La paz debe llegar al campo

| 11/23/2001 12:00:00 AM

La paz debe llegar al campo

Si el sector financiero y el gobierno no se comprometen con el agro, se estará abonando el campo con la semilla de la violencia.

por Luis Eduardo Garzón

La década del 90 fue desastrosa para la agricultura colombiana. La apertura funcionó al revés. Las exportaciones agrícolas cayeron, al pasar de representar el 31% del total exportado en 1991 al 17% en 2001. Las importaciones en el mismo período, por el contrario, registraron "un avance sin precedentes" de US$211 a US$983 millones en esos diez años. Los cultivos transitorios fueron los peor librados de la apertura económica: el trigo, el maíz, el sorgo y la cebada prácticamente desaparecieron de la agricultura nacional. Además, el café enfrenta su más severa crisis histórica, gracias a la caída de los pre cios internacionales causada por la sobreproducción en el mundo.



A los grandes "gurúes" de la economía criolla que han manejado el país en la última década se les olvidó que el mercado de productos agrícolas no funciona bajo el supuesto de condiciones de libre competencia. En cambio, para los países desarrollados, el sector agrícola es estratégico. La Comisión de Agricultura de la Cámara de Representantes de Estados Unidos acaba de aprobar un proyecto de Ley Agrícola de diez años de vigencia que continuaría con los subsidios nacionales a los agricultores y volvería a autorizar programas para ayudarles a vender sus productos en el exterior. La medida asigna US$97.600 millones en gastos obligatorios anuales por parte del gobierno; un "apoyo anticíclico" a los productos básicos, cuando los precios caigan por debajo de un cierto nivel; y el programa para desarrollar mercados en el extranjero mediante la presentación de productos agrícolas estadounidenses a clientes potenciales pasará de recibir US$90 millones a US$200 millones anuales.



Tengo claro que hoy no se trata solamente de redistribuir predios, los servicios complementarios son básicos y el conocimiento y sus aplicaciones son un factor productivo determinante, pero no por ello puede afirmarse que la tierra ya no es lo importante y así escamotear la vigencia de la reforma agraria en un país donde el 1,08% de los predios ocupa el 53,8% de la superficie.



Para que una futura reforma agraria no distribuya pobreza, nuestra propuesta para el "agro" actuará sobre tres ejes:



1. El acceso a los recursos productivos.



2. El acceso a los circuitos de la producción y comercialización.



3. La participación en la distribución del producto social.



Si el sector financiero y el gobierno no se comprometen hoy con el pueblo campesino y trabajador del campo colombiano, con una política integral de financiamiento para acceder a recursos oportunos, con intereses subsidiados para los pequeños productores y cubiertos con seguros de cosechas, la seguridad alimentaria, base insustituible de la soberanía nacional, el primer requisito del progreso de cualquier nación, está en riesgo. Si no entendemos eso hoy y ahora, se estará abonando el campo con una de las semillas del grueso árbol de la violencia que nos ensombrece, con el hambre, el desempleo, la inequidad, la quiebra de centenares de humildes familias campesinas. Entendámoslo: en Colombia la paz llegará del campo. Abonémosla.
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