Opinión

  • | 2005/05/13 00:00

    La próxima crisis financiera

    Buenos tiempos: es el momento de pensar en la próxima crisis financiera.

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El crédito bancario en América Latina está creciendo. En Brasil y Colombia, los préstamos bancarios al sector privado (descontando el efecto de la inflación) ya alcanzaron niveles comparables al pico de 1998, cuando se inició la recesión. En Argentina y Venezuela ha habido un repunte espectacular en meses recientes, aunque aún falta mucho por recuperar. En Chile, el crédito ha crecido en forma sostenida todo el tiempo.

Los problemas financieros se incuban o se previenen en los auges del crédito. Cuando el crédito abunda, tienden a ocurrir varias cosas que siembran la semilla de la próxima crisis. El gasto tiende a crecer más que el ingreso, lo cual implica que la economía en su conjunto tiende a endeudarse con el resto del mundo y, por tanto, a hacerse vulnerable a la volatilidad de los capitales financieros internacionales. Este fenómeno, que apenas empieza en el ciclo actual, ha sido crítico en el pasado, y causó la recesión de toda América Latina cuando ocurrió la crisis rusa en 1998. La inestabilidad financiera internacional es un riesgo muy serio para los próximos años debido a los altos déficits fiscal y externo de Estados Unidos y los temores de un giro abrupto en la situación financiera en China.

Lo otro que ocurre en períodos de auge crediticio es que resulta atractivo endeudarse en dólares porque las buenas condiciones económicas domésticas y la abundancia de financiamiento externo tienden a fortalecer la moneda local frente al dólar. Si los bancos se endeudan o reciben depósitos en dólares para prestar en pesos, hacen un gran negocio ahora, pero corren el riesgo de que una devaluación más adelante acabe con su capital. Si prestan en dólares, pueden moderar este riesgo, pero no evitarlo, porque sus clientes sufrirán el mismo problema a la hora de la devaluación (a menos que sean exportadores y tengan ingresos en dólares). Este es el problema de la dolarización de pasivos que llevó a la quiebra a varios bancos latinoamericanos en la última década, porque los dejó expuestos a una devaluación de la moneda, que puede ser causada por una interrupción de los flujos de capitales o por algún fenómeno doméstico.

La dolarización de pasivos es un problema para el gobierno, cuyos ingresos tributarios dependen de los ingresos en moneda local de sus contribuyentes. La devaluación multiplica el costo de servir la deuda pública, lo cual agrava los problemas financieros de todo el mundo, como pasó en Argentina y Uruguay, e impide a los gobiernos ir al rescate del sistema financiero.



Los excesos riesgosos

En los buenos tiempos, los bancos están tentados a tomar riesgos excesivos, que pasan inadvertidos porque es fácil para todos los deudores cumplir sus obligaciones, y porque tienden a subir los precios de los inmuebles y otros activos que se ofrecen en garantía. De ahí que varios países estén considerando la forma de hacer que la regulación prudencial sea más exigente cuando la economía está creciendo rápidamente y viceversa. Esto significa que las exigencias de capital ponderadas por riesgo deberían elevarse en este momento para limitar la toma de riesgos excesivos. Una regulación prudencial ajustable de esta forma suavizaría los ciclos económicos, que son muy pronunciados en los países latinoamericanos.

Prevenir crisis requiere tomar medidas de seguridad, en las que no se piensa cuando todo anda bien. Por ejemplo, se necesita una red de seguridad financiera para evitar que si un banco entra en problemas genere una huída de depositantes que pondría en riesgo el sistema. El reto de montar una buena red consiste en prevenir el contagio sin inducir a los bancos a tomar riesgos excesivos en los buenos tiempos, por creer que están protegidos. Para eso se necesita una mezcla bien calibrada, y con limitaciones, de seguros de depósitos y de recursos de liquidez del Banco Central.



Las lecciones

Las crisis financieras en América Latina son más frecuentes que en cualquier otra región del mundo. En uno de cada tres países latinoamericanos, las crisis tienden a repetirse porque no se aprovechan los buenos tiempos para tomar las medidas preventivas.

Las medidas fundamentales de prevención consisten en moderar el crecimiento del gasto público y privado (para evitar la ampliación del déficit externo), impedir la dolarización del sistema financiero, limitar el endeudamiento público en dólares, elevar las exigencias de capital ponderado por riesgo de los bancos y reforzar los sistemas de seguros de depósitos y acceso a liquidez del Banco Central.



Vea el informe de progreso económico y social del BID de 2005, Desencadenar el crédito.

Nota: El autor está vinculado al BID, pero sus opiniones no comprometen a esta institución.
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