Opinión

  • | 2007/08/30 00:00

    Las clases medias y el aumento del gasto público

    Las nuevas clases medias latinoamericanas están demandando mejores bienes públicos, no sólo más centros comerciales.

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"Adiós a la pobreza, hola al consumo" fue el título de un artículo que dedicó la revista The Economist a las clases medias de América Latina hace un par de semanas. El crecimiento económico, la baja inflación, la expansión del crédito y la apertura comercial están ayudando a crear una nueva clase media con creciente capacidad de compra y un estilo de vida moderno, emprendedor y menos receloso de la economía de mercado.

Cierto, todo eso es cierto, pero las clases medias le están diciendo "hola" no sólo al consumo privado, sino también al consumo de bienes públicos, que van desde la seguridad, los parques y mejores sistemas de transporte público, hasta mayores gastos en educación y salud pública. Las clases medias latinoamericanas están descubriendo rápidamente que la ropa de marca y unos cuantos electrodomésticos no garantizan el bienestar. Muchas de las cosas más necesarias no se compran en los centros comerciales que están surgiendo en todas partes, sino que tienen que ser provistas por el municipio o el gobierno nacional.

No por casualidad el auge de las clases medias ha venido acompañado de un aumento del gasto público, especialmente en las áreas sociales, en toda América Latina. No se trata solamente de los programas de transferencias condicionadas para las pobres, como Progresa en México, Familias en Acción en Colombia o Bolsa Familia en Brasil. A pesar de toda su visibilidad, estos programas explican apenas una fracción minúscula del mayor gasto social de la región, que se ha duplicado en términos reales desde comienzos de los noventa.

El gasto per capita en educación y salud ha aumentado más de 50% en promedio desde 1990. En algunos de los países con las mayores desigualdades económicas y sociales, como Brasil, Chile y Colombia, se han empezado a reducir las brechas educativas entre las clases sociales y se ha vuelto más equitativo el acceso a los servicios de salud.

El auge de las clases medias y el aumento del gasto social suelen ir de la mano debido a un mecanismo político que se ha observado a través de la historia. En las sociedades más atrasadas, que a menudo son también las más desiguales, los ricos y los pobres crean una alianza contra las reducidas clases medias para obstaculizar los aumentos en los gastos públicos de educación y salud. A los ricos no les interesa pagar más impuestos, y nunca mandarían a sus hijos a las escuelas públicas ni a sus esposas a los hospitales populares. Por su lado, los pobres prefieren que los magros recursos fiscales se dediquen a abaratar la comida, la vivienda o el transporte, que son sus necesidades más inmediatas, más que a mejorar las escuelas o a modernizar los servicios de salud.

Las crecientes y más prósperas clases medias latinoamericanas ya han logrado resquebrajar este bloqueo en contra de los gastos sociales de amplia cobertura. Pero no tienen la batalla ganada. En los países con abundantes recursos petroleros o mineros es fácil financiar los aumentos del gasto social que benefician a las grandes mayorías, pero en los demás es necesario ampliar las fuentes de ingresos tributarios. Y esto no es fácil cuando las clases medias viven a caballo entre la formalidad y la informalidad, como forma de tener más opciones de ingreso y pagar menos impuestos.

Las clases medias latinoamericanas tampoco tienen todavía una actitud vigilante sobre el uso de los recursos públicos, acostumbradas como estaban a hacerle la vista gorda a la corrupción y al despilfarro fiscal, que en muy poco los afectaba directamente. Por fortuna, esto está cambiando con la descentralización. Bogotá y Medellín en Colombia, Curitiba y Porto Alegre en Brasil, y Guayaquil en Ecuador son testimonio de la capacidad que tienen las clases medias para influir en el manejo de las ciudades demandando mejores servicios y vigilando a los políticos y a los gobiernos locales.

Algo está ocurriendo con las clases medias en América Latina, y no sólo es el aumento del consumo popular.



Nota: el autor está vinculado al BID, pero se expresa aquí a título personal.
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