Opinión

  • | 2008/07/04 00:00

    Las alianzas público-privadas y el desarrollo social

    Estamos llamados a apuntarle a la productividad, pero con un impacto que va más allá de la rentabilidad, atendiendo las necesidades reales de la gente.

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Tuve la oportunidad de participar en el V Foro del Sector Privado, organizado durante la Asamblea de la OEA en Medellín. El tema: las alianzas público-privadas y su importancia como jalonadoras de la gobernabilidad y el desarrollo. Por considerarlo de gran importancia en el actual entorno del país y de la región, quisiera destacar varios aspectos de lo planteado allí.

Es de mencionarse, en primer lugar, cómo la internacionalización de la economía, y la globalización, han dado paso a la construcción de un mercado mundial integrado, que a su vez ha venido imponiendo una co-gestión entre lo público y lo privado para la entrega de bienes y servicios a las comunidades. De este modo, las alianzas en todos los órdenes (entre Estados, entre agentes económicos, entre instituciones de gobierno y empresas privadas) se han convertido en ejes articuladores de procesos de desarrollo determinantes en la calidad de vida de las gentes.

En este escenario, ha tomado fuerza la idea de un Estado que facilita la ejecución de iniciativas mixtas en beneficio de lo público, y se ha ido dejando atrás la idea de un estado asistencialista, interventor y proteccionista.

La noción de "Buen Gobierno" incorpora hoy tanto a los actores gubernamentales tradicionales, como al sector privado. Así, vemos cómo las iniciativas en pro de la satisfacción de las necesidades colectivas, involucran cada vez más a los llamados "actores corporativos emergentes", productores y/o prestadores de bienes y servicios públicos. La discusión ha evolucionado desde la concepción a favor de que "El Estado debía intervenir en todos los ámbitos de la actividad económica", hacia "Favorecer las bondades del libre mercado".

Los extremos han dejado de ser válidos. La tendencia apunta a reconocer las bondades de constituir las bases para lograr una relación de colaboración efectiva, fundada en la consolidación de unas instituciones más efectivas, ágiles, flexibles, que interactúan con empresarios más comprometidos con lo social.

En ese contexto, el sector privado debe avanzar hacia una mayor sensibilidad por lo público, siendo consciente de que el desarrollo de la sociedad y el progreso económico, constituyen bases irremplazables para la expansión de los mercados.

Se trata de pensar en el papel del Estado, como uno que acompaña y jalona el proceso productivo, porque es consciente de su impacto en el desarrollo social y el progreso económico. En tanto los empresarios estamos llamados a emprender los cambios que sean necesarios para hacer que los hombres y las mujeres puedan ser vistos como el fin último de todo aquello que emprendemos.

Unos y otros estamos llamados a apuntarle a la productividad sí, pero con un impacto que va más allá de la rentabilidad, atendiendo las necesidades reales de la gente.

Y ya que ambos contribuyen de manera tan decisiva en el progreso de los pueblos y, por ende, en la construcción de un mundo más participativo y solidario, es urgente gestionar dicho proceso de transformación de roles, con miras a hacer de estos actores, jalonadores efectivos del bienestar de las comunidades en medio de la globalización.

En esa línea, se hace necesario estimular, en primer lugar, la participación de los ciudadanos en la formulación de políticas públicas. Los estados deben ser garantes de la seguridad jurídica, así como del establecimiento de sistemas de información eficientes, encaminados a facilitar la provisión de bienes y servicios públicos mediante mecanismos de mercado.

Por su parte, los empresarios debemos convertirnos en promotores del desarrollo integral, donde los humanos somos fin y no medio. Es necesario trabajar -en nuestras empresas y fuera de ellas- en el mejoramiento de la educación, dándole una nueva dinámica a la cultura del emprendimiento. Soy un convencido de que la competitividad empresarial se logra solo cuando se cuenta con una fuerza laboral y unos mercados más educados, más informados y más conocedores de los beneficios y/o perjuicios que se derivan de la utilización de los productos a su disposición.

La integración efectiva de lo público y lo privado, además de permitir un mejor aprovechamiento de los recursos, conducirá en un futuro próximo a la consecución de una convivencia más armónica entre los seres humanos, donde la dignidad de las personas y el reconocimiento de los otros sean alfa y omega de nuestras políticas, estrategias y acciones.

En este mundo, globalizado o no, me acompaña la certeza de que todos necesitamos de todos.
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