Opinión

  • | 2006/06/23 00:00

    La voz de los mercados y la voz del pueblo

    Qué ocurre cuando se cree que el mercado tiene siempre la razón.

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Estamos ante el reventar de la burbuja: devaluación, depreciación de acciones y de TES, desempleo, fuga de inversión.

Pero por obnubilarnos con las elecciones no nos dimos cuenta de este proceso paralelo.

El éxito obtenido con la reelección se basa en buena parte en que lograron no solo ocultar la realidad de lo que existía y de lo que se venía, sino convencerse y convencer a buena parte del electorado de que vivíamos una recuperación de la economía, y de que esto se debía a las políticas gubernamentales, o sea, a la etérea 'Seguridad Democrática'.

Por devoción política y desviación ideológica se negaron a reconocer que el supuesto bienaventurado momento económico se debía a factores internacionales: bajos intereses estadounidenses, exceso de liquidez en el mercado mundial, aumento de la demanda de materias primas con su consecuente alza —para nosotros la bonanza de los precios del petróleo, del carbón y del ferroníquel—.

Hoy pocos discuten qué tanto de la supuesta recuperación de entonces como la caída actual, responden a factores externos.

Pero no solo queda claro eso. Cuando se presentó la 'bonanza', Colombia fue el país que menos crecimiento tuvo en términos comparados a su tendencia anterior, y en términos absolutos fue uno de los tres países con peor desempeño; y, en lo que hasta ahora ha avanzado la crisis, es el que más gravemente ha sido afectado; o sea que en la subida fue el que menos se benefició y en la caída el que más se perjudicó. De lo anterior se deduce que la contribución del manejo interno solo se puede calificar de negativa.

Es cierto que la elección de Uribe como una muestra de confianza interna y por el mismo hecho de la continuidad, ha tenido un efecto virtual de disimular o aminorar los efectos del reventar de la burbuja.

Pero por eso lo realmente grave es que este choque con la realidad apenas comienza.

Mucho se habla de que este cuatrienio sí se dedicará a disminuir la deuda social. Pero aún si hubiese esas intenciones, las condiciones económicas parecen predecir que poco se podrá cumplir. Como los factores favorables externos desaparecen y la verdad de la situación interna aparece, lo más probable es que en la destorcida estos factores se retroalimenten en una especie de burbuja o espiral negativa.

Los capitales del extranjero no llegaban por la confianza que inspiraba el gobierno, ni tenían por propósito colaborar al desarrollo del país. Tampoco los inversionistas buscaban propiciar la justicia social o acabar con la desigualdad. Venían a especular porque los precios y los rendimientos eran más atractivos aquí que en Estados Unidos; pero eso no quiere decir que nos hubiéramos integrado a un mundo globalizado en el que la libre competencia nos favorecía como pretenden nuestro gurús.

Una cosa es Estados Unidos donde la Reserva Federal baja sus tasas de interés para contrarrestar un recalentamiento de la economía induciendo una minirrecesión controlada que poco o nada afecta la capacidad productiva, y que de la misma manera, de ser el caso contrario, la reactiva con unas medidas en el otro sentido. Otra cosa es un país como el nuestro donde con las tasas de interés que fijan el Banco de la República o el gobierno no se controla el mercado del dinero, no solo porque no tienen el suficiente poder o peso dentro de la economía, sino porque por esa misma razón su manejo es apenas reactivo a las situaciones que el mercado presenta. Más claro: no manejan el mercado sino el mercado las maneja. También por eso las recesiones o la explosión de las burbujas (como la que acabamos de pasar) se desarrollan fuera de control y producen efectos nefastos.

Lo que está sucediendo es que en el mercado globalizado para competir con un alza de medio punto en los Títulos del Tesoro de Estados Unidos debe nuestro país subir 5 ó 6 puntos en sus tasas básicas. Porque aunque el factor psicológico de que 'el dólar da más seguridad' cuenta, el verdadero fundamento es más concreto, puesto que el aumento en los 30 años de rentabilidad de ese papel —es decir, traído a valor presente— es equivalente a más de 4 puntos de un título a 8 años como los nuestros. Como para guardar condiciones competitivas en este momento se prevén además medidas de alzas similares en Europa y en Japón, la corrida de Colombia de los capitales especulativos (incluyendo los nacionales) es inevitable e inminente. En todas partes, la atracción por las acciones en las bolsas se cae cuando el rendimiento por intereses sube, pero sobra decir que más cae cuanto más precaria es la estructura económica del país. Infortunadamente, el tamaño de la caída de los precios de la bolsa no solo afecta a quienes trajeron recursos para jugar por medio de los Fondos de Inversión y la compra directa de acciones, o a quienes cayeron en la tentación de jugar sus ahorros pensando que se multiplicarían milagrosamente; lo que se pone en jaque es todo el sistema de ahorro como los Fondos de Pensiones o de Cesantías, donde por mucho que se diga que se garantiza una base de rentabilidad no se ve tan fácil que se recuperen de las pérdidas de capital.

El segundo factor determinante en lo que suponía ser la reactivación —puede ser incluso más que la inversión extranjera— han sido los precios del petróleo. Pero al igual que en el anterior caso, la misma bonanza oculta una situación crítica: por falta de capacidad refinadora tenemos que comprar en el exterior combustibles procesados y ya el año pasado y el presente hemos tenido que importar coyunturalmente algo de crudo; pero, que sea el año entrante como lo dicen las proyecciones, o dentro de tres años como lo afirma el gobierno, el hecho es que estamos ad portas de pasar a la condición de importadores netos de petróleo. Los altos precios que hoy se ven como bendición porque permiten funcionar al gobierno y al país, no podrán ser compensados con las alzas de los combustibles que hoy por otro lado ya agobian al ciudadano.

El tercer elemento que 'dinamizó' la economía fue la construcción. Pero el corolario es que se dispararon los precios del acero, del hierro, del cemento y los de los diferentes componentes del sector, en algo por la demanda externa y en mucho por la demanda interna. Como es bien sabido el incentivo a esta actividad en estos años fue hacia los estratos altos de la sociedad; es decir, que cuando hubo disponibilidad y costos bajos se respaldó —incluso subsidió— a las clases pudientes; y solo ahora que eso mismo elevó los precios y habrá escasez de recursos, se pretende compensar el déficit de vivienda popular o de interés social.

Y pensando no solo en recursos sino en el costo en empleos, el anuncio de que la papa también será desgravada —o sea desprotegida— en el TLC completa con el abandono de este —que es el primer producto de las tierras altas (Boyacá, Nariño y Cundinamarca)—, lo que ya había sido el desmantelamiento de la economía rural con la renuncia a defender el sector arrocero —que es el principal producto de las tierras bajas (Tolima y Huila, Meta y Casanare, y la Costa)—, y el golpe al renglón avícola, principal actividad de las tierras medias (Santanderes).

Es que cuando no se respeta el 'Vox Populi, vox Dei' y la voz de 'los mercados' se toma como la voz de Dios, la víctima es justamente el pueblo.
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