Opinión

  • | 2004/08/20 00:00

    La responsabilidad de la autoridad cambiaria

    Lo menos que debe exigirse a la autoridad cambiaria es que se responsabilice de las consecuencias de largo plazo de sus decisiones y omisiones.

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Tengo la convicción profesional de que la apreciación del peso de los últimos 15 meses nos aleja del nivel de equilibrio de largo plazo. En términos de la prueba que hace 15 años propuso Paul Krugman sobre si un movimiento cambiario, como la fortaleza internacional que en ese entonces exhibía el dólar, refleja o no una "burbuja especulativa", quiero precisar que, según mis proyecciones, el actual tipo de cambio real inducirá un aumento exagerado del déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos y, por ende, un aumento insostenible de los pasivos externos del país. Ello implica que el mercado corregirá, y que esa corrección será más fuerte cuanto más se haya apreciado el peso, en contravía de los fundamentos.

Estimo que en un plazo que difícilmente alcanzará un año, y que será mucho menor si la autoridad monetaria no incurre en la insensatez de elevar las tasas de interés, la tendencia cambiaria se habrá invertido y, de nuevo, el país estará hablando de los riesgos inflacionarios de una devaluación demasiado rápida, y de las angustias de los importadores y de quienes tienen deudas en dólares. Mi proyección, condicional a la no metida de pata de la Junta en materia de tasas de interés, es de un tipo de cambio cercano a $2.800 para fines de este año y, más importante, una aceleración de la devaluación en el año 2005. Con un horizonte de 12 meses o más consideraría una gran imprudencia endeudarse en dólares.

Pero reconozco que no hay seguridad de que la modificación de la tendencia ocurra este mismo año, porque hay demasiadas variables en juego, y varias de ellas son aleatorias, como los precios del petróleo, y otras son variables de política económica. Lo que me preocupa no es la incapacidad para precisar el momento del cambio de la tendencia del dólar, porque solo un necio le pide peras al olmo y estoy demasiado viejo para no reconocer las limitaciones de la técnica económica, sino la cuestión de fondo: la posibilidad de que un dólar demasiado barato durante mucho tiempo cause daños a la economía que sería difícil y costoso corregir luego.

Leí con especial interés el más reciente informe de la Junta del Banco de la República al Congreso Nacional, buscando una posición de la autoridad cambiaria frente a las excepcionales circunstancias que explican que Colombia comparta con Haití, Namibia y Lesotho la curiosa distinción de tener una de las monedas más fuertes del mundo. Lo que encontré, reiterado en muchas partes en ese informe, es que la Junta no tiene como objetivo un nivel determinado de la tasa de cambio -y, por ende, ni siquiera un límite a la caída del tipo de cambio real- y que los únicos objetivos de la política cambiaria son evitar fluctuaciones excesivas y lograr una acumulación de reservas que permita manejar mejor la próxima crisis.

La autoridad monetaria no ignora que la probabilidad de una futura crisis externa está aumentando. Uno de los capítulos del informe de la Junta al Congreso documenta el aumento de la "vulnerabilidad externa" del país, aunque sin reconocer que esa vulnerabilidad depende, más que de ninguna otra cosa, del tipo de cambio real.

En mi opinión una política económica competente, dispuesta a utilizar todos los instrumentos a su disposición, y que no defina prioridades económicas absurdas, como sería la de asegurar reducciones adicionales de la inflación así todo lo demás se vaya al diablo, estaría en capacidad de evitar una apreciación excesiva y demasiado prolongada del peso. Basta señalar que durante muchos años países como China y Taiwán, con situaciones externas incomparablemente más sólidas que la colombiana, han probado ser capaces de evitar la apreciación de sus monedas.

En varios escritos he propuesto como medidas para evitar una apreciación adicional del peso y una futura crisis de la balanza de pagos que se eleve, si es del caso hasta un monto que frene completamente esas operaciones, la comisión que cobra el Banco de la República por aceptar depósitos en efectivo del sistema bancario, cuya abundancia es por demás sospechosa. Que se reduzcan las tasas de interés para disuadir la entrada de capitales especulativos. Que se compren más reservas internacionales, recurriendo a los instrumentos de esterilización monetaria que sean necesarios para compensar las emisiones monetarias usadas para ello, y que se le presten los excesos de reservas al gobierno para evitar más endeudamiento externo.

Entiendo que la respuesta de la Junta a estas propuestas es negativa. Solo espero que en este caso la autoridad cambiaria tenga la razón. Pero no puedo evitar recordar que hace apenas 6 años esa misma autoridad actuó con gran energía y convicción en la dirección opuesta, cuando hizo todo lo posible para evitar una devaluación que el mercado estaba exigiendo y, aunque fracasó en el intento, mediante un alza brutal de las tasas de interés precipitó al país en la peor recesión de su historia.
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