Opinión

  • | 1999/07/02 00:00

    La transición de un Presidente

    Desde el principio de su mandato, el nuevo Presidente deberá aplicar las mejores prácticas gerenciales a la administración pública.

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En el mundo entero hay una creciente preocupación por la eficiencia de la gestión pública y sobre cómo deben utilizarse las técnicas gerenciales más avanzadas para optimizarla.



Entre las múltiples lecciones aprendidas al observar la experiencia de los ejecutivos más exitosos en las mejores empresas del mundo, dos de las más llamativas son el manejo de la transición de un Presidente y la toma del mando. Estos dos puntos son críticos para sentar las bases de su gestión.



Es imperativo que el nuevo Presidente pase rápido de las buenas intenciones a la acción, con prioridades bien definidas y objetivos concretos.



En un reciente estudio realizado por Booz-Allen entre altos ejecutivos que habían asumido exitosamente nuevas posiciones de mando se encontró que le habían dado especial énfasis a ocho temas, los cuales parecen ser claramente adaptables a la administración pública:



* Establecer una agenda clara. Cuatro años son un tiempo muy corto para resolver todos los problemas de un país y cumplir las promesas que se hacen durante la campaña. Es imperativo pasar rápidamente de las buenas intenciones a la acción, con prioridades bien definidas y objetivos concretos.



En la reciente crisis de los países asiáticos, el gobierno coreano elaboró una "agenda Corea" en la que estableció los programas prioritarios para salir de la crisis y el papel de los diversos sectores del país para trabajar con el gobierno y cumplirlos. Este modelo de agenda para la administración pública puede emularse en Colombia.



* Montar un equipo de trabajo capaz de poner en marcha esta agenda. La calidad y credibilidad del equipo es la primera señal de la efectividad del nuevo gobierno. Más que una constelación de estrellas con agenda propia, se necesita un equipo sólido de colaboradores que rápidamente una esfuerzos en torno a una agenda común. Nombrar los responsables para los diferentes cargos no es suficiente, pues el reto es lograr que empiecen a trabajar en equipo.



* Definir su propio papel. Partiendo de las prioridades en la agenda y reconociendo objetivamente en qué aspectos se tienen las mayores habilidades y conocimientos para aportar más, es importante definir en qué y cómo va a invertir su tiempo el nuevo Presidente, qué les delega a sus colaboradores y cómo interactúa con ellos. La parte crítica de integrar un nuevo equipo es tener claro cuál es el papel del líder en el equipo y su estilo de liderazgo.



* Aprender lo que no sabe. Hacer un recuento de hasta dónde se tienen la información y el entendimiento necesarios en las diversas áreas. Dedicar tiempo a oír a las personas involucradas y mejor informadas, preguntar y entender antes de comenzar a actuar.



Idealmente, estas cuatro primeras actividades deben realizarse antes de la transmisión de mando el 7 de agosto.



* Tomar el control operacional. Desplegar el equipo y lanzar una serie de iniciativas que lleven a las entidades gubernamentales a comenzar a trabajar en pro de las prioridades definidas en la nueva agenda de gobierno. Marcar un nuevo rumbo.



* Establecer el perfil público. El comportamiento y las actuaciones públicas son críticas para subrayar los valores y prioridades que se quieren imprimir a la nueva administración. En qué invierte su tiempo el nuevo Presidente marca las prioridades, y las acciones simbólicas definen los valores. Los mejores líderes están muy conscientes de cómo envían estas señales.



* Establecer relaciones críticas. Los puntos prioritarios de la agenda van a requerir actuar con interlocutores de la comunidad internacional, de los diversos sectores y estamentos del país. Es prioritario establecer relaciones con los individuos más influyentes para garantizar el cumplimiento de la agenda. Aún cuando en algunos casos estos individuos puedan oponerse, debe intentarse unirlos a la causa o entender sus objeciones para poder neutralizarlos.



* Montar canales de comunicación. En especial cuando la agenda es de cambio, hay que comunicarla intensivamente y por múltiples canales. Se requiere establecer un programa de comunicaciones en persona en los medios masivos y en diversos foros para garantizar que la ciudadanía en general y los sectores involucrados en cuestiones específicas entiendan lo que se quiere hacer, en lo posible lo apoyen y, de lo contrario, tengan mecanismos de comunicación a su alcance para expresar sus preocupaciones.



Un ejemplo interesante de eficiencia presidencial fue el de Ronald Reagan. No se destacaba ni por su inteligencia ni por su preparación académica ni por su capacidad de trabajo, pero fue uno de los presidentes de Estados Unidos más efectivos de este siglo.



Comenzó con una agenda muy clara ­acabar con el comunismo y reducir el papel del gobierno central­; montó un equipo cercano de colaboradores (varios de los cuales lo habían acompañado como gobernador de California); concentró sus esfuerzos personales en las cuestiones críticas en que podía tener impacto; estableció relaciones con los personajes que más podían apoyar sus objetivos (Margaret Thatcher, el Papa...); enviaba señales astutas (el Strategic Defense Initiative para neutralizar a la Unión Soviética); y se comunicaba con el público por televisión en forma permanente, clara y convincente.



El nuevo Presidente de Colombia ­que al escribir estas líneas aún no se sabe quién será­ enfrenta un enorme desafío. Atacar rápida y efectivamente los ocho puntos anteriores le permitirá tener un impacto inmediato en su nuevo mandato con un despliegue de buena administración desde el primer día. Esperamos, por el bien de todos los colombianos, que así sea.
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