Las fallas del FMI y el Banco Mundial

| 10/22/1999 12:00:00 AM

Las fallas del FMI y el Banco Mundial

La prioridad del G-20 debe ser la reconstrucción de las instituciones internacionales.

por Jeffrey Sachs

Como de costumbre, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial se felicitaron a sí mismos en su reciente reunión anual. Sin embargo, más allá de las autofelicitaciones, estaba el sentimiento bastante difundido de que ambas instituciones están fallando terriblemente y que necesitan una reforma fundamental.



Algunas reformas --parciales-- están ya a la vista. Los países pobres recibieron el compromiso para una más profunda condonación de la deuda. Evidentemente, el presidente Clinton anunció la condonación del 100% de las deudas que tienen los países pobres con Estados Unidos. ¡El FMI también prometió que se preocuparía mucho más de la pobreza! Y los países ricos acordaron reunirse más regularmente con los países pobres, dentro de un nuevo grupo denominado el G-20; el cual incluye ocho países ricos, diez países en desarrollo (principalmente países grandes como Brasil, China, India y Sudáfrica), además de un representante del FMI/Banco Mundial y uno de la Unión Europea.



La principal prioridad del G-20, cuyos ministros de Hacienda se reunirán en Berlín en diciembre, debería ser la reconstrucción fundamental de las instituciones internacionales. La mayoría de ellas están llevando a cabo el trabajo equivocado y todas ellas necesitan arreglo.



Tomemos el FMI. Este destrozó y manejó muy mal a Rusia. Se ha desempeñado pobremente en Africa por más de 20 años (admitido, en efecto, por su "nueva" voluntad de enfocarse en la pobreza). Fue incapaz de detener las crisis financieras en los mercados mundiales, las cuales, en los últimos tres años, han sido peores que nunca.



Aun más, a pesar de tomarse el crédito por la recuperación en el Este de Asia, la verdad es que en primer lugar el colapso de Asia en 1997 tuvo mucho que ver con la mala administración del FMI, ya que este organismo ayudó a alimentar el pánico financiero. Al FMI se le debería dar poco crédito por el renovado crecimiento económico en el Este de Asia, ya que esta región había crecido durante décadas, ¡sin mucha ayuda del FMI!



La verdadera lección acerca del FMI es sencilla. El FMI está tratando de manejar gran parte del mundo y, obviamente, no puede hacerlo. Tiene programas en más de 60 países y virtualmente dictamina las políticas económicas (o trata de hacerlo) en estos países. Esto es una tarea tonta e imposible.



El FMI no tiene una experticia especial en las sociedades de transición del anterior mundo comunista o en el desarrollo económico africano. Ha fallado miserablemente en estos lugares. Ya es tiempo de que el FMI retorne a su función básica y más necesaria: monitorear el sistema monetario internacional y, tal vez, hacer algunos préstamos de emergencia. Debería haber cinco programas anuales del FMI, no cincuenta.



La situación con el Banco Mundial no es mejor. Este, también, está tratando de manejar el mundo o, por lo menos, la parte más pobre. También está notablemente sobreextendido. Ninguna institución por sí sola puede tener la esperanza de definir la estrategia "correcta" para el desarrollo económico. Sí, todos los países necesitan un crecimiento vigoroso liderado por el sector privado, al igual que programas sociales, pero hay muchas maneras de alcanzar estas metas.



Y el sector privado puede realizar la mayoría de los préstamos para proyectos que ahora hace el Banco Mundial. El Banco Mundial debería recortar su actividad para enfocarse en la generación de datos sistemáticos; apoyar nuevos esfuerzos científicos dirigidos a los problemas de los países pobres (como el desarrollo de vacunas para la malaria); y para estudiar temas globales de largo plazo, como los cambios climáticos ocasionados por el hombre.



Tal vez, el Banco Mundial debería eliminar por completo sus préstamos a los países y dejar que el sector privado y los bancos de desarrollo regional, como el Banco de Desarrollo de Asia o el Banco Interamericano de Desarrollo, ocupen este espacio.



Por el contrario, otras instituciones necesitan un empujón en sus presupuestos y en sus funciones internacionales. Esto aplica a instituciones a cargo de la salud pública internacional, como la Organización Mundial de la Salud, Unicef y el programa de VIH/sida de las Naciones Unidas. Igualmente, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, que monitorea las condiciones básicas de desarrollo humano alrededor del mundo, necesita un aumento en su mandato.



En cualquier caso, estos temas son los que el G-20 debería explorar con urgencia. Cuando el G-20 se reúna a finales de este otoño, debería entonces demandar una revisión independiente y completa del FMI y del Banco Mundial, al igual que de otras agencias internacionales. Este análisis debería ser liderado por expertos independientes de países desarrollados y en vías de desarrollo. El panel de análisis debería ser estimulado a hacer recomendaciones muy audaces. Necesitamos instituciones internacionales que funcionen. Sin un arreglo del FMI y el Banco Mundial y otras instituciones claves, la causa para el desarrollo internacional continuará padeciendo.
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