Opinión

  • | 2005/08/05 00:00

    Las entrevistas de Nuremberg

    Las entrevistas del psiquiatra nombrado por los aliados para atender a los líderes nazis durante este proceso, permiten ver los eventos del país desde otra perspectiva.

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Llegó por casualidad a mis manos un libro que no vacilo en considerar como interesante y aconsejable para todos los que deseen pensar en los acontecimientos del país desde una perspectiva distante y algo abstracta. Se trata de las entrevistas adelantadas por el médico psiquiatra nombrado por los aliados para atender a los líderes nazis durante los procesos de Nuremberg. Son notas tomadas en ejercicio de su profesión, no destinadas a ninguna clase de divulgación, ni siquiera redactadas en forma literaria. Curiosamente, vinieron a ser publicadas solo hoy, no por causa de la reserva de documentos que permite al gobierno estadounidense mantenerlos secretos durante 50 años, sino porque los familiares que los conservaron no sabían de su existencia, ni de su importancia, o por lo menos del interés que podían despertar.

Lo primero que hace recordar es que nada es blanco y negro, y que toda realidad tiene diferentes perspectivas. Es bien conocido que 'la historia la escriben los vencedores' y en el caso del nazismo, por la barbarie que representó, con mayor razón se han silenciado casi todos los grises y los matices que pudieron existir, llegando a nosotros una interpretación absolutamente maniquea: los juicios de Nuremberg habrían sido el proceso adelantado por el bien contra el mal.

Estas entrevistas tenían por objetivo entender la mente de los acusados y no ser usados como sus argumentos en el juicio. El punto de interés central es, por tanto, el perfil psicológico de los reos y su percepción de la situación que viven. Prácticamente todos tienen un alto coeficiente intelectual, están impregnados de un gran patriotismo e idealismo, tuvieron importantes responsabilidades y cargos con un gran poder, se encuentran obligados a reflexionar sobre la forma en que los ejercieron, y lo hacen ante sí mismos, siendo el psiquiatra una especie de asesor intelectual de esta catarsis (no fue impuesto, sino ofrecido a los enjuiciados), como podría serlo un consejero espiritual.

Se tocan varios puntos interesantes para nosotros: la problemática política de un país que hizo la transición de una democracia parlamentaria al autoritarismo (cómo las justificaciones que encontraron -por ejemplo, que era una necesidad transitoria- los llevaron a minimizar sus consecuencias); cómo dentro del cascarón de un Estado de Derecho se puede gestar la destrucción de lo que le es sustancial; cómo por idealismo patriótico se llegó a aceptar lo inaceptable, atribuyendo a la 'condición objetiva' de una crisis económica y social inmanejable la necesidad de dejar de lado las consideraciones y cuestionamientos que nacional y/o internacionalmente se planteaban (explican lo sucedido como un rechazo a las sanciones de la guerra anterior que habían llevado a un empobrecimiento de la población y una ingobernabilidad que originaron el nacimiento del nuevo partido con tintes caudillistas y populistas); cómo fue alrededor de Hitler y no de un programa que varios minipartidos se unieron solo para acceder al poder; cómo el manejo de la desinformación pudo manipular no solo a todo un pueblo sino a sus dirigentes, al punto de que ignoraran realidades tan evidentes como lo sistemático de la política de exterminio judío (reconocen que fue deliberadamente un régimen basado en el manejo de imagen y de medios, pero afirman que no se dieron cuenta de cuándo ellos mismos acabaron perdiendo la noción de lo que en verdad estaba pasando); cómo el argumento del terrible comportamiento de otros (el poder que tuvieron los comunistas) justificó un peor comportamiento propio; cómo la habilidad para acusar y crear y utilizar el odio contra sectores poblacionales permite excesos que racionalmente no son explicables (la estigmatización de quien se perseguía -los judíos-, y las facultades políticas que se delegaron a quien se presentó como el símbolo de la lucha contra ellos -Hitler, el mesías de la raza pura-); cómo la fe en una persona puede cegar respecto a los medios que utiliza o incluso hacia los fines que busca (prácticamente todos expresan admiración por la inteligencia de Hitler y hacen énfasis en su capacidad para asombrar con el manejo de datos numéricos, pero su sumisión a él se la atribuyen más a un 'poder hipnótico' personal y al respaldo que sentían que le daba el pueblo); cómo todo caudillo está caracterizado por grandes capacidades (de trabajo, de inteligencia, etc.) pero cómo es inevitable que se cuelen en su círculo íntimo asesores que se sirven de su cercanía a él con visiones diferentes, sea para propósitos menos altruistas, o idealistamente pero con premisas u objetivos irracionales (todos cuestionan a Himmler, Goebbels y Borman -ausentes en los juicios-); en fin, despierta muchas preguntas y dudas respecto a hasta dónde lo fuerte, lo positivo y lo impositivo de una personalidad puede generar en sus seguidores una convicción honesta de estar haciendo lo mejor, incluso en medio de un proceso que evidentemente se sale de cualquier cause racional. Y aunque algunos reivindican directamente la guerra como instrumento adecuado para resolver conflictos de la sociedad, la mayoría destaca que es por inercia que una vez iniciada no puede ser detenida; reconocen lo injusto de lo que pretendían y lo absurdo de oponer su visión a la del resto del mundo, pero coinciden en que distanciarse de la posición bélica a partir de cierto momento era un imposible pues tiene visos de traición o de hacerle el juego al enemigo.

También son interesantes algunas informaciones de cómo se debatía y cómo se configuró el Tribunal que a posteriori se ha tomado como punto de partida para los conceptos de crimen de guerra, de crimen contra la humanidad y de genocidio (los convenios del Derecho Internacional Humanitario y el desarrollo del Derecho Penal Internacional -Estatuto de Roma y Corte Penal Internacional- tienen por objeto impedir el imperio de la barbarie, pero también evitar una situación como la de esos juicios, donde a nombre de una necesidad de Justicia se desconocieron los principios más elementales de la misma -penas sin leyes previas, juicio sin normas procesales ni jueces predeterminados, administradores de Justicia que son juez y parte, etc.-); cómo el jus cogens y el jus naturalis sirvieron de alternativa y de base a lo que hoy es derecho positivo (especialmente interesante las reflexiones sobre la posibilidad que se descartó de enjuiciar una organización -como los SS o la Gestapo- y a las personas naturales por pertenecer a ellas); las diferencias entre la visión románica y la visión anglosajona de la justicia; el peligro de caer en la tentación de usar la administración de justicia como arma de guerra o de venganza (visión rusa); la dificultad para crear nuevos estrados de justicia; el carácter retaliativo y no reparativo ni socializante que puede caracterizar un sistema judicial de excepción.

En fin, por personas altamente capacitadas y que hablan desde la experiencia y no desde la teoría, se tratan el tema político de cómo al transformar y reformar el régimen de un país se pueden lograr inconscientemente y sin desearlo resultados no imaginados; y el tema jurídico de las dificultades, contradicciones y todos los riesgos que implica inventar reglas de justicia y de administración de justicia para aplicarlas a casos específicos y más cuando están relacionados con la conducción de la guerra.
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