Opinión

  • | 2009/03/20 00:00

    La polémica sobre la gasolina

    La fijación del precio no debe depender del estado de ánimo con que se levanten una mañana el Presidente o el Ministro del ramo o de las angustias fiscales del momento.

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La decisión del Gobierno de no reducir el precio de la gasolina en Colombia, cuando este ha colapsado a nivel internacional, ha despertado una acalorada polémica. Algunos comentaristas han acusado al Gobierno de hacer una reforma tributaria por la puerta de atrás, en forma antidemocrática y hasta ilegal. El Gerente del Banco de la República pide bajarlo para facilitar una convergencia más rápida de la tasa de inflación a las metas del Banco. El Gobierno se defiende diciendo que si el año pasado subsidió la gasolina, por qué no se va a reembolsar esa plata ahora. Máxime cuando, como gastó tanto en el pasado, cuando debía haber ahorrado, ahora le falta la guita para hacer un plan anticíclico y cuando, según dice, el Ministerio de Transporte al fin está dispuesto a hacer bien y mantener las carreteras que el país necesita. Dice además que en el Plan de Desarrollo, entre muchos otros micos, se dejó la base legal para crear un fondo de estabilización del precio de la gasolina. Los críticos contraatacan diciendo que el subsidio nunca existió porque la gasolina se ha pagado siempre en Colombia por encima del precio internacional y que el Plan de Desarrollo solo autorizaba usar para ese fin la platica que el Gobierno le sacó por la puerta de atrás (otro mico del Plan) al Fondo de Estabilización Petrolera (Faep) y que se gastó en otras cosas en forma inoportuna. El Ministro de Minas, con una intemperancia que yo no le conocía y que se ha ido convirtiendo en marca de fábrica de la segunda administración Uribe, le dice al Gerente del Banco que él no tiene derecho a hablar sobre estos temas! Solo falta que José Obdulio diga que los que critican esta decisión del Gobierno son amigos de las Farc. !Oh caos, oh confusión! ¿Quién tiene la razón en este inflamado debate?

Comencemos por el tema de si ha habido o no subsidio. ¿Se debe medir el subsidio, como propone por ejemplo Juan Carlos Echeverry, comparando el precio doméstico con el precio internacional (adicionado, presumo yo, con gastos de importación, transporte interno y comercialización) o como lo disponen las normas vigentes (sumando, además, los impuestos)? Para aclarar este punto debe recordarse que en casi todo el mundo (excepto en el Golfo Pérsico, Venezuela Saudita y otros pocos países) la gasolina se vende al público con impuestos especiales adicionales a su costo de oportunidad comercial (el CIF de importación o el FOB de exportación, según el caso) por razones económicas de fondo. En efecto, el costo para el país de usar un galón más de gasolina es muy superior a su valor comercial por dos razones: su uso contamina el ambiente y exige al Estado construir y mantener carreteras y calles urbanas cuyo costo no se puede cobrar solamente a través de peajes. Eso sin contar con otros costos sociales como los asociados con la congestión de tráfico -tiempos perdidos- y la contribución al calentamiento global. Dicho de otro modo, el impuesto (y las sobretasas) a la gasolina se justifican conceptualmente como un intento por cobrar al usuario de la gasolina estos costos sociales que acarrea su consumo. No son sobrecostos arbitrarios (como sí lo son los impuestos a los salarios, incluidos los parafiscales, para poner un ejemplo de moda) sino pagos por daños causados. ¿Por qué, entonces, se dirá, los impuestos varían tanto de país a país? Quizás porque la mayoría de los Estados no llevan bien una contabilidad de costos ambientales y ni siquiera de depreciación de sus carreteras. Pero, mas probablemente, porque hay países más serios que otros: los europeos y el Japón valoran en mucho estos costos y ponen impuestos muy altos y están proponiendo subirlos más por los efectos dramáticos sobre el cambio climático mundial. En cambio Bush bajó estos impuestos en Estados Unidos y no quiso firmar Tokio y Chávez gasta más en subsidio a la gasolina a los ricos que todo lo que valen sus misiones sociales.

Si se aceptan estos argumentos, entonces cualquier precio al público que sea inferior al costo CIF de importación, más impuestos -que representan un cobro por costos sociales asociados al consumo de gasolina-, gastos de transporte interno y comercialización, constituye un subsidio al usuario. Así lo disponen con razón las normas vigentes. Fedesarrollo1 adopta también este criterio y muestra el considerable tamaño del subsidio que se ha dado a los usuarios (en su mayoría de altos ingresos) a lo largo de los últimos años. Solo desde comienzos de este año se ha cobrado un precio superior al costo de oportunidad social del uso de la gasolina. En esto tiene razón el Gobierno y no la tienen sus críticos más vehementes.

También tiene razón el Gobierno en que conviene mitigar en algo las variaciones abruptas del precio internacional de la gasolina. No es bueno que al consumidor un día le suba el precio en 50% y unos meses más tarde le baje en 40%.

Pero la estabilización debe tener reglas fijadas en la Ley, como las tiene el fondo de estabilización de precios de la gasolina en Chile y otras partes del mundo y el Faep en Colombia. La fijación del precio no debe depender del estado de ánimo con que se levanten una mañana el Presidente o el Ministro del ramo o de las angustias fiscales del momento. Lo malo es que un buen día el Presidente y el Ministro decidieron congelar el precio y no se sabe cuándo decidirán descongelarlo. En esto tienen toda la razón los críticos del Gobierno. Esto no es solamente una cuestión de gustos y de talante. Ya sabemos que a este Gobierno no le gusta cumplir las reglas preestablecidas ni en la Constitución ni en las leyes y le encanta decidir día a día en forma discrecional. Pero eso es muy malo para la confianza inversionista (los agentes económicos necesitan saber a qué atenerse) y para la democracia colombiana.

Fedesarrollo ha propuesto que se legisle estableciendo un precio que se ajuste cada mes según un promedio móvil de seis meses (o un año) del precio CIF de importación, adicionado en los impuestos y sobretasas y costos de transporte interno y distribución. Con ese criterio ya deberíamos comenzar a bajar el precio doméstico, facilitando, como con razón lo pide el Banco de la República, el descenso en las tasas de inflación. Mientras se plasma una norma así en una Ley, el Gobierno debería adoptar este criterio por Decreto.

Un punto adicional: el Diesel tiene en Colombia un impuesto mucho más bajo que la gasolina. Esto es completamente absurdo, si nos atenemos a los argumentos anteriores. Esta política ha estado produciendo una sustitución artificial del parque automotor que usa gasolina por el que usa Diesel, erosionando el recaudo de impuestos y sobretasas. Si se legisla sobre estabilización de precio de la gasolina se debía aprovechar para corregir esta anomalía.

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