Opinión

  • | 2004/04/30 00:00

    La reelección de Uribe

    Hay varias cosas que no me gustan de la reelección inmediata, pero creo que el balance será positivo.

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Es malo para la institucionalidad que el gobierno promueva un cambio constitucional en su propio interés, y hay riesgos económicos por la perspectiva de que Uribe viva, desde ya, en campaña. Pero, por supuesto, reconocer que habrá costos no implica aceptar que el balance será negativo.

Primero, una palabra sobre el costo, no económico, del cambio constitucional. Ojalá pudiera evitarse, pero me parece fariseo el escándalo. La Constitución que va a cambiarse no es sacrosanta, ni siquiera venerable: es un texto que ha sufrido innumerables modificaciones desde cuando se promulgó en 1991, porque nació chueco.

Contra lo que escriben mis colegas, no me preocupa que reformas económicas como la tributaria o la presupuestal se aplacen unos meses. Hasta me gusta que haya una pausa en la diarrea legislativa. Una vez realizado el cambio en la Constitución, el gobierno, con perspectivas de durar seis años más, tendrá capacidad sobrada para persuadir al Congreso sobre esas y otras reformas de fondo. Me preocupa todavía menos que, con un ojo en las elecciones de 2006, el presidente Uribe descarte algunas de las fórmulas neoliberales extremas que han querido venderle sus asesores. Todos sabemos que la reelección de Uribe va a depender sobre todo de la producción y el empleo en los próximos dos años, y me gusta que esos dos objetivos pasen a ser prioridades efectivas, no rituales, de la política económica.

Quiero comentar la posibilidad de reelección de Uribe en relación con tres temas gordos. Primero, la reforma pensional. Siempre he creído que, en este país joven, donde la mayoría de la población todavía está en la etapa productiva, la principal contribución de la política económica a la corrección del déficit fiscal por el lado de las pensiones será acabar con los abusivos "regímenes especiales", mantener un vigoroso crecimiento del empleo y lograr la vinculación masiva de la población a la seguridad social. No creo que la campaña de Uribe para la reelección, que ya comenzó, entre en conflicto con eso, todo lo contrario. Entrará en conflicto con otras fórmulas, que siempre he considerado discutibles.

Segundo tema, el acuerdo de libre comercio con Estados Unidos. Hace unos meses insinué aquí, un poco en broma pues todavía nadie hablaba abiertamente de la reelección, que sería bueno que el gobierno que va a negociar el TLC fuera el mismo que tendrá que cosechar los resultados, buenos o malos. Me preocupaba la propensión de los funcionarios, que trabajan con la vista puesta en la celebración de un tratado en 2006, a negar o restarles importancia a los costos del TLC. Costos como los del sacrificio de ingresos aduaneros, el marchitamiento de producciones y empleos vulnerables y la aceptación de altos costos por patentes y derechos de propiedad intelectual. Creo que la perspectiva de que el gobierno de Uribe dure hasta 2010, y que deba responder en forma directa por los resultados, y no solo limitarse a cortar la cinta del TLC, reducirá los riesgos de que nuestros negociadores entreguen demasiado para cumplir una fecha arbitraria de celebración del Acuerdo.

Finalmente, el asunto más delicado: el orden público. Les he oído a personas cuyo criterio respeto que reelegir a Uribe incendiaría al país, si la subversión se siente acorralada, sin opciones distintas a la derrota o la victoria. Pero creo que no es válido presentar como acorralamiento la opción, siempre presente, de que la guerrilla y los paramilitares entreguen las armas y se reintegren a la democracia.

Coincido en que, con la perspectiva de un gobierno de Uribe hasta 2010, la opción de repliegue táctico de las FARC dejaría de existir, y la guerrilla tendría que jugarse a fondo para tratar, o bien de amilanar a la población para que opte en 2006 por alguien "de mano blandita", o para derrotar al gobierno Uribe una vez pasen las elecciones. Pero nada bueno sale del apaciguamiento y, si eso de "no torear a la guerrilla con Uribe para otros ocho años" no es apaciguamiento, no sé lo que es. Me parece que lo mejor para la democracia es que pueda calibrar todo el poder de la guerrilla y tomar, con esa información, una decisión responsable sobre los recursos requeridos para vencerla. A largo plazo el supuesto "costo" de orden público por una reacción desesperada de la subversión a la reelección de Uribe será el mayor dividendo de ese desarrollo.

En suma, una política económica con auténtica preocupación por la equidad, sin fórmulas neoliberales extremas, la prioridad efectiva y no de labios para afuera a la producción y el empleo, y un enfoque realista del orden público que obligue a la sociedad a tomar decisiones de fondo, en lugar de limitarse a "manejar" el problema, serán beneficios importantes de la reelección de Uribe. En mi opinión, superan los costos.
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