Opinión

  • | 2004/04/30 00:00

    La otra Colombia, los desplazados

    El apoyo del sector empresarial adquiere especial relevancia en la búsqueda de fórmulas creativas que permitan a la población desplazada salir del marginamiento.

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¿Sabía usted que Colombia, hoy llena de optimismo por los resultados parciales que muestran la política de seguridad democrática y el crecimiento económico, es uno de los países donde se presenta una de las situaciones más graves en el mundo en cuanto a desplazamiento interno y crisis humanitaria se refiere? ¿Qué tan sensibles somos los colombianos a tan grave situación?

Entre 2 y 3 millones de compatriotas, dependiendo de la fuente -2 millones para las fuentes oficiales-, han tenido que abandonar forzosamente sus hogares a lo largo de los últimos siete años a raíz del conflicto interno que vive el país. Para varias ONG, como CODHES, estas cifras alcanzan los tres millones de desplazados, un 6,8% de la población colombiana.

Para el ciudadano desprevenido, esta situación se ha convertido en parte de la cotidianidad y del paisaje urbano. Muchos de los niños y niñas, así como adultos de todas las edades y en muchas oportunidades familias enteras, por lo general campesinos, negritudes e indígenas, que se ubican frente a los semáforos y en las esquinas de las vías de los principales centros urbanos para hacer malabarismos o simplemente para vender algún producto o pedir una limosna, son parte de los miles de desplazados que tuvieron que abandonar forzosamente sus hogares en el campo para venir a engrosar los cinturones de miseria en las ciudades en busca de seguridad y nuevas oportunidades.

Muy a diferencia de los que vivimos y nos hemos criado en las ciudades, los millones de desplazados forman parte de la otra Colombia, esa otra Colombia que solo conocemos y percibimos por la prensa y los noticieros de televisión, aquella otra Colombia donde se vienen produciendo los combates entre paramilitares y guerrilleros y entre ellos y la Fuerza Pública. Aquella donde recientemente se produjo el grave error que le costó la vida a una familia campesina que iba en busca de asistencia medica para su pequeño bebé. Aquella otra Colombia mediada por la violencia, el narcotráfico, la ausencia estatal y la insensibilidad de los que vivimos en las ciudades.

Es tan grave la situación de desplazamiento que la Corte Constitucional solicitó al gobierno formular y presentar, durante el primer trimestre, un Plan Nacional de Atención Integral para la población desplazada, el cual ha incorporado el Plan de Acción Humanitaria formulado por Naciones Unidas, organismo que ha enfocado sus baterías a la búsqueda de soluciones que tomen en cuenta desde las primeras fases de la crisis humanitaria hasta la reintegración económica y social de los afectados.

Durante 2003, 12 agencias del Sistema de Naciones Unidas, con un trabajo humanitario integral, invirtieron US$34 millones de los US$80 requeridos, que beneficiaron a medio millón de desplazados en áreas como salud, vivienda, mejoramiento de condiciones socioeconómicas, seguridad alimentaria y nutrición, prevención de accidentes con minas antipersonales, agua potable y saneamiento básico, prevención del VIH, protección y desarrollo de la niñez, reintegración, empleo y rehabilitación psicológica.

Sin embargo, y más allá de los importantes esfuerzos que viene adelantando la comunidad internacional y aquellos que el gobierno nacional empieza a desarrollar, las soluciones para superar la crisis humanitaria, que hoy genera más preocupación afuera que adentro del país, solo se darán en la medida en que todos los colombianos -en especial la clase dirigente- nos hagamos conscientes y entendamos la magnitud de la situación humanitaria que vivimos y sus implicaciones para el futuro desarrollo de la Nación.

En este nuevo contexto, el apoyo y la activa participación del sector empresarial adquieren especial relevancia en la búsqueda de fórmulas creativas que permitan a la población desplazada encontrar oportunidades para integrarse al desarrollo del país y salir del marginamiento. Volver aquella otra Colombia una prioridad de la política nacional y de la responsabilidad social empresarial es un imperativo inaplazable.
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