Opinión

  • | 2007/06/22 00:00

    La Pax Uribista

    ¿Qué posibilidades hay de alcanzar la paz cuando se niega la existencia del conflicto mismo y el único camino que se contempla es el de lograr suficiente fuerza para derrotar a los contradictores?

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Poco se ha destacado el interesante estudio de la revista The Economist en el cual Colombia ocupa el triste puesto 116 sobre 121 en el ranking del nivel de paz que gozan los países.

Dos aspectos se deben precisar:

-Uno, que este indicador y este informe no fueron elaborados por los partidos de la oposición al Gobierno Uribe, ni por unas ONG's que buscan desacreditarlo, ni por los que son calificados de 'apátridas enemigos de Colombia', sino como investigación académica por la Economist Intelligence Unit, una fundación creada por esa prestigiosa publicación para evaluar la situación de los países en aspectos diferentes de los temas macroeconómicos, de PIB, balanza comercial, etc., a la cual no pueden atribuírsele propósitos políticos o proselitistas por no ver lo mismo que difunden las fuentes oficiales, o por darnos esa terrible calificación.

Y dos, que por nivel de paz se entiende algo más que la cantidad de combates, pues se refiere a la tranquilidad, ausencia de violencia, confianza entre ciudadanos, confiabilidad en la justicia, etc., o sea seguridad ciudadana o seguridad democrática, en el verdadero sentido de este término, y no en el distorsionado que se usa aquí hábilmente para efectos propagandísticos.

Lo que se deduce de este informe es que, contra toda razón, se insiste en reivindicar el éxito de la política de 'seguridad democrática' y la necesidad de su continuidad. Es cierto que han disminuido los homicidios y los secuestros y que se transita más confiadamente por las carreteras, lo que es apenas normal cuando todos los recursos del Estado se destinan a ese propósito; pero eso no es una visión o evaluación completa de la seguridad en un país. En homicidios y secuestros seguimos de todas maneras a la cabeza del mundo, y la presencia de tanquetas y tropas armadas de ametralladoras y equipo de campaña a lo largo de todas las rutas es difícil verla como prueba de la paz o la seguridad de un país; pero además punteamos en otros que se han disparado paralelamente como los desplazamientos forzados o la cantidad de emigrantes al extranjero. Tampoco nos va bien en cuanto a temas como la calidad de la Justicia que se administra, con una estadística de cerca del 50% de los presos en las cárceles sin que se haya producido sentencia alguna y la tradición de que 'el castigo es para los de ruana' (y eso que al momento del estudio no existían los casos de la parapolítica y las propuestas presidenciales de pseudoamnistías, indultos y excarcelaciones); en cuanto a la seguridad legal, lo único que produce más incertidumbre que las permanentes propuestas de cambio de la Constitución y las Leyes, es la creatividad para violarlas -en lo cual este gobierno ha mostrado especial habilidad-. Y qué decir de la falta de claridad y credibilidad en la información, cuando tras cerca de haber pasado dos años de realizado el censo aún no se divulgan sus resultados, pero sí se conoce la contradicción con la realidad que muestran fuentes más ciertas (tipo Sisbén o registro de escolaridad), o se producen debates y discrepancias alrededor de las cifras de desempleo y las diferencias en cuanto a su explicación, o respecto a los cultivos de droga, que no se sabe cuántos son, ni si su producción aumenta o disminuye. O en lo que debería ser la seguridad educativa donde, además de la vergüenza de tener uno de los menores presupuestos de América Latina, el Gobierno decide apoderarse de los recursos que por Constitución se deben destinar a ese rubro para con ello disminuir su propio déficit (mediante la nueva ley de transferencias), o le traslada al presupuesto de las Universidades las pensiones que hoy están a su cargo (en el plan de desarrollo).

Es de anotar que el mismo estudio no incluye versiones de violencia y de inseguridad que prácticamente solo nosotros tenemos, como la del sicariato (ni por supuesto el riesgo cuando se equivocan de blanco, como el muchacho de 17 años que confesó un 'error' en su objetivo la semana pasada). O el peligro que pueden representar los mismos miembros de la fuerzas armadas, cuando se enfrentan entre ellas con casos de 'fuego amigo' como Guaitarillas y Jamundí, o sus departamentos de inteligencia interceptan las conversaciones entre ciudadanos sin que supuestamente se sepa por orden de quién o para qué, ni nadie responda por ello, o cuando aparecen ellos vinculados en tantos casos de delitos comunes (droga, secuestro, hurto o simples homicidios por borracheras).

¿Qué posibilidades hay de alcanzar la paz cuando se niega la existencia del conflicto mismo y el único camino que se contempla es el de lograr suficiente fuerza para derrotar a los contradictores? ¿Cuánto representa como ambiente de paz una democracia que no es entendida como instrumento para la búsqueda de consensos sociales, sino como el derecho de quienes obtienen una mayoría de imponer como una aplanadora su voluntad sobre el resto de la población? ¿Y cuánto incide que un país viva en permanentes incidentes con los países vecinos?

Y qué decir del puntaje en Derechos Humanos cuando recibimos la peor apreciación posible, aún antes de que aparecieran las confesiones sobre hasta dónde llegaba la barbarie de las motosierras y el número y modalidad de fosas comunes, y donde en las mismas fechas en que en los estrados internacionales condenan a Colombia por los crímenes de lesa humanidad -los comerciantes de Barrancabermeja y La Rochela- el gobierno saca leyes de 'Justicia y Paz' y proyectos de excarcelación, ocupándose de la suerte de los victimarios más que de la de las víctimas.

Y qué le aporta a la tranquilidad o seguridad ciudadana un sistema electoral en el que en las elecciones pasadas se anularon el 15% de los votos (además sin efecto alguno, puesto que el fallo se produjo cuatro años después, cuando ya los elegidos con ese fraude habían legislado todo el periodo); o donde se supone que hasta el 30% del parlamento ha sido elegido mediante coerción de grupos armados, y son ellos quienes han sacado adelante todos los proyectos del Gobierno, desde la prolongación del mandato mediante la reelección, hasta el 'perdón de los pecados' sin condición de 'acto de contrición' o 'propósito de enmienda' para quienes acudieron a la barbarie misma buscando ayudar a elegirlos.

En fin, es debatible si los criterios sobre los cuales se califica este ranking son los más idóneos y si no se dan errores de apreciación en uno u otro caso. Pero, como lo señala el artículo de presentación del estudio, es esta la primera vez que se utiliza este índice y lo que es importante es cómo se moverá cada uno de los países en el tiempo. En el caso nuestro parece imposible no subir en la lista pues muy difícil sería caer más bajo, ya que peor que Colombia solo están Irak, Sudán, Israel, Rusia, y Nigeria, siendo incluso más pacíficos y más seguros países como Afganistán, El Líbano, Angola o Zimbabwe. Como dato interesante, que en algo puede servir de explicación, los Estados Unidos, nuestro patrón tanto en el sentido de mandamás como en el de modelo, se encuentra en el puesto 96.

El ranking de paz se encuentra en

http://www.visionofhumanity.com/rankings/

El artículo de The Economist está en:

http://www.economist.com/world/international/displaystory.cfm

story_id=9266967
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