Opinión

  • | 1998/04/27 00:00

    La verdad actualizada

    Si el BCH aspira a mantener su credibilidad, no podrá limitarse a pagar avisos con cifras desactualizadas. Tendrá que meterle el diente al problema de cartera.

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En las últimas semanas los medios han sido inundados con costosos avisos de doble página que presentan "La verdad del BCH". Curiosamente, en los avisos las cifras claves están muy desactualizadas.



Sobre el tema hay puntos de mucho interés relacionados con la orientación de las entidades oficiales y con el manejo de la información por parte de los intermediarios financieros.



Tengo gran admiración por la orientación que se le ha dado al BCH en los últimos dos años, y en particular por su atrevida decisión de romper con la costumbre de las entidades de crédito hipotecario de no pisarse las mangueras en tasas de interés, iniciando una agresiva compra de cartera.



El grueso del deterioro del BCH no se explica por la cartera hipotecaria, sino por la cartera comercial y de consumo.



Si el BCH no hubiera roto el pacto tácito del mercado hipotecario, los márgenes sobre la corrección monetaria del UPAC en los créditos de vivienda habrían descendido mucho más lentamente en 1997. Además, el BCH puso al descubierto la ausencia de normas de obligatoria incorporación en los contratos que permitan el prepago de los créditos de largo plazo, así como la frontal oposición de las CAV a la cesión de las hipotecas.



La nueva política competitiva del BCH también representó el rompimiento de una tradición en las empresas financieras del Estado: la de acomodarse y aprovechar márgenes crediticios holgados para engordar una burocracia aprovechada y parasitaria. Para una entidad como el BCH, que partía con cargas laborales mucho mayores que las de su competencia, la decisión implicaba dejar la vida muelle y buscar niveles de productividad similares o superiores a los de las CAV, pues sólo de esa manera podría salir airosa en una guerra de tasas.



Ahora bien, al examinar la respuesta del BCH, confirmo que la mayoría de las cifras de los millonarios avisos llegan hasta junio de 1997, y que faltan indicadores claves. Francamente encuentro ridículo y preocupante que una entidad captadora de ahorros del público pretenda que la comunidad acepte como información válida sobre su situación cifras seleccionadas por ella, y la mayoría de hace nueve meses, cuando hay cifras a febrero de 1998 para el resto del sistema.



No hay ninguna excusa para que una entidad que capta ahorro del público se atrase en la publicación de sus estados financieros. La Superintendencia Bancaria está en la obligación de aplicar las multas que sean necesarias y, si es del caso, llegar a sanciones administrativas, hasta que las cifras se pongan al día. Nada distinto a plena actualización contable es aceptable.



Para mis análisis no fue posible contar ni siquiera con las cifras a diciembre de 1997, pero al menos están las cifras a noviembre, publicadas por la Superintendencia.



Mi conclusión es que la situación del BCH sigue siendo financieramente aceptable pero está en riesgo de sufrir un serio deterioro, cuya prevención requerirá medidas enérgicas.



Uno de los dos únicos puntos que el espacio me permite comentar es el de la calidad de la cartera, el más importante en cualquier intermediario de crédito. En este frente las cosas lucen muy preocupantes a primera vista y sólo un poco mejor cuando se examinan con mayor detalle.



La cartera vencida expresada como porcentaje de la cartera bruta (el indicador más tradicional de calidad de la cartera, que no aparece en los avisos) saltó de 10,15% en diciembre de 1996 a 15,07% en noviembre de 1997. Tanto en su nivel como en su tendencia, el indicador es mucho peor que en las CAV, para las cuales en el mismo lapso se deterioró de 5,85% a 7,85%.



Puesto que sobre el deterioro de la cartera del BCH se han dicho muchas cosas, incluyendo el cuento de que las CAV aprovecharon la gula del BCH para endosarle a sus peores clientes de crédito hipotecario, creo conveniente precisar que el grueso del deterioro de la cartera de la entidad no se explica por la cartera vencida hipotecaria (que como porcentaje de la cartera bruta se deterioró de 5,16% a 7,88%), sino en la cartera comercial y en la cartera de consumo.



La proporción de cartera comercial vencida del BCH saltó de un pésimo 22,11% en diciembre de 1996 a un terrible 36,84% en noviembre pasado, y la proporción vencida de la cartera de consumo saltó de 13,46% a 19,70%. Es válido que el público exija información más actualizada sobre la cartera y que la Superintendencia examine con lupa si las provisiones siguen siendo adecuadas.



El segundo punto, en contraste, es el notable éxito del BCH en reducir sus costos de nómina, mejorando en forma impresionante su productividad laboral.



Mientras entre 1996 y 1997 las CAV elevaron sus costos laborales mensuales en 23,8%, el BCH los redujo en 6,8%, pero al mismo tiempo logró aumentar su cartera en 43,1%, más de veinte puntos por encima del crecimiento en las CAV. Como resultado de esa combinación, en el período mencionado la relación entre el costo laboral anual y la cartera bruta cayó en el BCH de 3,36% a 2,19%, mientras se mantuvo casi estable en las CAV, llegando a 2,22%.



Tenemos, en suma, una entidad estatal que, apartándose de la tradición, por fin hizo algo para mejorar el funcionamiento del mercado y que exhibe extraordinarias ganancias en productividad laboral, pero al mismo tiempo una tendencia al deterioro de su cartera que sería irresponsable minimizar. Para preservar al "nuevo BCH" como un importante instrumento para la política de vivienda es necesario que esos problemas de cartera se ataquen frontalmente. Y para ello el primer requisito es absoluta transparencia y actualización contable.
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