Opinión

  • | 1999/03/26 00:00

    Las causas de la recesión

    Colombia perdió la capacidad de acomodar los shocks.La clave está en las instituciones políticas.

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Los economistas parecen haber llegado al consenso de que la causa de la recesión en que se encuentra la economía colombiana es una combinación inadecuada de políticas fiscales y monetarias. La mezcla de elevado gasto público y altas tasas de interés ha desalentado la inversión privada y generado los problemas fiscales y financieros que están agobiando al país.



Es difícil estar en desacuerdo con este diagnóstico, pero infortunadamente no lleva demasiado lejos. Después de todo, con pequeñas variaciones, es la misma explicación que se viene dando a todos los males de la economía desde hace años. En efecto, cuando la economía aún crecía bien, era también la explicación que se daba para la revaluación, que entonces se consideraba el enemigo público número uno. ¿Cómo puede ser que una combinación de políticas que produce tantos efectos perversos se mantenga?



Dani Rodrik, una autoridad mundial en temas de economía política, ha encontrado que los períodos de estancamiento económico prolongado tienden a ocurrir cuando los países carecen de mecanismos para asignar las pérdidas que produce algún shock económico importante. El ajuste no se efectúa de una manera eficiente -por ejemplo, recortando el gasto público innecesario-, sino en forma destructiva: se elevan los impuestos más distorsionantes, se disparan las tasas de interés, se racionan las importaciones. Todo lo cual profundiza la crisis. Pero la verdadera causa de la crisis no son estas manifestaciones, sino la incapacidad de la sociedad para ponerse de acuerdo sobre cómo distribuir los costos del ajuste.



Colombia es un país sometido a severos shocks externos. Sin embargo, en décadas pasadas esos shocks podían acomodarse sin mayores cicatrices.



Entre 1982 y 1985, por ejemplo, se logró reducir en 20% el gasto público como proporción del PIB y restablecer rápidamente el crecimiento. Algo cambió en los 90. Mi hipótesis es que las instituciones políticas derivadas de la nueva Constitución condujeron a una fragmentación del poder político de los partidos y, al mismo tiempo, a una mayor rigidez en la asignación de los recursos públicos. La proliferación de los intereses locales por la descentralización y los mayores espacios de influencia que ganaron los grupos de presión complicaron aún más las cosas. Lo cual hace imposible distribuir el ajuste que se requiere actualmente.



Por consiguiente, el elevado gasto público y las altas tasas de interés actuales no son la causa del problema, sino su manifestación. Los intentos de represar el gasto, elevar impuestos o bajar artificialmente las tasas de interés sin remover sus causas resultan contraproducentes.



¿Acaso no lo han intentado, uno tras otro, todos los ministros de Hacienda desde Hommes, agravando cada vez más las cosas? Sería hora de enfrentar las causas más profundas del estancamiento.
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