Opinión

  • | 2003/08/08 00:00

    La responsabilidad de las juntas directivas

    Garantizar la confianza que permita una interacción honesta y real.

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De acuerdo con los estatutos de las organizaciones que tienen una junta directiva o consejo directivo, en términos generales el papel que pretenden cumplir es apoyar a la dirección, supervisar y controlar, hacer seguimiento al funcionamiento de la institución, aprobar el presupuesto y hacer los nombramientos que se requieran a la luz de las propuestas del presidente o director de la organización. Esto le exige reunirse periódicamente para dar algunas directrices y evaluar resultados.

Según mi propia experiencia y la de otras personas, son pocas las ocasiones en las cuales una junta directiva cumple a cabalidad su papel. Sea porque el gerente o director de la organización "maneja las cosas" de forma tal que "no se le metan mucho", o sea porque la junta misma considera que no quiere coadministrar, con frecuencia estos espacios se reducen por parte de la dirección de la organización a informar parcialmente sobre el funcionamiento de la institución y por parte de los miembros de la junta a exponer sus opiniones sobre esa información y si acaso a preguntar o hacer un tímido seguimiento sobre alguna idea propuesta en la sesión anterior. De todo se deja un acta que se lee juiciosamente y que sirve para cumplir las normas legales y para apuntalar alguna decisión que requiera este apoyo. Pero, muchas veces, se desaprovechan tanto la oportunidad de reflexionar sobre el funcionamiento de la institución respectiva, como la creatividad y contribuciones de personas versadas en distintos temas, que podrían aportar miradas novedosas sobre la rutina y el devenir de la organización.

Al reflexionar sobre cuáles pueden ser las causas de esta forma de "administrar" y de desaprovechar las juntas directivas, se me ocurren dos.

En primer lugar, en nuestro país, las juntas directivas conceden un peso importante al papel de supervisión sobre la dirección de la organización. Esto explica tal vez que haya un presidente de la junta diferente al presidente o director de la organización. Mientras que en otros países, el CEO (Chief executive officer) es simultáneamente el presidente de la junta y presidente de la institución. Una interpretación de esta diferencia puede ser que las relaciones entre estos dos cargos entre nosotros están mediadas por la desconfianza, mientras que en aquellos otros países no. Dicho de otra forma, aquí creemos que se requiere una autoridad "superior" que vigile las acciones de la dirección. Dada la descripción anterior, en la práctica sucede exactamente lo contrario, así no haya acciones de mala fe: la dirección intenta compartir el mínimo para que no se entrometan en su gestión y consulta casi siempre lo que ya tiene decidido o aquello sobre lo cual considera que necesita el respaldo para manejar posibles reacciones de sus colaboradores.

En segundo lugar, una razón podría ser esa característica tan usual, sobre todo en nuestro medio, de no querer molestar, de decir las cosas con tal suavidad y delicadeza, que no se dice lo que se piensa de forma directa y clara, sino "por los laditos", usando diminutivos o abstracciones. Esto obedece tal vez a que aquí nos "resentimos" porque lo tomamos todo personalmente. Si como gerente se me pregunta algo que no expliqué suficientemente, o se me sugiere que modifique una estrategia o se cuestiona una actuación, es frecuente que sienta fastidio por quien interviene de esta forma y que no me sea fácil, como sí lo es en otras partes del mundo, "salir a almorzar" con el grupo, en este caso los miembros de la junta, sin ningún problema y sin "cargar" con el malestar que se me haya generado en la reunión.

Así, la interacción entre la dirección de la institución y los miembros de junta se reduce a compartir información, a hacer un intercambio "suave" de opiniones y en la práctica todo sigue igual.

Se trataría de partir de la confianza y de la apertura que permitan a unos y otros interactuar cándidamente, sin prevenciones ni temores, con las cartas sobre la mesa y administrando los afectos.
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