Opinión

  • | 2006/12/07 00:00

    La verdad y el Palacio de Justicia

    Análisis del Informe de la Comisión de la Verdad, el libro 'Prohibido Olvidar', de Gustavo Petro, y la evaluación de la investigadora social Maureén Maya, especialmente versada en el tema.

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Es conocido el ejemplo de los ciegos que, según si estaban tocando el colmillo, la cola, una oreja o una pierna de un elefante, lo describían en cada caso como un animal diferente.

Hoy, cuando estamos clamando por la búsqueda de la verdad, debemos entender que nos encontramos en situación parecida cuando tratamos de descubrir la 'verdad verdadera' detrás de una u otra realidad; y que, aunque nunca llegaremos a aprehenderla toda, algo nos avanza saber cómo se ve desde puntos de vista diferentes.

Esto probablemente será aplicable al caso de los parapolíticos, pero mientras se profundiza ese debate, la coyuntura respecto al Palacio de Justicia nos permite usarlo como precedente. Tenemos el Informe de la Comisión de la Verdad, designada por la Corte Suprema de Justicia, y el libro 'Prohibido Olvidar', con versiones de un ex guerrillero del M-19 —Gustavo Petro— y una investigadora social especialmente versada en el tema —Maureén Maya—.

El primero 'sin jurisdicción ninguna' sólo tiene 'propósitos académicos e históricos' —según lo dice su texto—. Su preocupación principal es señalar como inaceptable que las instituciones puedan violar su propio ordenamiento. Destaca la barbarie de las acciones militares (Dice: '…se habían apostado policiales (sic) y soldados disparando sin piedad hacia las oficinas donde se refugiaban debajo de los escritorios los Magistrados y empleados…' '…el feroz combate del ejército en el cuarto piso cerró toda posibilidad de que cualquier rehén saliera con vida'. '…el proceder de las Fuerzas Armadas desbordó de modo ostensible las potestades que la Constitución y las leyes le conferían…'); y la cuestionable actuación del Presidente Betancur ('Nunca existió intención real ni efectiva del Gobierno Nacional de tratar de salvar la vida de los rehenes…' 'El ejecutivo no (…) asumió el mando o la supervisión del operativo militar, como era el deber del Jefe de Estado…' '…el Gobierno Nacional no actuó, simplemente se enteró de los hechos cumplidos'. '…el Presidente simplemente fue espectador del desarrollo de los acontecimientos').

A mi juicio refuerza la cortina de humo tendida alrededor de una eventual financiación de Pablo Escobar, ya que ni las responsabilidades ni los hechos se alteran por ello, y solo cumple el efecto de desviar la atención de lo que realmente es importante; pero además se enreda porque contextualiza la toma alrededor del tema de la extradición, partiendo del supuesto —no probado— de que los actores y responsables de la toma —el M-19— tenían un propósito oculto que no correspondía a las declaraciones dadas. Une entonces elementos de análisis (la cercanía de Iván Marino Ospina con Escobar, las amenazas del narcotráfico a los Magistrados, el que ese día se debatía el tratado de extradición, el que en el cuarto piso estaban los miembros de la Sala Constitucional y Penal, el que los expedientes resultaron quemados y los Magistrados muertos) y de ello deduce que pudo ser así, tomando el testimonio de Popeye como confirmación de que en efecto así fue.

Tal conclusión parece muy frágil por dos razones: al hacer esto excluye y omite el peso y la lógica de lo manifestado por la guerrilla, o sea que su propósito era divulgar el incumplimiento por parte del gobierno de los acuerdos de Paz; y, por otro lado, cada uno de los argumentos esgrimidos podría más ser prueba de lo contrario (Iván Marino Ospina fue destituido del mando por el apoyo a los narcos al anunciar la muerte de ciudadanos estadounidenses si se producían las extradiciones; no servía matar a los Magistrados o quemar los expedientes si lo que buscaban era un fallo favorable, no hicieron ninguna de las dos cosas en el momento de la toma, y el mismo informe muestra que no fueron culpables de ese resultado; el operativo no iba solo al cuarto piso sino también al tercero, en el cuarto estaban otras Salas, y la persona que buscaban y la que les permitió celebrar cuando lo encontraron era el Presidente que no pertenecía a esas Salas; pero sobre todo es imposible validar el testimonio de Popeye cuando en él mismo asegura que el dinero se le entregó a Iván Marino Ospina, quien había muerto meses antes, que Escobar después recibió y escondió a Bateman y a Iván Marino Ospina —quienes ya no existían—, y que parte del pago se prometió y se pagó después del operativo, o sea que no servía para adelantarlo.

A su turno, lo más importante que deja como 'verdad oficial' es que las fuerzas armadas sí son responsables de las desapariciones, y deja abierta la posibilidad de que eventualmente el holocausto naciera de una operación 'ratonera' de ellas contra la guerrilla.

El planteamiento de Petro aporta mucha información sobre los antecedentes, motivaciones y desarrollos en relación con la toma y al grupo subversivo… pero apreciado desde su particular óptica y, sobre todo, presentado con la habilidad retórica y —diría yo— algo mañosa, que lo caracteriza. En el libro, y más en el discurso de lanzamiento, sostiene la tesis de que lo que hubo fueron unos 'niños héroes' que, ingenua y noblemente, cometieron un error de cálculo dentro de un propósito loable.

No considero que sea el caso de reconocer el compromiso revolucionario como algo respetable en el M-19, ya que solo tuvo un carácter protestatario contra los mecanismos electorales que no les daban el poder: así fue su nacimiento; a mí personalmente me manifestó Navarro —único dirigente aún vivo— que se enroló en ese movimiento porque cuando le correspondía ser candidato por el partido Liberal a nombre de las juventudes en el Valle del Cauca el bolígrafo del doctor Carlos Lleras le dio su puesto a otro; nunca presentaron una propuesta de cambio de modelo o de sistema sino solo críticas a la manera como era manejado (ni siquiera para la Constituyente hubo proyecto); y se adaptaron perfectamente al que existe sin producir cambios de ninguna naturaleza excepto, hay que reconocerlo, mayor eficiencia administrativa; el caso es que algo va del idealismo de proponer un cambio de modelo de Estado a armarse para reivindicar el derecho a manejar uno mismo el que existe. Por otro lado, nunca se puede atribuir a ingenuidad o nobleza el acudir al principio de 'el fin justifica los medios'. Y el 'error de cálculo' de pensar que sería una toma como la de Embajada Dominicana nace de que el aporte del M-19 a nuestras guerras intestinas fue el entender que los medios de comunicación son un escenario más efectivo que los campos de batalla, y que el contenido o resultado del acto es indiferente (instauró el secuestro y el asesinato político como arma en el conflicto interno) ya que lo que cuenta es su repercusión mediática; así se justifican por igual el robo de una espada, el asesinato de José Raquel Mercado, el robo de leche para repartirlo entre los pobres, o asaltar a sangre y fuego el Palacio de Justicia.

Maureén Maya a su turno es quien más aporta como información existente (falsa o cierta) y aunque no se puede decir que se destaca su imparcialidad en el análisis, sí es quien más detalles nuevos divulga. Su valioso aporte sin embargo está prejuiciado por una visión en la que todo (por ejemplo, los antecedentes y el desarrollo de este episodio) es causa y prueba de la existencia de una 'República Militar' en Colombia.
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