Opinión

  • | 2004/03/05 00:00

    La perrilla macroeconómica

    Está ocurriendo algo distinto de lo que dijeron que pasaría si fracasaba el Referendo o si el Congreso cambiaba el proyecto oficial de reforma tributaria.

COMPARTIR

Todos estamos felices con la aceleración del crecimiento, el auge de la inversión, el disparo de los precios de la deuda pública, la explosión de los precios de la bolsa, y tantas otras cosas buenas. Pero, al menos para este servidor, sería inaceptable pasar de agache, sin reconocer que lo que está ocurriendo es muy distinto de lo que muchos funcionarios y analistas dijeron que pasaría si fracasaba el Referendo, el Congreso volteaba patas arriba el proyecto oficial de reforma tributaria o el Banco de la República aceptaba la solicitud presidencial de permitirle a la Nación disponer de reservas internacionales para pagar deuda externa.

No es la primera vez que este país se salva por error. Basta recordar que el principio del fin del desastre económico de 1998-1999 tuvo mucho qué ver con dos afortunados errores de las autoridades económicas. El primero fue el acuerdo con el FMI, que empezó a negociarse al inicio de 1999 con la esperanza de consolidar el esquema de banda cambiaria al contar con una "llanta de repuesto": más reservas para desanimar a los especuladores. Al final, oh sorpresa, fue el mismo FMI el que obligó a las autoridades a eliminar la famosa banda. Sabe Dios cuánto daño adicional se habría causado si la célebre llanta de repuesto se hubiera usado, como se programó inicialmente, para defender la banda. El segundo error salvador fue la compra del mito del Y2K, según el cual el paso del milenio generaría muchas complicaciones, y el riesgo de que se efectuaran retiros masivos de la banca. Para prevenir una aguda iliquidez, si se presentaban tales retiros, el Banco de la República aumentó la Base Monetaria 25% en las últimas 6 semanas de 1999 -cosa que nunca habría hecho en otras circunstancias- lo que precipitó un desplome de más de 6 puntos de la DTF en menos de dos meses. No quiero ni imaginarme el desastre financiero si la caída de la DTF, en lugar de ocurrir en pocas semanas, hubiera tardado otro año.

Volviendo a los desarrollos recientes, estoy convencido de que la aceleración del crecimiento económico después del fracaso del Referendo no fue una casualidad. El Referendo tenía algunas cosas buenas, pero nunca fue serio presentarlo como algo que tenía la capacidad para impulsar la economía en el corto plazo. Todo lo contrario: si el congelamiento inmediato y futuro de los sueldos y pensiones hubiera sido aprobado, el crecimiento de 2003 habría sido inferior al observado, y las perspectivas para este año serían menos halagadoras.

Otro desarrollo no buscado, y de consecuencias inesperadas fue la transformación del proyecto oficial de reforma tributaria. El Congreso rechazó la propuesta oficial de aumentar el IVA y de gravar más a los trabajadores, y optó por crear un impuesto al patrimonio, elevar la tarifa de renta y aumentar del 3 al 4 x 1.000 el impuesto a las transacciones. La cosa me inquietó durante algunas semanas, porque esa estructura tributaria implicaba riesgos para la inversión, las tasas de interés y la balanza de pagos. Pero hoy debo reconocer que no se materializaron mis temores iniciales. La inversión sigue disparada, la bolsa alcanza nuevos récords todas las semanas, el dólar se desplomó frente al peso, los bancos nadan en recursos pese al 4 x 1.000 y las tasas de interés acaban de tocar nuevos mínimos. Me parece que, quienes buscan que el Congreso elimine esos impuestos y los reemplace por un IVA general que grave hasta el gato, pasando por la educación y la salud, van a tener que ofrecer mucho más que retórica para sustentar su afirmación de que el actual diseño de los impuestos es "desastroso".

Finalmente, tenemos la propuesta de uso de reservas para prepagar deuda externa, en torno a la cual se hizo tanta alharaca. Se decía que si el Banco de la República no la rechazaba, los precios de los bonos de la deuda colombiana se desplomarían y cundiría la desconfianza en el país. Pero los precios acaban de alcanzar nuevos récords. En cuanto a la confianza, no me extrañaría que dentro de pocas semanas las agencias calificadoras de riesgo soberano, que hace rato vienen haciendo el ridículo al hablar de una "perspectiva negativa de Colombia", decidan enmendar la plana. Lo único lamentable es que ya pasó, y no volverá, el momento cuando Colombia podía comprar barata parte de su deuda externa.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?