Opinión

  • | 2009/03/20 00:00

    La Responsabilidad de ser Optimistas

    En las actuales circunstancias lo único que no puede pasar es que tengamos una crisis de confianza interna creada por nosotros mismos.

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Pocos intangibles tan importantes, difíciles de construir y de valorar como la confianza. Esto es válido, tanto en el ámbito de las relaciones individuales, como en el de las colectivas. Desde el punto de vista económico, hace varias décadas se ha entendido el poder decisorio que tienen las expectativas sobre los resultados tangibles del sistema.

Solo para darnos una idea del valor social que tiene la misma, la confianza económica en instituciones y en el sistema es tan importante, que el código penal colombiano considera que afectar grave e injustificadamente la misma puede constituir un delito denominado "pánico económico" y en su artículo 302 dice que el mismo puede tener cárcel de 2 a 8 años y multas millonarias para quien incurra en el mismo.

Nadie por estos días se atrevería a negar la gravedad de la situación económica mundial. Sin embargo, sí nos debemos preguntar qué tanto de la misma se debe a la falla fundamental del sistema, y qué tanto a la pérdida de confianza en el mismo. ¿Qué tanto de la crisis de los bancos se debió a los indudables malos manejos y qué tanto al terror de los inversionistas de perder el resto de sus ahorros?

El caso de Colombia es aún más particular. De una parte vemos al Ministro de Hacienda haciendo permanentes declaraciones en las que afirma como la economía colombiana se encuentra "blindada" contra la crisis, pero de otra parte vemos algunos incontrovertibles indicadores registrando señales de que la crisis no nos ignorará, ni nos pasará de lado.

Ahora bien, no hay duda de que el sistema financiero colombiano cuenta hoy en día con una estructura significativamente más sólida que la que tenía el sistema financiero internacional. Al menos el sistema financiero formal. También es cierto que contamos con una situación mucho más sana que la que teníamos en Colombia en los años 80 o a finales de los 90. Hay que reconocer la prudencia de los administradores, reguladores y supervisores que han tenido a su cargo el sistema durante los últimos años.

También es cierto que Colombia hoy en día está lo suficientemente inmersa en la economía mundial como para entender que no es cierto que nos encontremos totalmente "blindados". Por el contrario, aunque en menor grado que muchas de las economías mundiales, ya se registran algunos síntomas de que esta gripa mundial nos ha contagiado.

¿Cuál es el límite de la confianza y el realismo?

Dentro de todo este entorno es totalmente entendible la preocupación generalizada acerca de ¿cuál es el futuro de la economía colombiana, y cuáles serán los efectos de la crisis sobre nosotros? Son entendibles los múltiples artículos, notas de prensa y columnas de opinión que pretenden informar y alertar sobre la crisis. También son entendibles los miles de conversaciones y comentarios que a diario se dan sobre la misma.

Sin embargo, es muchísimo mas importante cuidarnos de no crearnos nuestra propia crisis de confianza. No hacernos el harakiri financiero, por una aparente actitud de "cautela". La verdad es que puede ser muy poco cauteloso, por no decir peligroso y hasta irresponsable o ilegal de parte de nosotros mismos, propiciar un ambiente de desconfianza, disminución de la inversión, de los planes de ampliación o de la compra de casas, carros y consumo general.

El papel y la actitud del sector financiero presente en Colombia son vitales en esta coyuntura. No puede ser fuente de mayores restricciones que las que pudieran venir del exterior. Debe cumplir como nunca el mandato social que aceptó: ser intermediario de ahorros y recursos para la búsqueda del desarrollo. Indicios hay sobre exceso de cautela en el sector, de atrincheramientos extremos que pudieran afectar el funcionamiento de la economía y sobre restricciones a sus clientes. El Gobierno y el sector privado deberán estar alerta a cualquier señal de alarma en este sentido y exigir el cumplimiento de sus deberes sociales. Cabe decir que se espera que dentro de estos deberes esté el de ser optimistas, apostarle al desarrollo y preservar nuestra intangible confianza.

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