Opinión

  • | 2010/07/23 00:00

    La tierra prometida

    El nuevo Ministro de Agricultura no solo tendrá que enfrentar el tema de restitución de tierras y avanzar hacia una reforma agraria, sino que será el encargado de conducir una de las locomotoras del crecimiento: la agricultura.

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Una vez finalizados los dos periodos del presidente Uribe, a quien por estos días las regiones y el país agradecen en múltiples homenajes y eventos por su dedicación, esfuerzo y tenacidad, soplan vientos de cambio para bien del país. Uno de estos es en el tema de tierras.

Sin duda, se trata de un tema fundamental para la transformación democrática del país. Son muchos los sectores académicos y los grupos de trabajo que han identificado y coinciden en que la paz y la reconciliación de todos los colombianos pasa por una profunda reforma agraria integral. Textos tales como el de Darío Fajardo Para sembrar la paz se necesita aflojar la tierra se explican por sí solos.

A esa situación histórica se ha sumado, en las últimas dos décadas, el despojo violento de sus propiedades al que han sido sometidos miles de campesinos, indígenas y afrocolombianos por parte de los diferentes grupos armados, en especial los paramilitares, lo que se constituye igualmente en otro tema prioritario. Ante la falta de decisión política y de una institucionalidad adecuada, la restitución de tierras se encuentra enredada a nivel jurídico. Esta situación ha llevado a la Corte Constitucional a declarar un estado de Cosas inconstitucional y mediante Sentencias y Autos, a exigir al Gobierno actuar en defensa de la restitución de los derechos sobre la propiedad de la tierra de los desplazados. En otras palabras, es la Corte la que ha terminado legislando ante el vacío existente.

El nuevo gobierno del presidente Santos, en buena hora, ha tomado la decisión de enfrentar estos complejos temas al anunciar a su nuevo ministro de Agricultura: Juan Camilo Restrepo, un hombre capaz y sin tacha como ninguno, que ha criticado la forma en que han sido conducidos los asuntos agrarios en el país, en particular el manejo que se le ha dado al programa Agro Ingreso Seguro, el cual ha privilegiado a grandes terratenientes y fomentado la corrupción. Juan Camilo no solo tendrá que enfrentar el tema de restitución de tierras y avanzar hacia una reforma agraria, sino que será el encargado de conducir una de las locomotoras del crecimiento: la agricultura. Este es otro de los grandes desafíos de la nueva administración pero a la vez una gran oportunidad para que, por primera vez en nuestra historia, la expansión agrícola no se haga a costa de los bosques naturales sino, por el contrario, se logre la armonización de la conservación y la sostenibilidad de la oferta ambiental con el uso productivo del suelo y el ordenamiento de la población en el territorio, tal como lo propone Alejandro Reyes, académico a quien el nuevo Gobierno escucha al oído.

Con los sistemas agrosilvopastoriles, ya puestos en marcha en Colombia con excelentes resultados, la expansión de la agricultura en esta oportunidad podrá hacerse a costa de las tierras ganaderas y no de los bosques. La ganadería, que hoy ocupa de manera ineficiente 39 millones de hectáreas, podrá reducirse a tan solo 10 millones de hectáreas con alta productividad.

Los sistemas agrosilvopastoriles intensivos, compuestos por arreglos agroforestales que combinan arbustos forrajeros, árboles maderables o frutales y pasturas de alta calidad logran aumentar la capacidad de carga de cabezas y una mayor productividad por hectárea. Las cifras están a la vista, además de restaurar los suelos degradados, fomentar el regreso de la fauna nativa, en especial de las aves y crear corredores ecológicos, estos novedosos sistemas protegen los pastos y la humedad de los suelos, cuidan las aguas, alimentan el ganado y mejoran la calidad en la producción de carne y leche en épocas de verano. La productividad mejora, al pasar de una carga animal de entre 0,5 a 0,8 en animales mayores (450 kilos de peso) por hectárea año a 2,5 - 3,0 sin sistemas de riego. Con riego se alcanzan los cuatro animales por hectárea. En cuanto a productividad, esto significa pasar de 150 kilos de carne por hectárea/año a más de 1.500 kilos y en leche se pasa de 800 litros a más de 4.000 por hectárea/año.

No solo por tratarse de un acto de justicia sino también por su importancia para cerrar la brecha histórica de inequidad en que se encuentra Colombia, resarcir a las víctimas del conflicto y hacer a nuestro país más productivo social y económicamente, es que las propuestas del nuevo Gobierno merecen el más decidido apoyo de todos los colombianos.

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