Opinión

  • | 2005/05/13 00:00

    La Revaluación del yuan

    Para que China logre ponerse a tono con la revaluación de su moneda, debe hacer una limpieza total de su sistema financiero, privatizando sus principales instituciones y sincerando su deuda.

COMPARTIR

El mercado de divisas de los tiempos modernos se ha ajustado a parámetros más visibles a medida que el comercio internacional lo ha exigido. Entidades supranacionales como la Organización Mundial del Comercio han escalado sus esfuerzos en aras de mejorar la competitividad de los mercados, y no dejar esta labor a discrepancias legales por auxilios y multas puntuales, o mejor aún a diferencias en tipos de cambio de monedas en el mercado mundial. Este, sin embargo, ha sido el punto más controversial sobre el porqué de la no revaluación del yuan chino.

Sin duda, el más interesado en que esta acción tome efecto hoy es Estados Unidos, cuyas importaciones provenientes de este gigante asiático ya son del 13,4% para 2004 y representan cerca del 25% del total de su déficit comercial para el mismo período. La reducción de ese déficit ha sido una preocupación constante de la administración estadounidense, que se ha embarcado en la misión de convencer a su contraparte china que deje flotar su moneda, esperando quizás que esa determinación alivie el peso que tienen estos "pasivos" en el fisco estadounidense. Infortunadamente, bajo las condiciones actuales de la economía mundial, tendría un efecto diametralmente opuesto. Las importaciones chinas a tierra estadounidense no se mantendrían a precios actuales y, por el contrario, ante una apreciación de la moneda, serían mucho más costosas. El único escenario en donde una revaluación disminuiría este costo comercial y fiscal (hay impuestos a una serie de bienes importados), sería bajo el caso hipotético en el que los importadores estadounidenses decidieran mover los sistemas productivos de China a Estados Unidos. Este último escenario tiene connotaciones utópicas cuando los salarios chinos son casi el 5% de los estadounidenses.

Otros partidarios de la eliminación del "peg" del yuan frente al dólar argumentan que dejarlo flotar, forzaría a otras divisas a subsecuentes ajustes a su tasa cambiaria y, por ende, el dólar se ajustaría lo suficiente para corregir la balanza comercial estadounidense. Nuevamente, bajo esta premisa, se contemplarían dos inconvenientes: una devaluación competitiva funciona siempre y cuando las economías están al máximo de su capacidad productiva. Este, definitivamente, no es el caso de Estados Unidos. Por otro lado, Japón y otros países asiáticos han favorecido la apreciación del yuan chino como un sustituto sintético a las apreciaciones de sus monedas. Es decir, si China revalúa, otras economías como la japonesa muy seguramente verían apreciarse sus divisas también contra el dólar.

Si bien hemos visto una devaluación de la divisa estadounidense contra el euro superior al 50% en los últimos dos años, solamente lo ha hecho en un 10% contra el yen en el mismo período. Sin embargo, viéndolo como región, Asia es un socio comercial mucho más importante para Estados Unidos que la Unión Europea, por ello, prácticamente no se ha beneficiado de este movimiento.

El haber mantenido el yuan con un tipo de cambio fijo frente al dólar durante los últimos 10 años, acentúa los dos principales problemas de la economía china; primero, la debilidad de un sistema financiero que no tiene base en un mercado de capitales y que acumula grandes cantidades de deuda de dudoso recaudo. Al dejar flotar su moneda, la República China se podría convertir fácilmente en una versión pobre de Japón, con una moneda fortísima, deflación y bajo crecimiento. Segundo, el sistema económico chino no alienta a la creación de industrias competitivas globalmente, sino que más bien se recuesta en exportar procesos para el crecimiento. Por consiguiente, siendo Estados Unidos su mercado de preferencia para exportar, les conviene mantener la moneda anclada al dólar.

De los dos, el primero es crítico, debido a que el sistema financiero es fondeado por instrumentos de renta fija con retornos muy bajos. Por eso, China necesita una burbuja para continuar con su expansión, en este caso en inmobiliaria y de entrada masiva de nuevas industrias en el mercado. Si ocurriese una revaluación de choque y no gradual, el aterrizaje de la economía sería forzoso, pues su "boom" de crecimiento está basado en surrealistas expectativas alcistas, exacerbadas por un ambiente de muy baja liquidez.

Para que China logre ponerse a tono con la revaluación de su moneda, se necesita que primero haga una limpieza total de su sistema financiero, privatizando sus principales instituciones y sincerando su deuda. En ese caso, es posible que ante la realidad de esa economía, ya no entrase tanto dinero caliente y la libre fluctuación de la moneda no la llevase tanto a una revaluación, como a una devaluación. Pero que esta situación pase en el entorno actual, quizás es hablar de ciencia ficción.



Santiago Ulloa, CEO TBK Investments Inc.

sulloa@tbkinvestments.com
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?