Opinión

  • | 2006/10/13 00:00

    La quiebra de Pericles Almanza

    "...No piensen, no, que es mentira, que lo cuenta quien lo vio..."

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"Una de las razones por las cuales una empresa de familia se puede acabar es porque los padres resuelven entregar el manejo de la empresa a sus hijos cuando ellos todavía no están preparados para administrarla". Era el comentario generalizado en una reunión social. Voy a ilustrar con un ejemplo que como dice la poesía "La Perrilla" de José Manuel Marroquín "…No piensen, no, que es mentira, que lo cuenta quien lo vio…". Se trata del caso de Pericles Almanza, patriarca antioqueño, quien después de 20 años de entrenamiento y formación en una conocida cadena de almacenes de ropa, resolvió iniciar su propia empresa con uno de sus compañeros, a quien más tarde compró su participación. La empresa creció y se posicionó en el mercado nacional, gracias al excelente manejo financiero y comercial dado por don Pericles. Su experiencia y relaciones fueron fundamentales para ello. Durante los años de la administración de don Pericles, ninguno de los miembros de la familia tuvo la oportunidad de trabajar en la empresa, debido al estricto cumplimiento de la norma establecida por los fundadores de que la familia no podía vincularse a la empresa. Además, en la casa no se hablaba de negocios, aunque la familia siempre gozó de muchas comodidades, gracias al buen desempeño de la empresa familiar.

Una tarde, precisamente el mismo día del cumpleaños 52 de don Pericles, él resolvió que ya había trabajado lo suficiente y que era tiempo de hacer uso de su buen retiro; decidió hacerlo en una finca ganadera que había adquirido cerca de uno de esos lindos pueblos antioqueños. Como no había ningún empleado digno de su confianza, don Pericles llamó a Rudesindo, su hijo mayor, quien se había graduado de una universidad muy prestigiosa en Estados Unidos, y para ese entonces ya tenía un par de años de experiencia laboral. Luego, Rudesindo asumió el manejo del negocio familiar. Pero una cosa era haber trabajado un par de años en una empresa, y otra la responsabilidad de más de 250 empleados, 25 tiendas y una logística respetable.

Rudesindo, emocionado con el nuevo cargo, inició su labor con la construcción de un gran edificio para las bodegas y las oficinas de la empresa; y como las 25 tiendas que había recibido no eran suficientes para mostrar a su familia y amigos su éxito como empresario, abrió otras cinco tiendas en varias ciudades, basado en su "pálpito" empresarial. Al cabo de poco tiempo, la liquidez de la empresa dejó de ser suficiente para soportar este crecimiento. Entonces, Rudesindo llamó a su amigo Eustaquio, experto en finanzas, y él, muy "sabiamente", le comentó que las empresas se debían endeudar para crecer. Rudesindo siguió el consejo de su amigo y entonces todo ese desarrollo fue financiado con deuda bancaria. Como los bancos tenían la mejor imagen de cumplimiento de don Pericles, y había buenas garantías hipotecarias de los locales comerciales, no tuvieron reparo en financiar el crecimiento, aunque no había mucha sustentación a los proyectos.

Entonces, lo que tenía que pasar pasó, y muy pronto el flujo de caja de la empresa no daba para pagar las deudas, la empresa empezó a incumplir a los proveedores, los inventarios se fueron disminuyendo, los clientes no veían renovación en la moda, el flujo de caja se apretó y los bancos empezaron a demandar y a utilizar las hipotecas de los locales de las tiendas. Como si fuera poco, Rudesindo empezó a financiar con dinero de la empresa un nuevo negocio de Paco, su hermano, con el visto bueno de Arcadia, la madre de los Almanza. Al poco tiempo, la empresa estaba en bancarrota.

Mientras Rudesindo andaba en sus proyectos, don Pericles se dedicaba a sus vacas, hasta que un buen día, Arcesio, otro de sus hijos, le advirtió de las demandas en que estaba la empresa, y del disgusto generalizado de los proveedores. Don Pericles volvió a Bogotá a tomar cuentas a Rudesindo, y muy pronto notó que ya no había nada qué hacer. Procuró rescatar lo que quedaba, pero ya era demasiado tarde. Casi todas las propiedades estaban en manos de los bancos y del buen negocio que había entregado a su hijo no quedaba sino el triste recuerdo.

Señor Empresario Familiar: ¿No le parece a usted que se cometieron varios errores? Más aún, ¿no cree que son situaciones que le podrían pasar a usted?

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