Opinión

  • | 2007/06/22 00:00

    La Sierra Nevada ¿en vías de extinción?

    Las inversiones que deberían ir a proteger los territorios indígenas y los ecosistemas de la Sierra se están yendo a la guerra y a construir megaproyectos de gran impacto ambiental. ¿En qué estará pensando el Ministro?

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La Sierra Nevada de Santa Marta es una de esas regiones maravillosas que deslumbraron desde el siglo XIX a los exploradores y viajeros europeos, tanto por sus extraordinarias condiciones geográficas que albergan todos los pisos térmicos, como por contener una valiosa muestra representativa de la fauna y flora de la América tropical.

Allí habitaron los tayrona, una de las principales civilizaciones indígenas, quienes junto con los incas, mayas y aztecas alcanzaron un alto grado de desarrollo. Su complejo de ciudades en piedra y su intervención respetuosa sobre los frágiles ecosistemas de montaña permitieron una relación armónica hombre-naturaleza, tradición que ha sido mantenida por sus descendientes Kogis, Arhuacos, Wiwas y Kankuamos.

Hoy estas poblaciones se encuentran amenazadas y en inminente peligro. Así se desprende del informe sobre derechos humanos y derecho humanitario de la Sierra Nevada, presentado recientemente en Valledupar por el Secretariado de Pastoral Social, la Conferencia Episcopal Colombiana y la Defensoría del Pueblo.

La Sierra Nevada es un microcosmos de la realidad nacional. En primer lugar por el fortalecimiento del Ejército Nacional, lo que ha contribuido a mejorar la seguridad alrededor de la Sierra pero ha ocasionando el repliegue de las guerrillas hacia los territorios indígenas, afectando su normal desarrollo y su seguridad alimentaria.
 
En segundo lugar por el proceso de desmovilización de los grupos paramilitares, puesto en duda por la aparición de nuevos grupos como el de las "Águilas Negras para Siempre" y la continuación del narcotráfico. Igualmente por las investigaciones a congresistas y gobernadores de dos de los tres departamentos que comparten la Sierra por sus vínculos con el paramilitarismo, y también por las cuestionadas licencias ambientales y las discusiones sobre la construcción del puerto de la sociedad Brisas en Dibulla y las represas de Ranchería y los Besotes sobre sitios sagrados de los indígenas, sin que se hayan realizado consultas previas con estos grupos tal como lo ordena la legislación.

El informe, si bien destaca algunos logros, menciona la persistencia de altos niveles de violaciones que comprometen tanto a agentes estatales como a grupos armados irregulares, y enfatiza que se mantiene una grave crisis humanitaria causada por la degradación de las hostilidades militares. Esto llevó a que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos decretara medidas cautelares de protección para los indígenas Kankuamos y Wiwas, principales afectados por el asesinato de mas de 200 miembros de sus comunidades.

Menciona cómo a los pueblos indígenas se les desconoce su carácter, organización, tradición, costumbres y culturas propias regidas por la llamada Ley de Origen -formas de gobierno propias y autoridades tradicionales-, a la vez que se atenta contra sus territorios, sitios sagrados y el medio ambiente, que en su caso constituye parte intrínseca de su existencia, razón de ser y de la concepción de convivencia y de deberes para con la Madre Tierra.

Por su parte y "en respuesta a la crisis humanitaria ha sido constante la resistencia indígena civilista, autónoma y empeñada en lograr que se recupere la paz y se preserven los territorios, las comunidades y sus culturas".

Ante este panorama uno se pregunta ¿qué ha pasado con los acuerdos suscritos entre el Ministerio del Ambiente -MAVDT- y el DNP con los indígenas, a través de los cuales se garantizan intervenciones territoriales concertadas entre las partes? Y, ¿qué ha sucedido con el Consejo Ambiental Regional de la Sierra Nevada, espacio creado por la Ley 388 que ordena al MAVDT reunir trimestralmente a ministerios, gobernaciones, alcaldías, autoridades indígenas y ambientales, universidades y ONG´s para tratar los temas que conduzcan a un desarrollo sostenible de la Sierra Nevada, que no se reúne desde hace dos años?
 
Ante la ausencia de políticas y acciones concertadas, las inversiones que deberían ir a la protección y respeto de los territorios indígenas y de los ecosistemas de la gran "fábrica de agua" se están yendo a la guerra y a la construcción de megaproyectos de gran impacto ambiental y cultural. Y entonces el interrogante es: ¿en qué estará pensando el Ministro?
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