiera dicho que la Reserva Federal duplicaría sus tasas de interés, que durante meses el precio del petróleo excedería US$60 el barril, que aumentaría el desprestigio de Bush y de la aventura de Iraq y que Estados Unidos sufriría terribles desastres naturales, lo habrían tomado como un bromista de mal gusto. Pero ocurrió todo eso y la economía estadounidense como si nada. Para mí eso significa que, para frenar esa economía se requeriría una bomba tamaño banco central, no simples calamidades naturales tamaño Katrina, o desastres políticos tamaño Iraq.

Otra de las sorpresas internacionales, que incluso excedió la de las tasas de interés de los bonos del tesoro decrecientes en medio de un gran déficit fiscal y tasas de la FED en alza, fue el desplome del euro y del yen frente al dólar. Ese fenómeno coincidió con un nuevo deterioro de la balanza de pagos en cuenta corriente de Estados Unidos, mientras mejoraban las balanzas de Europa y Japón. Se confirma que, para los mercados cambiarios, las tasas de interés son determinantes, al menos mientras el deterioro de la cuenta corriente no alcance proporciones críticas. Algo me dice que esa lección no solo es pertinente para los países desarrollados.

Saltando a Colombia, la mayor sorpresa pero, desde el punto de vista analítico, la menos perturbadora pues el evento era, de verdad, impredecible, fue la venta de Bavaria al exterior. Cuando hace un año la revista Semana examinó las perspectivas de grandes negocios en 2005 no se mencionó la venta de Bavaria. El ruido que esa sorpresa introdujo en el mercado cambiario contribuyó a dejar inservibles muchos de los pronósticos.

Pero, desde el punto de vista analítico, hubo sorpresas mayores. Una de ellas fue el crecimiento monetario a tasas anuales entre 15 y 20 puntos por encima de la inflación al tiempo que las tasas de interés reales caían a niveles no vistos desde 1992. Si al comienzo de 2005 alguien hubiera planteado la posibilidad de que ese manejo monetario fuera compatible con una reducción de la inflación seguramente lo habrían tildado de ignorante e irresponsable.

Otra gran sorpresa local fue la de tasas de interés de los TES a la baja en medio de un gran déficit del gobierno central y una expansión del gasto distinto de intereses. De nuevo, si alguien hubiera dicho, hace un año, que el gasto se dispararía a ritmos de 3 o 4 veces la la inflación, y que ello no impediría un desplome de las tasas de interés de los TES, también habría sido considerado ignorante y loco.

La última sorpresa que debo mencionar es la persistente revaluación del peso por entradas de capitales durante el año que termina, cuando la tradicional explicación de las revaluaciones de las monedas de los países emergentes por la "abundancia mundial de dólares" dejó de tener sentido pues el precio del dólar se disparó frente a las demás divisas.

Para quienes creemos que la inflación es, en esencia, un fenómeno monetario, que las tasas de interés de largo plazo no pueden ser independientes de la presión fiscal sobre el ahorro privado, y que las condiciones objetivas de Colombia hacen poco razonable que su moneda se aprecie frente a las de casi todos los demás países del mundo, la sorpresa que batiría todos los récords sería que las tendencias monetarias, fiscales y cambiarias de 2005 pudieran extenderse por un año más sin acabar en un ajuste repentino y calamitoso.
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