Opinión

  • | 1995/02/01 00:00

    La vida sigue igual, el mas 18%

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Querido sobrino Mamoncillo:

Por fin puedo volver a escribirte para cumplir con mi promesa de tenerte al día de las últimas ocurrencias en nuestra narcotizada patria.

Todo parece indicar que los primeros cien días del gobierno de Ernesto no sólo lo dejaron exhausto a él sino a la mayor parte de su equipo, a juzgar por las largas vacaciones que se dieron con motivo de la Navidad y el Año Nuevo. Había que ver en los noticieros la cantidad asombrosa de caras anónimas de funcionarios públicos, todos con la letra "e" de encargado, entre paréntesis.

Los únicos altos funcionarios que estuvieron al frente del cañón durante dicho lapso fueron min Gobierno y min Desarrollo. Serpa Uribe aprovechó -¡y en qué forma!- la vitrina que dejó desocupada min Defensa, para apersonarse del paro del Putumayo; y Marín Bernal tomó muy en serio la firma del llamado Pacto Social y dedicó los últimos días decembrinos y los primeros enerinos para firmar a diestra y siniestra, a todo lo largo y a todo lo ancho del país, pactos, prácticos y pactotes. Como periodista que ha sido, Marín sabe de las afluyas que se viven en las salas de redacción de los distintos medios en estas calendas, y actuó en consecuencia. Mojó toda la prensa que quiso. Tal vez en uno de los pocos sitios en los que no estuvo firmando fue en Mocoa porque, respetando un pacto de caballeros, el departamento del Putumayo se lo había reservado Serpa Uribe.

Lo cierto es que, a pesar de todo lo que diga el gobierno, la famosa cifra del pacto se ha convertido en un comodín porque sirve para justificar las más variadas alzas, curiosamente todas por encima del 18% pactado.

Aún no se sabe cómo le fue a Serpa Uribe con los huelguistas del Putumayo, pero lo que sí se sabe es que a su colega Marín le fue muy bien. Con su retórica tiene asustados a arrendadores, gerentes de acueducto, tenderos, maestros, médicos, transportadores, productores de gaseosas, y a todos aquellos que tienen algo que ver con ese invento del gobierno que se llama "canasta familiar". Lo increíble de este cuento es que Marín, entre más sale en noticieros, más resuelto parece a luchar, a punta de labia, contra la inexorable ley de la oferta y la demanda. Lo importante es que no se crea su propio cuento porque podría acabar en un manicomio.

Otro sorprendente acontecimiento sucedió cuando, en un domingo de diciembre, el director de El Tiempo -don Hernando- escribió un "mea culpa" en el que se arrepintió de tres décadas de furiosa oposición al sátrapa de La Habana, Fidel Castro. El más sorprendido fue su hermano Enrique. Algunos expertos en "santismo" sostienen que esta incomprensible actitud con Fidel se debe a la posibilidad de futuros negocios del diario en la isla.

Llegamos al primero de enero, día en que madrugaron a posesionar

se los nuevos alcaldes. El dos hicieron lo propio los gobernadores, y volvieron a guardarse en la discreción de las festividades. De Antanas Mockus, más conocido como Antanas, no se sabe nada. Sin embargo, los últimos alcaldes de Bogotá han sido tan malos que la gente prefiere no tener alcalde: de ahí que el estilo de Mockus de desaparecer completamente desde el momento que lo eligieron despierte la simpatía ciudadana.

La escasez de noticias de año nuevo puso a los animales en primer plano. Un tiburón hizo de las suyas en el Golfo de Morrosquillo entre los valientes turistas; un toro hizo temblar el matrimonio del diestro en disculpas Pepe Ortega Cano; y una sobredosis de mata babosas diezmó los usufructuarios de la perrera presidencial en Hato grande. Claro que hay bien pensados que afirman que la verdadera causa de la fatal intoxicación canina no fue mata babosas sino glifo zato.

Las noticias trágicas no faltaron en el ex país de la sagrada víscera: en Cartagena incendiaron busetas con pasajeros incorporados; las flotas intermunicipales pretendieron acortar camino yéndose por el atajo con pasajeros y todo; y un avión comercial misteriosamente se vino a tierra causando la muerte de todos sus ocupantes, salvo una niña de 9 años que les probó a los ateos la existencia de Dios.

Las matanzas masivas volvieron, los secuestros se incrementaron en más de un 18% y la amenaza de terremotos puso a todo el mundo a temblar. Y para rematar, Samper nos anunció que él sí creía en las cabañuelas de enero y que el resto del año sería tal como empezó.

Espero, querido sobrino, que tus cabañuelas sean muy diferentes.
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